Hablemos de Bioética
Por castidad matrimonial entendemos la referida al ejercicio de la sexualidad humana en el matrimonio dentro de las condiciones en las cuales ese ejercicio es bueno. Se debe tener en cuenta las dos dimensiones de la sexualidad. La bondad que se realiza en estas dos dimensiones solo puede darse dentro de una unión duradera entre el hombre y la mujer que da únicamente dentro del matrimonio monogámico e indisoluble. En la sexualidad existen exigencias propias.
El matrimonio es una comunidad, una comunión interpersonal en la que la persona del otro es querida en sí y por sí. Cada uno es insustituible desde el momento en que es su propio ser el que es buscado en su irrepetible unicidad. La actividad sexual implica a toda la persona en su totalidad que exige ser respetada y que al mismo tiempo respete al otro al verlo como algo valioso e insustituible, la unicidad que significa que nadie puede tomar el puesto del otro, por ello la donación es total, sin reservas.
Sólo la comunión de amor que liga establemente al hombre y a la mujer aseguran el contexto educativo de la nueva persona que nacerá en medio de ellos. Por el hecho que en la sexualidad humana está inscrita la capacidad de procrear solo su ejercicio conyugal en un matrimonio monogámico e indisoluble está eficazmente justificado. Todo ejercicio de la sexualidad dentro del matrimonio que niegue estos elementos daña al matrimonio, a las personas, entre ellas están la masturbación, el onanismo, la homosexualidad, la contracepción, la esterilización, etcétera.
El amor no justifica cualquier relación sexual entre los esposos. La castidad conyugal brota del amor esponsalicio y se manifiesta en una vida sexual que brota del amor el cual abarca el cuerpo y el espíritu. El amor supone el respeto mutuo y que el acto conyugal por sí esté abierto a la vida. Respetando el acto conyugal según las leyes instintivas de la naturaleza. El don de sí al otro, que es único y porque es único y la acogida dentro de si del don del otro se realizan precisamente en la corporeidad. Es el cuerpo quien dice y realiza esta donación recíproca a imagen de Cristo que ofrece su cuerpo y sangre por su Iglesia. Por ello el amor no justifica cualquier relación sexual.
Antes del matrimonio
Además de todo lo dicho anteriormente respecto al valor del matrimonio podemos mencionar algunos aspectos negativos de las prematrimoniales. Existe el riesgo de que se rompa el noviazgo en cuanto que la pareja se separe o por que se convierten en marido y mujer. Los novios están llamados a la castidad en la continencia, ella es la prueba y concretización del amor mutuo que exige respeto y que lleva al aprendizaje de la fidelidad y de la esperanza de recibirse el uno al otro, deben ayudarse el uno al otro.
En la actualidad esta práctica ha aumentado por la reducción del matrimonio y el amor, la virginidad. Se ve una exaltación de los sentimientos, la pasión, la inmadurez de los jóvenes, el miedo a la responsabilidad, el ambiente erotizado. La Iglesia siempre ha rechazado las prematrimoniales por la razón central de la falta de donación total del uno al otro, además que se elimina la dimensión procreativa.
Fornicación y adulterio
La fornicación es la cópula entre simples solteros. Puede presentarse en diversas formas: fortuita, como en el noviazgo, o de modo más permanente, como en el amasiato y en la prostitución. Cualquiera de tales formas es viciosa, ya que la facultad generadora, por ley natural, solo en el matrimonio puede usarse correctamente.
No hay verdadero amor sin compromiso. No es la prueba de confianza y de íntima amistad una relación sexual del hombre y la mujer fuera del matrimonio. Placer sin compromiso, no es amor, sino desorden y egoísmo.
Presbítero Alejandro Álvarez Gallegos, Doctorando en Bioética
