Salud y Vida

Yeusví Maley Flores Cazola (*)

NO TODO ES COVID, y debo comenzar así de enfática porque es hora de aceptar que ya no existe una nueva normalidad. Es hora de terminar de enfrentar el golpe brusco de realidad y entender que el coronavirus es parte de nosotros, llegó para quedarse y para poner en alerta y a prueba nuestro instinto de supervivencia.

A partir de ya mismo la decisión de cómo vivir responsablemente es nuestra y lo único que debemos pensar es que el valor para darle “play” a nuestra historia es necesario para quitar de una vez por todas esa pausa prolongada que, si bien nos ha mantenido con vida, ha cobrado una factura demasiado cara.

Las consultas cotidianas de padecimientos como faringitis, diarrea y lumbalgia fueron sustituidas por cuadros severos de gastritis, colitis, migraña, taquicardia, insomnio y otros múltiples padecimientos que victimizan hasta a los más pequeños de la casa, y es que todo tiene un precio.

Nos hemos cuidado sí, pero hoy los menores de 2 años crecen reconociendo como seres extraños a sus similares, siempre y cuando tengan la maravillosa experiencia de llegar a ver a alguien de su edad.

Los escolares experimentan terrores nocturnos al regresar a clases, escuchando tanto a los adultos que un miedo generalizado a vivir se apoderó de ellos.

Y ni qué decir de nuestros abuelitos que, si antes podían considerarse un eslabón débil, hoy se siente relegados, aislados y privados de una libertad que muchas veces significa la total esencia de su existencia.

Sí, sobrevivimos y lo seguiremos haciendo, pero no sin salir ilesos.

Otra pandemia

Paralelamente a la pandemia se desarrollaron muchas otras epidemias, una de ellas, e igual de relevante, es la de salud mental que, aparentemente invisible, hoy es más latente que nunca.

Un estudio europeo reveló un incremento de 168% en las consultas de psicología, mientras fuentes tal vez menos científicas hablan de un 200% de crecimiento.

Lo que es cierto es que la salud mental requiere atención, y no solo la de los adultos. Nuestros niños también modificaron su estilo de vida y se enfrentan a una realidad diferente a la que nosotros vivimos.

El viernes 10 de octubre se celebra el Día Mundial de la Salud Mental, y aprovecho para recordar que, así como acudimos con nuestro médico de confianza, debemos acudir a los profesionales en psicología, o psiquiatría si fuera necesario.

Nuestra mente es igual de importante que nuestro cuerpo y a veces simplemente delegamos su cuidado o, lo que es peor, aturdimos sus señales de auxilio recargando sus actividades.

El cuidado integral de nuestro bienestar es indispensable para contar con las herramientas necesarias que nos permitan afrontar al mundo de una manera ecuánime, responsable y romántica; y sí, digo romántica porque hoy volver a enamorarnos de la vida es un trabajo que debemos realizar en sociedad y de la mano uno del otro.

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