El fundador de Moderna dice que son muy baratas
OVIEDO (EFE).— El biólogo canadiense Derrick Rossi, fundador de la empresa Moderna, no ve un problema en el precio de las vacunas anti-Covid-19 porque es uno de los productos más baratos del mundo farmacéutico.
Con unos precios que rondan los 30 y 40 dólares (entre 600 y 800 pesos), Rossi no cree que puedan bajar mucho más para frenar un virus con el que, en su opinión, la humanidad se verá obligada a convivir durante décadas y se volverá endémico.
Lo que impide que muchas personas no tengan acceso a los biológicos no es su precio, sino el “cuello de botella que supone la producción y distribución” de miles de millones de dosis por todo el mundo, añadió tras recordar que una medicina genética puede costar entre 50,000 y 100,000 dólares y que, aunque haya países que no disponen de dinero para comprarlas, es necesario que los que sí pueden permitírselo compren de más para donárselas a los más pobres.
Este biólogo e investigador, que trabajó en la Universidad de Harvard y en su Instituto de Células Madre, fundó en 2010 Moderna, empresa desde la que explota sus descubrimientos sobre la capacidad de transformar y reprogramar células madre gracias a tecnologías basadas en el ARN mensajero y que se convirtió en una de las primeras del mundo en desarrollar una vacuna para frenar el Covid-19.
Tan solo precisó de 42 días para obtener el biológico iniciar los ensayos clínicos, un hito “sin precedentes en la Historia” que, según aseguró ayer en un encuentro virtual con medios de comunicación, permitió poner en el mercado en unos meses un producto que se demostró “enormemente eficaz”.
Rossi viajó a Oviedo para recibir mañana el Premio Princesa de Asturias 2021 en la categoría de Investigación Científica y Técnica, galardón que comparte con el inmunólogo Drew Weissman, la bióloga Katalin Karikó, el bioquímico Philip Felgner, los doctores Ugur Sahin y Özlem Türeci, y la vacunóloga Sarah Gilbert, por su contribución al desarrollo en tiempo récord de los diferentes biológicos que permiten hacer frente a la pandemia del Covid-19.
Los siete científicos hicieron aportaciones para el descubrimiento de tres vacunas con distintas estrategias pero que tienen como blanco común la proteína “S”, presente en la superficie del virus que facilita su unión y entrada a las células.
Entre ellas, la de Pfizer, la primera vacuna que se puso el fundador de Moderna porque era la que tocaba esa semana en el hospital de Boston en el que trabajaba y lo hizo “sin ninguna duda” porque sabía que era una vacuna probada y segura.
Canadiense residente en Estados Unidos, Rossi reconoce que ahí “hay mucha mala información sobre la vacunación”, pero también alerta de la mucha información errónea y peligrosa que corre por internet y que le llevó a considerar que lo más sorprendente que le hizo ver esta pandemia es que los humanos, “como especie, somos muy inteligentes, pero también bastante estúpidos” porque, a pesar de contar con vacunas que son capaces de sacarnos de una crisis mundial, mucha gente sigue envenenada con información errónea y no quiere inocularse.
Más sorprendente que la manera en la que esta crisis unió a la humanidad y a la comunidad científica es que, en cierta medida, parte de la clase política “ha conseguido que la ciencia parezca su enemiga y ha lanzado información errónea, anticientífica y antivacunas, cuando son algo extraordinario, y hay gente que se lo llegó a creer”.
Aunque reconoce que tiene una opinión ambivalente sobre la obligatoriedad de vacunarse en algunos países y empresas —“hay que pensar en la salud de los que nos rodean, pero me cuesta pensar que se les pueda obligar”—, el fundador de Moderna señaló que lo ideal sería que más del 90 de la población quisiera vacunarse lo antes posible y contribuyese así a evitar que el patógeno siga mutando.
Va para largo
Rossi coincide con la mayoría de los epidemiólogos en que es posible que el Covid-19 se convierta en algo endémico y nos veamos obligados a convivir con él durante años, dada la facilidad y rapidez con que se transmite un patógeno que, además, con cada infección nueva que provoca abre la oportunidad de que surja una nueva mutación y variante.
“Vimos la variante alfa, beta, gamma… y me temo que seguiremos con todo el alfabeto griego”, añadió Rossi, que mantiene que la efectividad de su vacuna sigue siendo muy alta al cabo de seis meses, pero también que es lógico que con el tiempo vaya decayendo.
Lo que no está tan claro es cuándo deberá darse esa dosis de refuerzo porque aún no hay “evidencias científicas clarísimas” y porque dependerá también de las distintas edades, reacciones y respuestas inmumes.
Aunque sostiene que desde el punto de vista científico “no se sabe, y puede que no se llegue a saber nunca” si el virus salió de un laboratorio de Wuhan o es producto de la zoonosis, Rossi prefirió callar su opinión sobre lo sucedido —“no es éste el momento ni el lugar”— y tan solo señaló que se le interpretó mal cuando se publicó que creía que el virus era producto de un accidente en el laboratorio chino.
