Salud y Vida
Yeusví Maley Flores Cazola (*)
Ser mexicano significa llevar la pasión en cada poro de la piel, expresar las emociones al máximo y convertir cualquier día en una ocasión para celebrar. Somos expertos en armar la fiesta, en un nivel tan superlativo que son precisamente esas festividades las que constituyen nuestras tradiciones y nos distinguen del resto del mundo.
En días pasados fuimos testigos de una nueva tendencia que poco a poco se cuela entre nuestras raíces; la fiesta de Halloween que, si bien vamos adoptando con más ahínco cada año, no deja de perder su toque mexicano al ver a las catrinas armando altares para venerar a sus muertos o la foto de la fiesta de disfraces frente a la ofrenda para los seres queridos que se nos han adelantado.
Adoptar no significa perder, por el contrario, nos brinda la oportunidad de darle ese toque mexicano a todo lo que hacemos.
Sin importar que sea con disfraces o con flores en los panteones, lo que queda claro es que celebramos a la muerte, y no como parte de un culto satánico, sino como la unidad que la muerte establece con la vida.
Veneramos a nuestros muertos por su legado, aquello que dejaron en vida y que ni su ausencia física es capaz de borrar; veneramos su ejemplo y su memoria.
Si veneramos con tal tenacidad a la muerte, ¿por qué no venerar a la vida?
¿Por qué no permitir que alguien más utilice aquello que nos fue prestado al nacer y cuya constitución nos permite manifestar en esta vida nuestra esencia? ¿Por qué no honrar a la muerte con vida a través de la donación?
Presumir de una cultura de la muerte no es lo mismo que presumir de honrar a la muerte. ¿Cuántas veces hemos manifestado abiertamente ante nuestros seres queridos lo que nos gustaría que hicieran si llegamos a morir? ¿Saben a caso qué ofrendas deberán llevar a nuestro altar?
Disfrazarse de la muerte es fácil y divertido; entenderla y abrazarla como parte inherente de la vida es un proceso personal que requiere trabajo, respeto y mucho amor por la vida.
La ventaja es que llevamos la mitad del camino recorrido, si vivimos intensamente estas fiestas, solo nos queda reflexionar y hacer ese trabajo interno para comenzar a honrar a la vida, trabajo no poco oneroso, que requiere tenacidad y constancia.
Honremos a la vida a través de estilos de vida saludables que nos permitan calidad en nuestro día a día, honremos a la vida haciendo pausas conscientes para disfrutar lo cotidiano y hermoso del mundo, honremos a la vida al sonreír en la misma frecuencia de amor que los nuestros, llenemos nuestros sentidos de vida, porque solo honrándola en cada momento seremos capaces de disfrutarla a plenitud, y cuando el momento llegue, sabremos honrarla al extenderla a nuestros semejantes a través del regalo de la donación.
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