Uno, dos, tres… por la adultez

Antonio Alonzo Ruiz (*)

Somos corporales y espirituales en un mismo tiempo y espacio.

Platicando con los abuelos, alguno de ellos me preguntó que si el gusto por la espiritualidad y la vida interior se heredan o se aprenden.

En cuanto al gusto por la espiritualidad —y las prácticas espirituales— le comenté “creo estar seguro que se aprende”.

Es parte del ser

En cuanto a la espiritualidad en sí misma, sería absurdo pensar que la heredaste, como absurdo sería decir que heredaste un estómago, pues éste es parte constituyente de tu organismo; por tanto, es más adecuado decir que “desde el seno materno eres espiritual” y que —desde pequeño— es necesario aprender a cultivar la espiritualidad.

En realidad, ser espiritual antes de ser una decisión personal u opción religiosa, es una característica propia de tu naturaleza humana.

La antropología filosófica define con claridad que la persona humana es “espíritu encarnado o cuerpo espiritualizado”.

Por tu cuerpo interactúas con un mundo exterior y material; por tu espíritu tienes acceso a un mundo y una vida interior e inmaterial.

Por lo tanto, tu cuerpo es la puerta a un mundo y a una vida exterior y tu espíritu te conecta a un mundo y a una vida interior.

Ambos mundos —igualmente reales— son importantes para tu desarrollo humano integral, pues interactúan y se conjugan en tu misma persona. Eso es maravilloso.

En ambos mundos —en el mismo tiempo y espacio— vas desarrollando y escribiendo la historia completa de tu existencia.

Psicólogo clínico, UVHM. Manejo de Emociones y Envejecimiento Saludable. WhatsApp: 9993-46-62-06. @delosabuelos Antonio Alonzo

 

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