Los hermanos Hernán

La sonrisa se les dibuja espontáneamente en el rostro solo con leer el título de la novela escrita hace más de 70 años que por fin salió a la luz: “Memorias de un cínico”, de Enrique Aznar Mendoza, un autor fallecido.

Con el apoyo de sus nietos Enrique, Hernán y Ana María Duarte Aznar, que fungieron como mecenas, la novela de 222 páginas de Aznar Mendoza se publicó recientemente.

El autor de la novela, quien nació en 1888 y falleció en 1975, conocido en Mérida como abogado defensor de oficio, escribió y guardó esta historia por varios años.

En una entrevista con Enrique, Hernán, Ana María y el escritor e investigador Jorge Cortés Ancona se dieron a conocer los detalles de esta novela que se presentó el 22 de octubre pasado en el Centro Cultural ProHispen.

Hernán Duarte comentó que su abuelo escribió sobre lo que vivió, lo que no vivió pero recordaba de la historia y los antepasados y cosas de la familia de una forma sencilla, humorística, simpática y muy sabia.

Ana María Duarte recordó que su abuelo escribió bastantes artículos que se publicaron en periódicos, poesías y cuentos cortos. Incluso mencionó que aún hay material de Aznar Mendoza para dos o tres libros más.

Comentó que su propósito desde hace muchos años era que se divulgara la obra de su abuelo, hasta que “sus hermanos fueron los mecenas” para la publicación de la novela, que recalcó “no es un libro autobiográfico, sino una novela”.

Ana María cuenta que el autor de “Memorias de un cínico” ganó un premio de juegos florares —certamen que premia composiciones poéticas—, en cuya ceremonia estuvo el general Salvador Alvarado.

En su labor como abogado, Aznar Mendoza sacó de la cárcel al artista jalisciense Manolo Muñoz —intérprete clásico de la época del rock and roll mexicano— y defendió a Felipe Carrillo Puerto, quien fue gobernador de Yucatán, y a sus hermanos, a pesar de tener una ideología contraria a la de ellos.

Por su parte, Cortés Ancona expuso que “Memorias de un cínico” es una novela bien construida, con mucho dinamismo.

“Aquí se habla de protagonistas masculinos, en principio Is (diminutivo de Isidoro), que viene siendo un hombre que vive de sus rentas y que no asume responsabilidades, por ejemplo, con las mujeres, y él es el que cuenta la historia de sus ancestros”, explicó.

“Asimismo, habla de Canuto Chico, un hombre muy noble, pero que emprendía negocios o acciones que nunca funcionaban. Siempre terminaba como un ave de mal agüero, sin embargo las mujeres tenían mucha estimación por él, o sea que siempre fue consentido por mujeres que aspiraban a ser sus novias, o por las hermanas”, añadió.

El escritor e investigador compartió que “al final de la novela, aparece otro personaje que es Romualdo, un tío que se dedica a hacer inventos, a ser una persona dedicada a lo científico, pero que vive aislada del mundo, totalmente ajeno a lo que ocurre, indiferente a todo ello, pero que es un hombre muy inteligente”.

“Entonces, los varones son personajes atípicos y las mujeres tienen un papel de protectoras, son las que tienen más sentido común”, explicó el también historiador.

“La novela tiene mucho sentido crítico amable, en cuestiones de sentido político, religioso, social, hablando de este tipo de gente adinerada, pero que nunca hace nada productivo, simplemente se dedica a vivir de las rentas, nada más. Era algo que aparece mucho en la literatura de Yucatán desde el siglo XIX”, expresó.

La novela estuvo guardada desde 1945, época en la que Aznar Mendoza era rector de la Universidad de Yucatán: “Mi abuelo concluyó su servicio en la rectoría en 1946, año en el que falleció su hija de 27 años y seis meses después su esposa. Mis conjeturas femeninas concluyen que ya no tuvo ánimo de publicar la novela”, añadió, entre otros conceptos, Ana María Duarte.

La novela se presentará nuevamente el 17 de noviembre en la biblioteca Manuel Cepeda Pereza, a las 7 p.m., en el marco del Día Nacional del Libro.

El libro está a la venta a un precio accesible en las librerías Manuel Cepeda Peraza de la Secretaría de la Cultura y las Artes y en el Centro Cultural ProHispen.— CLAUDIA SIERRA MEDINA

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