Foto: Megamedia

Gracias a las innovaciones que ha incorporado a lo largo del tiempo, la prenda masculina ha encontrado lugar en el guardarropa de los jóvenes

Durante años la guayabera fue en el imaginario de Yucatán el “uniforme” de los políticos y los adultos mayores. No más. Ahora figura también en el guardarropa de los jóvenes, en buena medida gracias a la modernización de la prenda por medio de cambios —de tamaño, de lugar— en sus elementos tradicionales y la incorporación de ornamentos como bordados.

Como muestra de la vitalidad de la prenda, esta semana se realizó en el “remate” de Paseo de Montejo la exposición “Capital de la guayabera, Yucatán”, que en el marco del Tianguis Turístico Mérida 2021 reunió el trabajo de productores de Mérida, Tekit y Kimbilá.

María del Rosario Canul Caamal está convencida de que la guayabera tendrá larga vida. La directora de Camisería Canul, que su padre Tomás Canul Uc fundó hace 68 años, compara esa prenda con el traje sastre, que “jamás pasa de moda”.

La guayabera, puntualiza, es “como un traje: al presentarte (con ella) a algún evento especial estás bien vestido”.

Observa “una aceptación muy importante” de la prenda entre varones de diferentes edades, incluso de 30 y 40 años, que la lucen en eventos sociales como bodas en la playa. Además, entre los mayores ya no hay interés exclusivamente en el estilo tradicional, sino que se inclinan también “por los nuevos modelos; han llegado muy bonitas ideas respecto a la guayabera y han tenido mucha aceptación”.

De colores claros

María del Rosario recuerda que en los primeros años del negocio familiar la guayabera estaba pensada para que la vistieran adultos mayores, de ahí que se confeccionara en colores muy claros; “básicamente cinco: blanco, beige, gris, azul y crema, no había más”.

Pero cuando la producción comenzó a llegar a otros estados los diseños empezaron a variar. “Solicitaban colores fuertes: naranjas, rojos, amarillos; según el estado era su demanda de color. Todo eso fue acarreando muchos cambios y nosotros fuimos dando el servicio”.

Más recientemente, añade, aparecieron otras innovaciones, como modificaciones en bolsillos y alforzas y ornamentación con bordados. “Conforme fue más aceptado este tipo de prenda se abrió más el mercado”, apunta.

Para María del Rosario, los cambios no significan que se desvirtúe la guayabera porque “lo tradicional no pasa de moda, hasta hoy vendemos guayaberas tradicionales, de colores tradicionales, además de las que tienen todo lo que nosotros y otras personas han aportado”.

“Ya hay una diversidad de modelos, pero el tradicional se sigue buscando para los eventos especiales”, subraya.

Los gustos de los jóvenes

Entre los jóvenes, añade, la tendencia es usar guayaberas más ajustadas al cuerpo y con mangas menos holgadas que en los modelos tradicionales. “Pero para eventos especiales piden la clásica o los modelos de etiqueta y presidencial”.

El estilo clásico, precisa, consta de cuatro bolsillos, botones a los costados, manga larga y cuello de camisa, mientras que el presidencial de Camisería Canul es igualmente de manga larga y cuello de camisa más alforzado enfrente y detrás.

En el catálogo de la empresa figuran asimismo los vestidos guayabera, que María del Rosario Canul recuerda que adquirían artistas, en especial los confeccionados en lino. “Al igual que las guayaberas, antes eran de colores claros y ahora tienen otros diseños: son más cortos adelante, más largos detrás, tienen bordados…”.

“Nuestro vestido guayabera tiende a lo tradicional, también tenemos modelos nuevos, pero no tienen tanta demanda. Quien viene buscando un vestido guayabera lo quiere como un vestido camisero fino de lino”.

Prenda “política”

Y en cuanto a la fama de la guayabera como prenda de políticos, admite que los servidores públicos la siguen usando, aunque más para acontecimientos formales que el trabajo diario. “Ya se ven modelos diferentes, pero dentro de lo moderno se van por lo sobrio”.

Camisería Canul trasladó su sede del centro de la ciudad a Francisco de Montejo, en la avenida 51 con calle 46, altos, donde está sentando las bases del futuro de la empresa, que el señor Tomás Canul Uc puso en marcha en la década de 1950 después de trasladarse de Tizimín a Mérida “buscando una mejor calidad de vida”, cuenta su hija.

El de sastre “era el trabajo más adecuado para él porque su deseo de superarse era muy fuerte y sus aspiraciones, altas; podía trabajar día y noche sin parar”.

“Aprendió de gente calificada, viajó mucho y llevó la guayabera a muchos estados, que hasta hoy son clientes”.

Con el tiempo al negocio se incorporaron sus hijos y, ahora, los hijos de éstos, con los cuales la producción continúa adelante. Es por eso que María del Rosario subraya que, a pesar de los cambios experimentados, la guayabera, en lugar de quedarse en el pasado, “se diversifica”.— Valentina Boeta Madera

“Lo tradicional no pasa de moda, hasta hoy vendemos guayaberas de colores tradicionales, además de las que tienen lo que nosotros y otras personas han aportado”

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