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Uno, dos, tres… por la adultez

Platicando con los abuelos, me preguntaron cuál sería el mayor desafío del envejecimiento. Envejecer, les comenté, trae consigo muchos y diferentes desafíos a los que hemos enfrentado en otras etapas de la vida.

Los resumo en tres:

El debilitamiento físico y la enfermedad me parece el primer desafío ya que, al envejecer, progresivamente nos vamos sintiendo más débiles y somos más susceptibles a la enfermedad y a la dura e inexplicable experiencia del dolor humano.

Segundo y gran desafío es cuando empiezan a morir los contemporáneos, por ejemplo, los hermanos o tu compañero o compañera de toda la vida. Cierto es que desde pequeños vamos aprendiendo que las personas mueren, pero cuando envejecemos, ver morir a las personas se experimenta de manera muy diferente que cuando éramos jóvenes. Se convierte en una experiencia realmente desafiante al ser, muchas veces, interpretada como inesperada y no deseada, injusta o inexplicable.

La propia muerte, avisados abuelos, es el tercer y temido desafío de la vejez.

Dice Freud que las personas tenemos una doble postura sobre la muerte.

La pulsión de muerte que enfrentamos a lo largo de la vida a través de las pequeñas o grandes pérdidas y la muerte como acontecimiento real.

En la vejez, la muerte va pasando de ser una pulsión de pequeñas o grandes pérdidas, para empezar a considerarla como un encuentro real, personal e ineludible con nuestra propia muerte. Seguiremos platicando del tema.

Psicólogo clínico, UVHM. Manejo de Emociones y Envejecimiento Saludable. WhatsApp: 9993-46-62-06. @delosabuelos

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