MADRID (EFE).— Metió el sol en la Tate, instaló una cascada en los Jardines de Versalles y diseminó trozos de iceberg al centro de Londres. Ahora, Olafur Eliasson ofrece en Madrid una serie de instrumentos de navegación para los difíciles tiempos que nos ha tocado vivir: “Estamos asistiendo al fin de la modernidad”, asegura.
“Navegación Situada”, que se puede ver hasta el 3 de abril en la Galería Elvira González de Madrid, es en apariencia sencilla, pero es una compleja propuesta del famoso artista islandés-danés para que el espectador profundice en los sentidos de presencia y de pertenencia, su conexión con el mundo y las personas que le rodean.
Eliasson construyó cuatro peculiares brújulas para la muestra de Madrid, se trata de flechas, que, suspendidas en el aire y acompañadas por un imán, apuntan al norte. Él tiene la suya en su despacho en Dinamarca, así, explica, sabe en qué dirección está su familia en Islandia, dónde están los estudiantes de México a los que a veces da clase o sus amigos en España.
La naturaleza siempre fue fuente de inspiración de Eliasson. Un tronco rescatado de la Corriente del Golfo, que tarda aproximadamente 15 años en viajar desde el norte de Rusia a Florida, le sirve de soporte para una serie de cristales coloreados con residuos de lava, como si de las velas de un barco se tratara.
La pieza “Lava residue” juega con la luz y el color, sello personal de Eliasson. De igual modo, en “The missing left brain”, la pieza más impactante de la muestra, juguetea con las lentes y un cañón de luz para invitar a reflexionar sobre la hiperpresencia de la lente en la sociedad actual.
“Todos llevamos una en el bolsillo, en nuestro teléfono”, comenta. Hace dos siglos, cuando se inventaron por primera vez, solo las usaba la ciencia, hoy en día, todo el conocimiento pasa a través de ellas. “Ahora todos somos el narrador”, añade.
Las experiencias y acceso al conocimiento está mediatizado, ya no es de primera mano, reflexiona el artista, que se muestra crítico con la industria de la realidad virtual: “Te pones un casco y ves una película sobre delfines en un ‘resort’ en Bali, es toda una industria tratando de hacer negocio con algo que es evidentemente falso”.
El artista habla con orgullo de las siete acuarelas de gran formato que ocupan la sala más grande de “Navegación Situada”. “No soy muy técnico, no estoy en el cómo, sino en el porqué”, explica.
Las estampas invitan a la contemplación. El artista trasladó sus juegos de luces a la acuarela, con suaves tonos de verde, azul y amarillo, y espacios sin pintar que destacan por encima de las coloreadas.
Esa “ausencia de narrativa” también dice cosas, y en ocasiones más alto y claro que el papel intervenido, del mismo modo que no moverse, es un tipo de movimiento, detalla.
“Tendemos a pensar que cuando viajamos, somos nosotros los que nos movemos y todo lo demás está estático, cuando no es así”, asegura.
