MADRID (EFE).— En ocasiones, el efecto placebo pueden ser perjudicial; es lo que se conoce como efecto nocebo. Según un gran análisis de datos de voluntarios de 12 ensayos clínicos, más de dos tercios de los síntomas adversos de las vacunas del Covid-19 fueron nocebo.
El efecto placebo es la mejoría de la salud física o mental de una persona después de un tratamiento sin beneficio terapéutico farmacológico, con una píldora de azúcar o una jeringa llena de suero. Su versión contraria, el nocebo, se produce cuando un individuo experimenta efectos secundarios desagradables después de este “tratamiento de mentira”.
Los fundamentos biológicos, psicológicos y genéticos de ambos fenómenos no se conocen bien, aunque hay teorías que apuntan a las expectativas como causa principal; otras sostienen que factores no conscientes de la relación médico-paciente reducen automáticamente el volumen de síntomas.
Para constatar su papel en la vacunación contra el Covid-19, el equipo del centro BIDMC, asociado a la Escuela de Medicina de Harvard, realizó un metaanálisis de 12 ensayos clínicos. El objetivo fue comparar las tasas de acontecimientos adversos notificados por los participantes que recibieron las vacunas con las tasas de aquéllos que obtuvieron una inyección de placebo (sin ningún biológico).
Los resultados se publican en “JAMA Network Open”.
Los 12 ensayos incluyeron informes de efectos adversos de 22,578 receptores de placebo y 22,802 receptores de la vacuna. Aunque los científicos descubrieron que un número significativamente mayor de participantes que recibieron la vacuna informó de efectos adversos, casi un tercio de los participantes que obtuvieron el placebo reportó al menos uno, siendo el dolor de cabeza y el cansancio los más comunes.
Julia W. Haas y sus colegas del BIDMC constataron que, tras la primera dosis, más del 35% de los receptores de placebo experimentaron efectos adversos sistémicos (síntomas que afectan a todo el cuerpo, como calentura). Se registraron casos de dolor de cabeza en el 19.6% de los voluntarios y de cansancio en el 16.7%.
El 16% de los receptores de placebo declaró al menos un efecto local, como dolor en el lugar de la inyección, enrojecimiento o hinchazón.
Haas recuerda que los acontecimientos adversos tras el tratamiento con placebo son comunes en los ensayos controlados aleatorios. “La recopilación de pruebas sistemáticas con respecto a las respuestas nocebo en los ensayos de vacunas es importante para la vacunación contra el Covid-19 en todo el mundo, especialmente porque se informa que la preocupación por los efectos secundarios es una razón para dudar de la vacuna”.
En comparación con el grupo placebo, tras la primera inyección el 46% de los receptores de la vacuna experimentó al menos un acontecimiento adverso sistémico y dos tercios declararon al menos uno local.
Aunque este grupo recibió un tratamiento farmacológicamente activo, algunos de sus eventos adversos son atribuibles al efecto placebo —o en este caso, nocebo—, ya que muchos se produjeron también en el grupo placebo.
El análisis señala que el nocebo representó el 76% de todos los acontecimientos adversos en el grupo de la vacuna y casi una cuarta parte de todos los efectos locales notificados.
Después de la segunda dosis, los efectos adversos en el grupo de placebo descendieron al 32% en los casos sistémicos y al 12% en los efectos locales.
En cambio, los participantes que recibieron la vacuna informaron de más efectos secundarios, con un 61% de eventos adversos sistémicos y 73% de adversos locales.
Los investigadores calculan que el nocebo representó casi el 52% de los efectos secundarios notificados después de la segunda dosis.
Las pruebas sugieren que este tipo de información puede hacer que las personas atribuyan erróneamente sensaciones cotidianas comunes como derivadas de la vacuna, o causar tal ansiedad y preocupación que las haga hiperalertas a las sensaciones de efectos adversos.
