El precio de los boletos de la experiencia de gravedad cero de la firma Zero-G, que hablamos en la nota de portada, se ubican en una órbita bastante inferior a los de compañías como Virgin Galactic, del británico Richard Branson, y Blue Origin, del fundador de Amazon, el estadounidense, Jeff Bezos, dos multimillonarios que se dieron el gusto de hacer turismo espacial en 2021.

De acuerdo con algunos medios especializados, Virgin Galactic, que con su nave Unity ha llegado hasta unos 80 kilómetros de altura, es decir a las “fronteras” del espacio exterior, cobra a cada pasajero unos 450,000 dólares (unos 9.2 millones de pesos) por viaje, muy por arriba de los 8,200 dólares (169,031 pesos) de Zero-G.

En julio pasado, un comprador anónimo desembolsó 28 millones de dólares (unos 577 millones de pesos) por estar en el vuelo inaugural del New Shepard junto a Bezos, llegó a unos 100 kilómetros de altura, donde algunos científicos consideran está la división entre la atmósfera terrestre y el espacio exterior.

Por su parte, el multimillonario Jared Isaacman, el comandante de la misión Inspiration4, sufragó en 2021 todos los gastos de la que hasta ahora es la primera misión espacial completamente civil de la historia, cuyo monto no ha trascendido pero se presume que es de decenas de millones de dólares.

Los amantes del espacio con presupuestos más cortos contarán a partir de 2024 con la “cápsula estratosférica” de la estadounidense World View, con sede en Arizona, que ofrece vuelos hasta los 30,000 metros de altura por unos 50,000 dólares, según la web de la compañía.

De esta manera ya no será necesario ser un astronauta para ir al espacio, como recalcó la ejecutiva de Zero-G, compañía que realizó un viaje de entrenamiento con los cuatro tripulantes de la Inspiration4 y otros con algunos de los que han viajado con Blue Origin.

“Es emocionante que Zero-G sea parte de todo esto”, subrayó Pearson.

Con operaciones iniciadas en 2004, que abarcan también vuelos de investigaciones que posteriormente se realizarán en la Estación Espacial Internacional (EEI), así como producciones para cine y televisión, Zero-G no descarta volar más allá de la atmósfera terrestre, pero por ahora la mira está en aumentar su flota con por lo menos tres aviones.

La compañía indica que la demanda de vuelos de turismo espacial se disparó a partir de la carrera entre Branson y Bezos por ver quien volaba primero (Virgin) y más alto (Blue Origin).

Una “carrera de millonarios”, como algunos medios la calificaron, que tiene su antecedente en otro millonario, el empresario estadounidense Dennis Tito, que en 2001 pagó unos 20 millones de dólares (412 millones de pesos) para abordar una nave rusa Soyuz y pasar siete días orbitando la Tierra dentro de la EEI.

A Tito le siguieron el también millonario sudafricano Mark Shuttleworth, en 2002, y el empresario estadounidense Gregory Olsen, en 2005, mientras que la estadounidense de origen iraní Anousheh Ansari se convirtió en septiembre de 2006 en la cuarta turista espacial, o “participante de un vuelo espacial”, y al mismo en la primera mujer que pagó por un vuelo orbital.

Además de estos viajes particulares a la EEI, han ganado popularidad los viajes suborbitales como los emprendidos por las compañías de Bezos y Branson.

En ese panorama, Pearson señala que Zero-G se perfila como un primer peldaño para aquellos que busquen arañar el lindero de la atmósfera terrestre o, claro, convertirse en astronautas algún día.

Noticias de Mérida, Yucatán, México y el Mundo, además de análisis y artículos editoriales, publicados en la edición impresa de Diario de Yucatán