La construcción en el sur de Mérida de una nueva sede para el Hospital O’Horán, tal como lo anunció el gobierno del Estado el viernes 11 pasado, pondrá fin a una época en la historia de esas instalaciones médicas, que se mantienen activas desde 1906, cuando las inauguró Porfirio Díaz.

No será la primera mudanza que experimente el Hospital General, que antes de ocupar su actual local —del que todavía no se informa el destino que tendrá— funcionó en un predio de la calle 61 con 58 y en el antiguo convento franciscano de Mejorada.

Cierre del Hospital de  Henequeneros “20 de Noviembre”

A diferencia del “Agustín O’Horán”, nombre que se adoptó luego de la muerte en 1884 del destacado médico así llamado, otros sanatorios en Mérida no superaron el paso del tiempo. Este mes, por ejemplo, se cumple el medio siglo del cierre del Hospital de Henequeneros “20 de Noviembre”, como resultado de la incorporación en 1972 de los ejidatarios al Seguro Social y la entrega de sus instalaciones al IMSS.

El nosocomio se había inaugurado el 31 de enero de 1946 para atender a los productores de la fibra, de ahí que su operación en un principio dependiera del Servicio de Asistencia Social de Henequeneros de Yucatán. La entrada en funcionamiento tuvo lugar el 20 de noviembre del mismo año.

De acuerdo con la crónica publicada en su momento por el Diario, el hospital contaba, entre otros espacios, con sala de consulta externa, 9 consultorios de medicina general, uno especializado en urología, oftalmología y ginecología; una sala de curaciones e inyecciones para hombres y otra para mujeres; departamentos dental, de fisioterapia, de radioterapia, de infancia, de maternidad y de ginecología, entre otros; 14 pabellones con cupo para 250 personas, laboratorios y dos farmacias.

De la obra arquitectónica, diseñada por Carlos Castillo Montes de Oca, se colocó la primera piedra el 2 de febrero de 1943 frente “a la glorieta que está en el ángulo que forman la terminación de la avenida Colón y Los Itzaes, en la colonia García Ginerés”, indicaba el Diario.

Tres años después, en la ceremonia del 20 de noviembre, el director doctor Alonso Patrón Gamboa pronunció un discurso en el que dijo que “la energía muscular concentrada en los henequenales de Yucatán y ahora convertida en codiciado oro por el sortilegio de malditas guerras se reintegrará en forma de Servicio Médico Social eficiente, que esta institución impartirá con la honestidad que nos exige el cumplimiento recto de nuestro deber, a esa clase trabajadora de los campos que confía en nuestras manos la dirección de sus intereses y el cuidado de su salud”.

Casi tres décadas de servicio

El “20 de Noviembre” funcionó 26 años, hasta el 1 de marzo de 1972, cuando, como parte del programa de afiliación de trabajadores al IMSS en el sexenio de Luis Echeverría Álvarez, la atención de los ejidatarios y su sanatorio quedó en manos del Seguro Social.

Ese mismo año, el 13 de noviembre, tuvo lugar la inauguración del sucesor del Hospital de Henequeneros, el “Benito Juárez”, en la misma ubicación que el anterior. En presencia de Echeverría Álvarez y un millar de campesinos —según la crónica del Diario—, el gobernador Carlos Loret de Mola Mediz evocó las épocas en que “venían ustedes con sus familias a hacer largas esperas, a luchar por horas y horas viajando, y para llegar aquí luego y esperar mucho para recibir una pequeña pastilla o una atención de un pobre médico, acosado por el trabajo”.

Por el contrario, el “Juárez” estaba “a la altura, compañeros, de cualquiera de los mejores hospitales del mundo”, continuó el funcionario. “A este hospital no le falta nada de lo que tienen los hospitales en que se atienden los millonarios americanos… y esto es para ustedes, campesinos yucatecos”.

“Rendón Peniche”

La ampliación de la cobertura del Seguro Social estuvo también detrás de la desaparición del Sanatorio “José Rendón Peniche”, que desde 1919 y hasta 1975 atendió a trabajadores ferrocarrileros en su edificio —diseño de Manuel Amábilis Domínguez— de la calle 43 entre 44 y 46, colonia Industrial.

El cierre no estuvo exento de inconformidad, como dio cuenta el Diario el 30 de julio de 1975 al informar de la protesta de integrantes de la Sección 37 del Sindicato de Trabajadores Ferrocarrileros de la República Mexicana contra la firma, por el comité ejecutivo nacional del gremio, del convenio que los afiliaba al Seguro Social sin consultar antes a los empleados de Ferrocarriles Unidos del Sureste.

A esta casa editorial los manifestantes le aseguraron que “solo aceptarían el convenio con el Seguro si no afecta sus conquistas sindicales”. De lo contrario, “pedirán amparo a la Justicia Federal”.

A pesar de la advertencia, los ferrocarrileros vieron cómo al mes siguiente el contrato colectivo en vigor era “violado al desaparecer de hecho (el 24 de agosto de 1975) el Servicio Médico que se prestaba a los trabajadores y a sus familiares” en el “Rendón Peniche”, pues “los compañeros que estaban recluidos en dicho nosocomio fueron trasladados al Hospital ‘Juárez’ del IMSS”.

El edificio de estilo neomaya permaneció en manos de Ferrocarriles Nacionales de México hasta el 6 de diciembre de 1997, cuando, según publicación de este periódico, se transfirió al gobierno del Estado.

En 2004, después de someterse a obras de remozamiento, el antiguo sanatorio fue entregado a la UNAM para que sirviera de sede a su Centro Peninsular en Humanidades y Ciencias Sociales (Cephcis), que el 11 de junio de ese año inauguró su primera etapa.

El “Rendón Peniche” se llamaba así en honor del yucateco que en el siglo XIX participó en la “guerra de castas” y en la lucha contra los imperialistas, y fue responsable de Hacienda estatal, diputado nacional y promotor de la construcción de la vía férrea Mérida-Progreso.

Asilo “Ayala”

Cuando se despida de su local de la avenida Itzaes, el Hospital O’Horán también lo hará de dos edificios vecinos que, como él, tienen una historia de 116 años: los que albergaron a la Penitenciaría Juárez y al Hospital de Enfermos Mentales “Leandro León Ayala”.

Este último se construyó con los recursos que el señor León Ayala dejó al morir en 1901 para fundar un asilo con su nombre, apunta el arquitecto Antonio Rodríguez Alcalá en el capítulo dedicado al hospital en el “Registro del sistema arquitectónico de pabellones en hospitales de América Latina” (volumen 1), editado en 2014 por la UNAM.

De acuerdo con el profesional, el asilo constaba de 20 edificios proyectados por el ingeniero Salvador Echegaray y construidos por Jesús Padilla. Llegó a tener 290 camas y podía atender hasta 640 personas al año. Su primer director fue el doctor Luis Urcelay Martínez.

La desaparición del “León Ayala” se consumó el 29 de enero de 1978, fecha en que se inauguró en la colonia Bojórquez el Hospital Psiquiátrico. En ese acto, el doctor Iván Sabido Mendiburu, director de la nueva institución, evocó “los avances de la Psiquiatría en Yucatán, así como la filantropía del caballero cuyo nombre lleva el antiguo hospital de enfermedades mentales”, según relató el Diario.

El médico, continuó la crónica, citó también palabras del doctor Urcelay Martínez en la apertura del Asilo “Ayala” en 1906: “Cuando observamos una miseria y la socorremos al pasar, el beneficio dura lo que un fulgor; mas cuando los corazones se penetran de que es necesario fundar un hospital para los enfermos y lo realizan, el beneficio queda”.

Desde 1985 las instalaciones de la Itzaes albergan al Centro Estatal de Bellas Artes.