De mirada triste, la pena reflejada en el rostro, revestida de luto, así es la imagen de la Dolorosa, la advocación que evidencia el trance y el dolor de María por la pérdida de su hijo; esa advocación Mariana es la que encabeza la Vía Matris, una reflexión que se realizó ayer sábado de Gloria en la Catedral y que profundiza en la espiritualidad de María en el recuento de los acontecimientos de la Pasión de Cristo, desde la soledad del sepulcro hasta el juicio sumario que le condenó.

La Cofradía del Sagrado Sacramento y la Archicofradía del Escapulario Azul llevaron al cabo esta reflexión, la cual recorre a la inversa las 14 estaciones del viacrucis en el interior de la Catedral.

Un grupo de laicos cargó ayer en el interior del templo las imágenes tanto de la Dolorosa como del apóstol san Juan, al que Jesús dio por madre a María.

La Vía Matris ahonda en cada una de las estaciones del viacrucis, pero desde la perspectiva de la madre de Jesús, es el doloroso retorno de María por la ruta que siguió Cristo desde el sitio en que su cuerpo fue depositado hasta el lugar donde el sanedrín le condenó a muerte.

Cada reflexión es un recordatorio de la espada que ha traspasado el corazón de María, la pena que le embarga al ver a su hijo tratado con tal crueldad.

Es un acto de fe y amor de los fieles que acompañan a la Madre Dolorosa en el trance que vive aquella que dijo “He aquí la esclava del señor, hágase en mi según tu palabra”.— Emanuel Rincón Becerra

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