BOGOTÁ (EFE).— Fernando Botero celebra hoy martes 90 años de vida rodeado de su familia en la localidad italiana de Pietrasanta y haciendo lo que más le gusta ahora: pintar acuarelas.
Las festividades por el cumpleaños del maestro colombiano, el artista de las figuras voluminosas, comenzaron hace varias semanas en su país natal y el extranjero para destacar que se encuentra en la plenitud de su obra y con “ganas de seguir trabajando”.
Fernando Botero Zea, hijo del artista, dice que los homenajes constituyen “el reconocimiento a una carrera de casi 75 años en la cual ha trabajado de manera incansable para alcanzar el nivel más alto posible”.
Fernando Botero Angulo, segundo de los tres hijos del matrimonio formado por los señores David Botero Mejía y Flora Angulo Jaramillo, nació el 19 de abril de 1932 en Medellín, capital del departamento de Antioquia.
“Está muy contento con las celebraciones que le van a hacer en Medellín y en otras ciudades del mundo. Está muy honrado con el afecto y la admiración de tantas personas y muy complacido de llegar a los 90 años con tanto reconocimiento”, añade Botero Zea, quien se sumará a los festejos con sus hermanos Lina y Juan Carlos.
Explica que el artista está tomando precauciones para no contagiarse de Covid-19 y por esa razón no se deja ver tan frecuentemente y opta por el contacto telefónico.
El 11 de marzo pasado, la escultura “Hombre a caballo” se vendió en 4.3 millones de dólares, precio récord para una obra de Botero, en una subasta de arte latinoamericano de la casa Christie’s en Nueva York.
Un estudioso del trabajo de Botero en Colombia es el historiador de arte y curador Christian Padilla, quien centró en él su tesis.
Padilla destaca que la aportación de Botero al arte hispanoamericano es variada y en ella figuran sus temáticas, como la “monumentalidad del hombre mestizo, del hombre indígena” que el artista ha “llevado a sus últimas consecuencias”.
“Botero tiene la importancia de continuar con unas ideas que surgieron desde un aspecto político, un aspecto cultural, una idea nacionalista de definirse, identificarse y generar unas diferencias entre lo que era el hombre occidental europeo y el hombre americano”.
“Botero llega a sus máximas consecuencias cuando monumentaliza los personajes tomando elementos que son propios del arte mexicano, pero también los asume del arte prehispánico o el arte popular”.
Otro aspecto que destaca Padilla, que dictó este año la Cátedra Botero en la Universidad Autónoma de Nuevo León, es que los temas del artista “han estado siempre centrados en la vida latinoamericana y por lo tanto su obra también asume aspectos que son muy comunes a nuestros países”.
“En los años 60, Botero ya está haciendo unos comentarios muy críticos y punzantes frente a las dictaduras (…), por eso algunas imágenes que parecen simplemente jocosas y alegres —como por ejemplo la ‘Familia presidencial’— realmente se convierten en una forma de ridiculizar el poder en América Latina”, puntualiza.
Museos y otras instituciones de diferentes países han recibido donativos de piezas del artista. La primera entrega fue al Museo de Antioquia y consistió en siete óleos, un pastel y dos acuarelas. En 1998 otorgó al Banco de la República de Colombia 123 trabajos de su autoría y 87 de creadores internacionales, con los que se formó el Museo Botero que anualmente visitan miles de personas en Bogotá.
“Estoy absolutamente convencido de que ni todos los esfuerzos unidos de los gobiernos de Colombia durante el siglo XX llegan a equipararse con lo que Botero ha hecho para la cultura en su país en décadas”, subraya Padilla.
