“La embriaguez no es más que locura voluntaria”. Séneca

El alcohol juega un importante papel en la integración de los seres humanos, pero al mismo tiempo es motivo de constantes tensiones. Hay una ambivalencia social en torno al tema pues el 93% de los mexicanos piensa que “el alcohol saca lo peor de la gente” y el resto considera que “emborracharse es una forma inocente de divertirse”. Es natural para nosotros que un hombre “se pase de copas” pero en general consideramos inapropiado el que las mujeres beban. Hay un consenso de que si un borracho dice algo inconveniente “no debe de hacérsele caso y excusar su gritería”.

En el consumo del alcohol participan diversos factores: tipo de bebida, cantidad y el entorno en que se bebe. Cada uno de ellos influye en la manifestación de problemas siendo que también la respuesta y las consecuencias son socialmente distintas. En la zona rural los hombres llegan más seguido a la embriaguez y emplean más tiempo en ello que en la zona urbana. En ambos grupos rara vez el hombre bebe en compañía de su esposa pero casi la mitad de los actos de consumo ocurren en el hogar y la familia, lo que ocasiona que la familia, en especial la mujer, padezca las consecuencias de la agresividad que conllevan las bebidas alcohólicas. La cantidad ingerida, la poca atención a las circunstancias que se bebe y las inadecuadas decisiones que se toman después de haber bebido son factores de gran riesgo para un bebedor normal.

Se realizó una encuesta que demuestra que el 72% de los accidentes de tránsito, en los que el alcohol estuvo involucrado, son ocasionados por personas que no son dependientes del alcohol. Los seres humanos con problemas verdaderos de alcoholismo constituyen un sector minoritario de la población. Muchas situaciones conflictivas se evitarían si las personas que dependen del alcohol aprendieran a moderar su consumo o no bebieran en situaciones de riesgo. Otro resultado que se observó en la encuesta es que no hay, entre los mexicanos, diferencia entre consumo y embriaguez o beber moderadamente y beber en exceso.

La mayoría de la población no tiene idea sobre la cantidad de alcohol que inhabilita a las personas para ejecutar acciones concretas. En México el alcohol tiende a consumirse no diariamente, pero en grandes cantidades. Se supone que el 48% de varones que bebe, lo hace intensamente y las mujeres limitan la cantidad que ingieren siendo que, más o menos el 20% de ellas bebe dosis elevadas. Esta forma de ingerir alcohol trae muchos problemas y estudios documentan que en México el 22% de los que ingresan a salas de urgencia de los hospitales tienen alcohol en la sangre. Este índice es más alto que en otros países.

Se supone también, que en México el 12% de la población masculina y 6% de la femenina —entre los 18 y 65 años de edad— están en el criterio de “dependencia alcohólica” en la clasificación de enfermedades de la Organización Mundial de la Salud. La mortalidad por cirrosis hepática en México está entre la más alta del mundo, lo que demuestra también la manera en que el abuso de bebidas alcohólicas afecta a la población.

Por todo lo anterior se calcula que el alcohol es responsable de alto número de días sanos de vida perdidos por accidentes, enfermedades, homicidios, violaciones, muerte prematura y discapacidades por el abuso y la dependencia.

El alcoholismo se considera como un vicio y una enfermedad. Y la mayoría de las personas piensa que el afectado es débil moralmente cuando no acude a pedir ayuda profesional.

Estas encuestas demuestran la importancia de orientar las campañas de prevención hacia la diferenciación entre uso y abuso.

Presidenta del Patronato Pro Historia Peninsular de Yucatán.

Noticias de Mérida, Yucatán, México y el Mundo, además de análisis y artículos editoriales, publicados en la edición impresa de Diario de Yucatán