“En este aniversario episcopal y sacerdotal, Dios me pide revisar mi vida, cómo he realizado mi ministerio sacerdotal y episcopal y volver a cargarme de energía para seguir adelante”, expresó el arzobispo de Yucatán, monseñor Gustavo Rodríguez Vega, al referirse a la conmemoración de sus aniversarios.

“Es lo que el Señor me pide: revisar y continuar”, subrayó el prelado.

El arzobispo Gustavo Rodríguez dio gracias a Dios por su consagración a Dios en el orden episcopal y sacerdotal anteayer en la misa que celebró en la Catedral.

El arzobispo Rodríguez fue ordenado sacerdote el 15 de agosto de 1980 en la Basílica de la Purísima Concepción.

El 27 de junio de 2001 el papa Juan Pablo II lo designó obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Monterrey, siendo consagrado el 14 de agosto de ese año en la Basílica de Guadalupe de Monterrey.

¿Cuáles han sido sus mayores alegrías como sacerdote y obispo?

Como sacerdote han sido los matrimonios que están dispuestos a permanecer con la gracia de Dios y perseverar en el “sí acepto” que se dan ante el altar. Es una gran alegría reencontrarme con ellos, especialmente en los aniversarios, y saber que están llevando una buena vida delante de Dios.

Las familias que han nacido y que mi ministerio ha estado con ellas en sus inicios y sus aniversarios son motivos de gran alegría, luego me traen sus hijos a bautizar y eso también me da mucha alegría.

Y como obispo, sin duda que mis mayores alegrías están en cada nuevo seminarista, en cada nuevo sacerdote, en cada nuevo diácono, todo esto es motivo de gran, gran alegría.

¿Cómo sostiene su vocación?

Yo no podría sostenerme en mi vocación y nadie puede hacerlo si no es por la amistad con el Señor, por la vida de oración y por la vida espiritual. Todos necesitamos acercarnos a Dios por los sacramentos, la confesión y la comunión, pero también la oración y la lectura de la palabra de Dios.

Hace poquito hice ejercicios espirituales, todos necesitamos nutrirnos del Señor. Quien deja de nutrirse, ocurre uno de estos dos escenarios: o abandona el ministerio o puede terminar por desviar sus intenciones.

Por eso la única manera de sostenerse en la vocación es fortalecer la amistad con Dios nuestro Señor, en el servicio a los hermanos.

¿Cuál en su mensaje para que se susciten más vocaciones sacerdotales?

Las vocaciones son un regalo de Dios: es Dios el que llama y es el ser humano el que responde. Yo llamaría a todos los miembros de la Iglesia a participar en la Pastoral Vocacional.

No se le puede torcer el brazo a nadie, si Dios llama entonces esperemos que dé una respuesta positiva, pero sí podemos tratar de infundir en los jóvenes el valor para darle la respuesta positiva a nuestro Señor, ayudarlos a aclararles dudas, orar por ellos y Dios dirá a quién quiere escoger para la vocación sacerdotal.

Necesitamos orar y trabajar por las vocaciones desde el obispo y todos los sacerdotes, los mismos seminaristas y el padre encargado. Las familias pueden y deben trabajar pidiéndole al Señor para que haya más y más santos sacerdotes.

A todo el pueblo de Dios le pido que en estos días de mis aniversarios que me ayuden a darle gracias al Señor por mi vocación, por mi ministerio, pero también que me ayuden a pedir perdón por los errores y negligencias cometidas en el camino. Que me ayuden pidiendo por mi ministerio para que pueda desempeñarlo como el Señor quiere: con mucho entusiasmo, sabiduría y energía.

Teniendo al Espíritu Santo todo es posible, en especial contando con la colaboración de todos, de los sacerdotes, de los diáconos, de los seminaristas, de las religiosas y religiosos y por su puesto de todos y cada uno de los laicos.

Gracias al pueblo de Dios porque sin el pueblo de Dios no tendría sentido el ministerio sacerdotal, que Dios le bendiga.— CLAUDIA IVONNE SIERRA MEDINA

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