A quienes nacieron después de 1969 y no vivieron la emoción de las misiones Apolo, el programa Artemis de la NASA les permitirá saber directamente qué se siente ver a un ser humano descender en la superficie lunar.

El nuevo programa, que se propone llevar a la especie humana al satélite de la Tierra para el año 2025, realiza hoy lunes su primera misión: una cápsula no tripulada será lanzada a las 7:33 a.m., hora de Mérida, desde Cabo Cañaveral, Florida.

No es capricho que ésta y las siguientes misiones se agrupen bajo el nombre de la diosa griega de la caza y el parto. Esta figura mitológica, además de gemela de Apolo, es mujer. Y mujer será la próxima persona que camine por la Luna, según ha anunciado la NASA.

El carácter inclusivo del programa hace que Marcos Peña, ingeniero de operaciones de la sede central de la NASA, afirme que ésta se trata de “una nueva era, la generación Artemisa”.

“Aparte de la primera mujer que irá a la superficie de la Luna, a bordo del módulo de aterrizaje que está desarrollando SpaceX en Boca Chica, Texas, también va a ir la primera persona de color, tal vez un latino, latina”.

“Es”, añade, “una era totalmente diferente” a la del Apolo, cuando solamente varones caucásicos participaron en las misiones.

Peña habla con el Diario desde el Centro Espacial Kennedy, en Florida, donde es probable que cuando leas esto ya haya despegado el Sistema de Lanzamiento Espacial (SLS), el cohete que transporta a la nave Orion.

Orion rompería el récord de la Apolo 13

De acuerdo con información de la agencia espacial estadounidense, Orion volaría a 64,000 kilómetros más allá de la Luna, con lo que rompería el récord de la Apolo 13 en la mayor distancia de la Tierra a la que ha llegado cualquier nave diseñada para seres humanos.

Será la primera vez en 50 años, desde la última misión Apolo (la número 17, del 7 al 19 de diciembre de 1972), que una nave creada para trasladar gente vuele alrededor del satélite de la Tierra.

Que tuviera que pasar medio siglo para regresar a la Luna no es consecuencia de limitaciones tecnológicas, sino de cambios en los objetivos de Estados Unidos, como explica Marcos Peña. “La era Apolo fue una carrera entre la Unión Soviética y Estados Unidos, que ganó Estados Unidos en julio de 1969”, dice.

“Después tuvimos seis misiones más, pero Estados Unidos ya tenía otra meta: desarrollar una nueva nave, el transbordador espacial (space shuttle)”, a cuyo desarrollo se destinaron los recursos entonces disponibles para la NASA.

Contar con el transbordador espacial era un paso para hacer realidad una estación que orbitara la Tierra. “Esa meta la pudimos lograr en los años 1990 y 2000, ahora llevamos 22 años con gente viviendo en la Estación Espacial Internacional, con la colaboración de asociados de Europa, Japón y Rusia”.

Artemis comparte con Apolo el objetivo de alcanzar el espacio profundo. Pero entre ambos “hay bastante diferencia, nuevos objetivos”, asegura Peña.

“En el programa Apolo en realidad no sabíamos mucho de la Luna, pensábamos que era piedra muerta, sin recursos. Pero en las últimas dos décadas hemos entendido mucho más. De manera similar a nuestro planeta, la Luna tiene hielo en los polos norte y sur, ese hielo viene siendo como el petróleo en el Medio Oriente”, destaca.

Por lo tanto, el punto de partida de Artemis no lo es el final del programa Apolo, sino el del transbordador espacial. “Hay muchos elementos que vienen del shuttle. Por el ejemplo, el cohete Sistema de Lanzamiento Espacial tiene dos boosters (aceleradores) muy parecidos a los del shuttle, pero más grandes y con más potencia”. El tanque y los motores son también herederos de la tecnología del transbordador.

El viaje de la Orion durará unas seis semanas, al cabo de las cuales la nave regresará a la Tierra. Ingresará a la atmósfera a una velocidad de 11 kilómetros por segundo y, como explica Marcos Peña, “cuando uno se mueve muy rápido genera mucho calor; el escudo térmico va a soportar temperaturas de 2,700 grados Celsius”.

Verificación

“Verificar el escudo térmico es el objetivo número uno de esta misión; cuando tengamos esa prueba completa podremos mandar astronautas en una segunda misión, en 2024”, precisa.

“La tecnología de 2022 es completamente diferente de la de 1969”, agrega Peña, quien subraya que “los sistemas que pueden detectar algún fallo en los subsistemas del cohete son mucho más avanzados de los que teníamos en Apolo con el cohete Saturno V”.

Por esa razón no se espera que se repitan experiencias como la del Apolo 13, que debió abortar su alunizaje por la explosión de un tanque de oxígeno en su segmento de servicio que anuló la capacidad de la nave de generar electricidad y agua.

Una figura clave en la tarea de hacer volver a casa a los astronautas del Apolo 13 fue el mexicano-estadounidense Arturo Campos, quien diseñó el plan de contingencia para imprevistos como el que afrontó la misión liderada por Jim Lovell. En su honor fue bautizado uno de los tres “moonikins” (de “moon”, Luna en inglés, y “manikin”, simulador del cuerpo humano para pruebas) que viajarán en Orion: Comandante Campos, Helga y Zohar.

Los “pasajeros” volverían a la Tierra el 10 de octubre si no se aplazaba el lanzamiento de este lunes, para el cual ya se tenían otras dos fechas probables: 2 y 5 de septiembre.— Valentina Boeta Madera