Hola, amigos, estoy muy feliz de poder escribir hoy, después del tradicional Grito y los festejos.

En este día feriado, voy a hablar de los efectos del alcohol en el cuerpo luego de una buena ingesta. Muchos sentirán ese mal llamado cruda, que en realidad es el exceso de alcohol en el torrente sanguíneo que aún sigue alojado en el sistema nervioso central atacando las neuronas y produciendo el indeseable dolor de cabeza.

La bebida nacional por excelencia que es el tequila, producido con un tipo de agave muy especial y su secreto está en la cocción de la piña de agave y en el destilado.

Existen el tequila blanco, el reposado, el añejo, el extra añejo y, el que está de moda, el cristalino, que pasa por un proceso de carbón para quedar de esa manera tan purificada.

Para futuras reuniones o fiestas, mi recomendación es beber mucha agua entre trago y trago, ya que el agua ayudará a llenar la vejiga y para poder eliminar parte de ese alcohol por la vía urinaria; así el alcohol no se metaboliza en el estómago y la cantidad de éste en el torrente sanguíneo sería mínimo.

Siempre comento la importancia de tener una buena cultura alcohólica: a veces la gente que bebe casi no come y si no se tiene nada en el estómago, el alcohol llega antes al torrente sanguíneo y los efectos pueden llegar entre 30 minutos y una hora después de la ingesta del alcohol; en cambio, si se bebe después de haber comido, los efectos se minimizan.

Se considera que el estómago absorbe una parte del alcohol y la mayor parte la retiene el intestino delgado, y si bebemos con el estómago vacío, pasa de inmediato al intestino grueso, produciéndose un pico elevado de concentración de alcohol en sangre.

Si se toma un trago con el estómago lleno, el alcohol se absorbe lentamente porque el vaciado gástrico tarda mucho más en producirse, y la gente que bebe inconscientemente lo sabe, ya que el cerebro da esa información y le dice algo así como “si comes, no podrás tener el efecto deseado, mejor no comas”, algo nada alejado de la realidad.

Los expertos coinciden en que la ingesta de bebidas en jóvenes con el estómago vacío (ya sea por la moda de la dieta de no comer nada para no verse “gorda o gordo”) tiene efectos secundarios mucho más rápido que lo normal; la secuencia es ésta: calor, desinhibición, alteración de los reflejos, mareo, habla muy rápida y distorsionada y descoordinación de movimientos.

El alcohol que llega al cerebro afecta primeramente a la corteza cerebral, la zona que gestiona los pensamientos y la memoria, es lo que la gente considera euforia, y en realidad es que el alcohol actúa como depresor.

El efecto de desinhibición que aparece luego de varias copas se produce en el cerebelo límbico, produciendo somnolencia y alteraciones en la coordinación psicomotora; si se sigue bebiendo, se deprime la zona del cerebro que controla los órganos y puede aparecer el coma etílico irremediablemente.

Para evitar todo esto, lo mejor es beber con moderación para disfrutar todas las fiestas. Me despido. ¡Salud y que Viva México!

 

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