Para la maestra Imelda María Villanueva Méndez, quien cumplirá cien años el próximo domingo 25, el secreto para la longevidad es una buena alimentación, incluyendo muchas frutas y verduras.

Sin embargo, ella también alimentó su espíritu dando clases a cientos de niños, y con su amor a su esposo y sus dos hijos.

Nacida en Umán el 25 de septiembre de 1922, doña Imelda fue la penúltima de los nueve hijos del matrimonio que formaron Álvaro Villanueva Montero y Consuelo Méndez González.

Vivió en Umán los primeros años de su vida, pues al cumplir los 10 la familia se trasladó a Mérida, en la calle 64 que conecta a San Juan con La Ermita. En Mérida terminó la primaria y estudió la secundaria.

Posteriormente estudió para maestra en la normal “Rodolfo Menéndez de la Peña” que se encontraba en la calle 47 con 62. Se graduó el 2 de octubre de 1943 y catorce días después consiguió una plaza en Valladolid.

Sus inicios como educadora en Yucatán

A Valladolid llegó hecha un mar de llanto, pues era la primera vez que se separaba de su familia. Para aminorar su pena, su madre la acompañó a esa ciudad en lo que encontraba casa donde acomodarse.

Viajaron en tren. Allí coincidieron con un señor muy rico que le preguntó por qué lloraba. Al oír las razones, el caballero se enterneció y le ofreció alojamiento en su residencia donde vivía con su esposa.

La joven Imelda se instaló entonces en la casa de aquel matrimonio mayor. Fue bien recibida, incluso le asignaron a una criada para que la ayudara. El matrimonio, sin embargo, era muy serio, por lo que el padre de Imelda la convenció de que buscara otro lugar.

Para entonces, su hermana Consuelo, que había pedido licencia en su trabajo, ya la acompañaba en Valladolid, por lo que la mudanza a la otra casa no fue difícil.

Fue a partir de ese cambio que las hermanas comenzaron a pasear con más frecuencia a la ciudad.

A Imelda, quien ejerció como maestra 52 años, le apasionaba tanto el magisterio que incluso, con casi treinta años de servicio, fundó prácticamente de la nada una escuela.

Pero antes de levantar la escuela primaria Ford 112 “Cuauhtémoc” desde los cimientos, dio clases Valladolid, Tixkokob, Hunucmá, Muna y finalmente Bolonchén de Rejón.

Construir la escuela no fue fácil, pues las autoridades educativas le exigían que para abrirla tenía que haber al menos cien niños y contar con un lugar para edificar el plantel.

Su propia escuela

Apoyada de su familia hizo un censo en Petcanché, incluso el dueño de la hacienda le ofreció los corredores para empezar a dar clases en lo que se conseguía un local. Sin embargo, las autoridades que le dijeron que todo lo que hizo lo debía hacer en su zona de trabajo: el sur.

A la maestra Imelda no le quedó de otra que empezar de cero, y en la escuela donde trabajaba, por Xcalachén, averiguó que muchos niños vivían detrás del cementerio general y la escuela les quedaba muy lejana.

La maestra animó y convenció a los padres para levantar una nueva escuela. Su entusiasmo los llevó a hablar con el alcalde de aquel entonces, Federico Granja Ricalde, quien ofreció un terreno para el colegio. Así nació la Ford 112 “Cuauhtémoc” donde la maestra estuvo sus últimos 25 años. Se jubiló en 1995, cinco años antes de enviudar.

La maestra celebrará su onomástico con una misa en una capilla de Chuburná.

Noticias de Mérida, Yucatán, México y el Mundo, además de análisis y artículos editoriales, publicados en la edición impresa de Diario de Yucatán