En el lienzo, el papel o la obra tridimensional, el óxido y los distintos matices que este proceso de degradación del hierro genera, se convierten en elemento fundamental de la obra del artista Jaime Barrera, quien desde hace un par de años descubrió su fascinación por las piezas oxidadas y el uso que podía darles, así como la gama de tonalidades prácticamente irrepetibles que la naturaleza da a cada pieza degradada.
Esto hizo que comenzara a incluir en sus obras algunos elementos que encontraba como trozos de láminas, tuercas, tornillos, alambres… los cuales recolecta en chatarraterías y somete a un proceso de limpieza para incorporarlos a su arte, y va más allá al tratar de recrear las tonalidades del óxido en sus pinturas, una tarea complicada, según explica.
El estilo abstracto de Jaime Barrera se conjuga de manera natural con las piezas que incorpora a su trabajo artístico, y así se nota en las 65 obras que son parte de la exposición “Elogio al óxido”, que será inaugurada pasado mañana, a las 19 horas, en la galería y centro cultural Casa Gemela, en Itzimná.
Luciano Cedillo, curador de la exposición y un experto en la materia, apunta que desde el momento que visitó el taller del artista su obra le encantó, pues siente que maneja el tema de la pintura y el color como ningún otro.
El curador, artista y restaurador afirma que el trabajo de Barrera lo convierte en uno de los pintores más grandes de México y al nivel de los artistas de talla internacional.
La exposición que curó abarca las cinco salas de exposiciones del recinto, el recibidor e incluso los pasillos.
Aunado a las 65 piezas en exposición , entre pinturas, esculturas y cerámicas, se podrán ver dos instalaciones, las primeras que realizará Barrera en sus 25 años de trayectoria, integradas unas por elementos de esos que selecciona en las chatarrerías.
El artista señala que está muy honrado de que Luciano Cedillo, quien durante 10 años fue el director nacional de conservación del INAH, y Sonia González, propietaria de Casa Gemela, le hayan invitado a montar esta exposición, integrada por obras tanto de hacer un par de años, como recientes. Como el pintor inquieto y diverso que es, siempre va en busca de hallazgos a los que impone su creatividad para obtener como resultado propuestas diferentes.
Asegura que no se trata sólo de agregar elementos a sus obras porque sí, sino que hay una razón por la que elige determinado elemento para cada obra, y por supuesto, el lugar en el que coloca cada una de ellos. Es tal la fascinación que ha sentido por los matices del óxido que no desaprovecha la oportunidad de obtener nuevos elementos o piezas para trabajar en su arte, como cuenta que sucedió en un viaje turístico a Isla Mujeres, donde decidió visitar Punta Sur, donde hace unos 25 o 30 años se montó una gran exposición escultórica con artistas latinoamericanos.
Cuando llegó, vio para su sorpresa que la mayoría de las obras fueron retiradas porque el óxido las destruyó, y así, al parecer sucedió con la escultura hecha por el afamado artista mexicano Sebastián, pero vio que al pie de donde estaba la escultura había residuos oxidados de la pieza, hechos ya prácticamente polvo, por lo que los rescató y los utilizó en varias de las obras que presenta en esta ocasión.— Iris Ceballos
