La prevención se define como “las medidas destinadas no solamente a prevenir la aparición de la enfermedad, ta- les como la reducción de factores de riesgo, sino también a detener su avance y atenuar sus consecuencias una vez establecida” (OMS, 1998).

Prevención significa acción y efecto de prevenir. Se refiere a la preparación con la que se busca evitar, de manera anticipada, un riesgo, un evento desfavorable o un acontecimiento dañoso.

A octubre se le ha denominado como el mes de la concienciación y sensibilización del cáncer de mama, que igual se presenta en hombres y en mujeres. La prevención es la mejor manera de atacar esta enfermedad. Cuando se hace de manera oportuna, se puede lograr vencer esta enfermedad que puede causar la muerte.

El cáncer de mama es un cáncer que se forma en las células de las mamas. Casi siempre el cáncer se origina en las glándulas donde se produce la leche o en los conductos que transportan la leche desde dichas glándulas hasta el pezón.

Es necesario vencer todo miedo y acudir al médico para hacerse una revisión, aunque cada persona puede tocarse y sentir síntomas que pueden dar indicios de un problema. Pero lo más importante es que nunca hay que diagnosticarse. Esto siempre tiene que hacerlo un profesional de la salud, que tiene todos los elementos para, científicamente, dar un buen diagnóstico.

Los tabúes impiden acercarnos y pedir una opinión profesional. Hay que vencer esos miedos y acudir al médico para ser evaluados.

Es de celebrarse que en los últimos años haya una evolución en la sensibilización a la sociedad para saber tratarse a tiempo. Pero no solo con esta enfermedad, sino con toda nuestra salud, siempre se dice que es mejor prevenir que lamentar.

La mejor prevención es el cuidado de la salud integral, armonizar todas nuestras dimensiones y favorecer un cuerpo que esté en armonía con nuestra alma, nunca descuidar nuestra interioridad, así como debemos cuidar nuestro cuerpo y nuestra mente.

Seamos promotores, no solo en octubre, sino todo el año, que la salud es un bien que hay que saber agradecer a Dios y un bien que hay que preservar.— Coordinador diocesano para la pastoral de la vida y doctorando en Bioética

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