Con mucho amor y confianza depositada en el Hijo de Dios, numerosas personas se despidieron ayer del Santo Cristo de las Ampollas en el cierre de su fiesta en la Catedral con una misa, una procesión y la subida a su nicho en la capilla norte del centenario templo.
Como informamos en su oportunidad, el 22 de septiembre pasado comenzaron a entrar los gremios, cuyo desfile para venerar al Cristo de las Ampollas, que llegó hace 377 años a la Catedral, concluyó anteayer con los Locatarios del Mercado Grande.
Ayer, la fiesta finalizó con un programa que incluyó celebración eucarística presidida por el padre Justo Ceballos Uc, rector de la Catedral, y concelebrada por el presbítero José Manuel Romero Estrella. Posteriormente hubo una procesión de la imagen alrededor de la Plaza Grande para después subirla a su nicho entre el reventar de voladores y el canto “¡Viva Cristo Rey!”.
A la procesión asistieron representantes de gremios y devotos en general.
A su paso alrededor de la Plaza Grande, varias personas grabaron el momento y también se persignaron.
En la celebración eucarística, el padre Justo Ceballos afirmó que “la vida del cristiano es una vida de fe, de amor, de armonía, en la que muchas veces lo que pensamos nos ayuda a darle sentido a nuestra vida, por ello la gran lucha es tener en la mente y en el corazón la misma palabra de Dios”.
Manifestó que las personas pueden “caer en la trampa de pensar que somos dueños de algún bien espiritual y que podemos utilizarlo a nuestro antojo”.
En ese sentido, advirtió que “el solo hecho pensar que pueda sentirme dueño de los bienes me aleja del Señor; por ello, lejos de presumir que tengo bienes, tengo que pedir la gracia que me ayude a valorarlos para administrarlos, es decir, para ponerlos al servicio de todos”.
En cada misa, apuntó, “pedimos perdón al Señor por las veces en las que no hemos sabido vivir bien nuestro compromiso de fe y no son solo palabras, es una lucha de un esfuerzo común para de verdad entender y comprender, aceptar y vivir la voluntad de Dios”.
Remarcó que en el Santo Evangelio “Jesús nos invita a no vivir desde la avaricia sino desde la fuerza del amor que Dios nos regala para vivir en fraternidad con nuestro prójimo”.
“Queridos hermanos, Jesús nos quiere desprendidos, nos quiere disponibles, obedientes, para construir la vida según las enseñanzas de Dios”, dijo el padre rector.
La fiesta en honor al Santo Cristo de las Ampollas “fue la gran oportunidad para hacer crecer nuestro amor a Él, los gremios nos han invitado a integrarnos en la devoción para que nos sintamos animados a vivir en su gracia, a superar nuestras debilidades y nuestras caídas en pecado, a limpiar el corazón para poder recibirlo en santa comunión y llenarnos de su gracia y de la alegría de vivir para compartirlo con los que nos toca vivir”, agregó.
El padre Ceballos recordó que hace 377 años llegó a la Catedral el Santo Cristo de las Ampollas, el cual sigue “convocando a la unidad, que sigamos amando y sirviendo con generosidad que quitemos de nuestra mente, corazón y acciones todo aquello que pueda lastimar al hermano, todo aquello que pueda dividir los corazones”.— CLAUDIA SIERRA MEDINA
