El santuario diocesano guadalupano de San Cristóbal se vistió ayer de terno y filipina, en la bajada de la venerada imagen de la Virgen de Guadalupe, para marcar el inicio formal de la fiesta anual en honor de la Morenita del Tepeyac.
Después de dos años, vcientos de feligreses pudieron asistir a esta actividad que no se dejó de hacer durante la pandemia de Covid-19, solo que en otro formato.
El gremio de mestizos y jaraneros “La Bajada” llegó al templo tras hacer una colorida procesión desde la calle 71 con 30.
Los devotos caminaron bajo intenso sol y llegaron al templo 15 minutos antes de las 2 de la tarde vestidos de mestizos, en la mayoría de los casos, cargando estandartes y pabellones de diferentes gremios de esta ciudad y poblados del interior del Estado como Cacalchén y Tizimín. Fueron acompañados por una banda de guerra y una charanga.
Carlos Cervera Dzul y su madre, Ana Bertha Dzul, los presidentes del Gremio, encabezaron esta actividad como desde hace años.
El diácono Luis Domingo Flores dio la bienvenida y bendijo con agua bendita a los integrantes de este grupo que también estuvieron acompañados de jinetes y motociclistas.
A su paso por la calle 69 reventaron petardos para anunciar su paso, que fue grabado por varias decenas de personas.
Una vez que entraron al templo y antes de iniciar la misa presidida por el obispo Pedro Mena Díaz, y celebrada con el padre Gilberto Pérez Ceh, párroco del santuario, se realizó la bajada de la venerada y antigua imagen de la Virgen de Guadalupe, que fue trasladada de su nicho a un altar especial.
En la actividad, una niña se vistió como la Virgen de Guadalupe. También llevaron un cuadro de la imagen de la Virgen al que le opusieron un hipil.
Entregaron “la llave del corazón de los gremios” y una rosa de plata.
En total se dieron cita unas 400 personas al programa religioso.
Antes de la bajada, el obispo Pedro Mena dijo que estaban reviviendo “nuestras tradiciones, pero ante todo pidiéndole a la Santísima Virgen María de Guadalupe que nos confirme y nos fortalezca en nuestra fe”.
En la homilía de la misa, el obispo Pedro Mena agradeció al padre Gilberto por participar en el día de la bajada, al diácono y a los servidores de este santuario que ahora tiene la posibilidad de reunir mayor número de personas.
El prelado explicó que porque queremos estar en el reino de Dios hemos recibido el bautismo “y nos mantenemos firmes en nuestra iglesia católica, queremos salir caminando a la patria eterna, juntos, como verdaderos hermanos como se ha predicado en la palabra de Dios siempre”.
Luego de la misa se realizó una procesión con la imagen de la Virgen y San Juan Diego por calles aledañas al templo, entre voladores y repiqueteo de campanas, y después se realizó una vaquería, con la Orquesta de Miguel Collí, y una verbena.— CLAUDIA SIERRA MEDINA
