Juan Carlos Lomónaco, director artístico de la Sinfónica de Yucatán, afirma que el 1 de noviembre pasado se incendió el Teatro José Peón Contreras, su sede, y el 15 de noviembre lo hizo la Orquesta con el atraso en el pago de la nómina. 

Solo que de este último “incendio” ya había advertencias de que podía ocurrir si no se tomaban medidas, pues se había alertado a las autoridades estatales de la falta de recursos propios para solventar el gasto por sueldos, una obligación que, además, le correspondía cumplir al gobierno.

En 2021, sin embargo, la nómina se pudo cubrir con ayuda de los ahorros de 10 millones de pesos que la OSY tenía debido a su éxito de público. Pero en este año esos ahorros se acabaron.  

Los 60 músicos de la OSY, “todos de excelente de calidad” en palabras del director, y el personal administrativo están “basificados”, es decir, tienen plaza como empleados del gobierno estatal y, por lo tanto, esa autoridad debe hacerse cargo de la nómina.  

OSY de Yucatán, en riesgo

El recorte presupuestal que comenzó con la pandemia, continuó en 2021 y se mantuvo en 2022. Saben que en el presupuesto para 2023, que el Ejecutivo ya envió al Congreso del Estado para su aprobación, se considera un presupuesto para la Sinfónica de poco menos del 50% de la nómina, lo que haría imposible que el proyecto artístico continúe.

Juan Carlos Lomónaco indica que tanto él como la presidenta del Patronato de la OSY, Margarita Molina Zaldívar, y el director del Fideicomiso Garante, Miguel Escobedo Novelo, se han mostrado en la mejor disposición y con el deseo de reunirse con las autoridades para dialogar sobre este tema, pero hasta hoy no han sido recibidos.  

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Períodos de la Sinfónica de Yucatán

Detalla que la Sinfónica de Yucatán ha pasado por tres períodos, el primero de ellos de 2004 a 2009, cuando nació con 52 músicos y poco a poco fue consolidándose. En esta etapa vivió algunos momentos de riesgo ante el cambio de gobierno y de partido en el poder, aunque al final la administración en turno avaló el proyecto y se firmó el decreto de permanencia y protección de la Orquesta.  

Un segundo período fue de 2009 a 2020, de crecimiento, al pasar de 52 a 65 músicos, y en el que se tuvieron recursos para la compra de sillas, atriles, instrumentos varios y la concha acústica, que permite una mejor difusión y apreciación del sonido por la audiencia y los propios músicos.  

El tercer período comenzó en 2020 y es el de mayor incertidumbre, ante la falta de presupuesto y el fallecimiento de uno de sus principales mecenas, Adolfo Patrón Luján, quien fue presidente del Patronato de la OSY, cargo que cedió hace varios años a su esposa.  

El amor por la música y el arte mantiene a los integrantes de la OSY en la batalla, en el esfuerzo diario de dar lo mejor de sí y de explotar toda su excelencia en las interpretaciones que ofrecen en los conciertos ya programados. El público lo agradece y lo manifiesta en sonoros y largos aplausos, pero todo queda ahí, en la sala de conciertos, fuera del alcance de los oídos de una autoridad que no ha sabido asumir su responsabilidad hacia este respetado proyecto artístico que la sociedad yucateca hizo suyo.— IRIS CEBALLOS ALVARADO