La Cruz de Cozumel o Cristo de la Conquista, imagen tallada en piedra de Jesús Crucificado, formó parte del gran acervo de la iglesia de San Francisco, ubicada en el Convento Grande de Mérida o Convento de San Francisco, que estuvo dentro de la Ciudadela de San Benito.
Esta reliquia colonial permaneció resguardada durante un tiempo en la iglesia de San Juan Bautista, gracias al padre Vicente María Velázquez, quien la rescató en 1821, y luego estuvo en la Catedral de Mérida, de donde desapareció durante el asalto del 24 de septiembre de 1915 en la época del general Salvador Alvarado, afirma Raúl Alcalá Erosa, arquitecto, historiador e investigador, en su libro “Historia y vestigios de la Ciudadela de San Benito”.
¿Quién fue el padre Vicente María Velázquez? Fue uno de los principales impulsores de la independencia de Yucatán con respecto a España, al frente del grupo liberal de los Sanjuanistas en 1812 y 1813. A este grupo de religiosos e intelectuales laicos se le conoce así porque se reunía periódicamente en la sacristía de la iglesia meridana de San Juan Bautista.
En su libro “Vidas y letras yucatecas”, el arqueólogo Luis Millet Cámara destaca lo siguiente: “La Cruz de Cozumel fue supuestamente encontrada en esa isla y se consideraba que era un objeto de culto desde los tiempos prehispánicos. Cuando la parroquia de Cozumel pasó a manos del clero secular, a finales del siglo XVI, los franciscanos que la tenían en la iglesia de ese lugar decidieron trasladarla al Convento de San Francisco, donde permaneció más de doscientos años…”.
Alcalá Erosa apunta lo siguiente: “En el libro ‘Informe contra Idolorum Cultores del Obispado de Yucatán’, escrito por el doctor Pedro Sánchez de Aguilar, deán de la Catedral yucateca y publicado en 1639 en Madrid, se explica y aclara el origen de la histórica pieza tallada en piedra: ‘… cuando Hernán Cortés pasó con su armada por Cozumel rumbo a México (entonces Tenochtitlán) encontró en esa isla a Jerónimo de Aguilar y mandó poner una cruz para venerarla. Un sacerdote de ídolos llamado Chilán Cambal se inspiró en esa cruz para hacer una poesía en su lengua refiriéndose a la llegada de los españoles. Diez años después, Montejo el Adelantado, quien conquistó la Península, pasó por Cozumel y estos europeos pensaron que los indios habían hecho la cruz en la antigüedad, y los indígenas consideraron esa llegada de los conquistadores como el cumplimiento de una profecía de Chilán Cambal”.
Algunas versiones indican que, en su forzado peregrinaje, la Cruz estuvo también un tiempo en la iglesia de Nuestra Señora del Carmen, en Mejorada. Es necesario destacar que dicho crucifijo y un hermoso cuadro de la Virgen de la Inmaculada Concepción, obra que hoy se encuentra en la Catedral de Mérida, serían las dos únicas piezas originales de arte sacro colonial que fueron rescatadas del Convento de San Francisco.
¿Dónde se encuentra actualmente ese histórico crucifijo de piedra tallada? Después de minuciosa investigación, y por sus gestiones, el arquitecto Alcalá Erosa promovió que se elaborase una réplica de la Cruz de Cozumel, tallada en piedra, bajo la supervisión del mismo, y se instaló en un pedestal en El Cedral, sur de la isla, durante la administración municipal 2002-2005 que encabezó Carlos Hernández Blanco, como lo consigna una inscripción con breve reseña histórica en la base del pedestal.
La bendición de la réplica de este crucifijo pétreo estuvo presidida por el Arzobispo Primado de México, cardenal Norberto Rivera Carrera, en solemne misa celebrada el 6 de mayo de 2003. Otra versión de la misma obra fue enviada en 2012 a Cozumel por el propio arquitecto Alcalá Erosa, la cual se encuentra en el altar mayor de la iglesia de Corpus Christi.
¿Pero, existe la cruz original? ¿Dónde está ahora? Después de años de buscarla, Alcalá Erosa la encontró al fin en casa de una familia yucateca radicada en la capital meridana. Sin embargo, por ahora no se puede revelar el nombre del actual custodio de la reliquia colonial, a petición expresa de Alcalá Erosa a quien esto escribe.
¿El motivo? Desde hace años se realizan gestiones por el INAH y la Arquidiócesis de Yucatán para recuperar esa reliquia y exhibirla en algún museo local o en la Catedral. El principal contacto, por la Arquidiócesis, fue el presbítero Jorge Antonio Laviada Molina, pero tras su fallecimiento las negociaciones se estancaron.
