Estoy horrando para comprar arte. Nada famoso, pero cada vez que estoy en una nueva ciudad vago en galerías y el sueño de comprar grandes pedazos de un día. Nicola Formichetti.

Las galerías de arte podríamos entenderlas como aquellos espacios, en la mayoría de los casos privados, cuyo objetivo principal es la disposición y exposición de manera pública de obras de arte, por lo cual se tratan de empresas culturales que se dedican a la comercialización y pueden estar especializadas en diferentes áreas o artistas con el fin último de venderlas, creando así un circuito de la compra y venta de arte que como en cualquier otro negocio es de vital importancia la prevalencia de la rentabilidad (las ganancias obtenidas de las ventas cubrirán los costos operativos para administrarlas y generar ganancias), y, a diferencia de los museos que son instituciones sin ánimo de lucro.

Dada la difícil situación económica por la cual atraviesa el sector artístico, particularmente el de las artes visuales, el apoyo del Estado (federación, entidades y ayuntamientos) es un factor relevante para detonar un mercado que acerque a los creadores y compradores, ya que la creación de espacios de venta, permite a los artistas emergentes a crearse una trayectoria o suerte crítica a través de las exposiciones que en ellos se realizan con personal profesionalmente calificado (curadores y museógrafos) que son parte de la estructura “oficial” de la cultura.

Si bien, el proceso de legitimación los museos es innegable, la venta o comercialización está fuera de los parámetros éticos de los mismos, a pesar de que durante la pandemia algunos espacios se vieron obligados a la venta de bienes como modo de donación para financiar la crisis y pagar los sueldos de los empleados. Esta situación podría confundirse con la labor que realizan las galerías privadas, además de que se compite con los elevados gastos que un espacio particular sufraga para sobrevivir (renta, impuestos, empleados, mantenimiento, catálogos, publicidad, etc.).

Es de forma distinta la operación de las galerías creadas para tal fin (la comercialización del arte), por ejemplo el Salón de la Plástica Mexicana, que depende del Instituto Nacional de Bellas Artes, y que actualmente funciona en la colonia Roma de Ciudad de México, el cual se estableció en 1949 como una galería de ventas libres, cuya finalidad es el apoyar a los artistas plásticos.

En Mérida, un ejemplo exitoso apoyado por el gobierno municipal es la Galería de Arte Municipal, la cual funciona en la mansarda del Museo de la Ciudad; cuya misión es el exhibir, promover y comercializar la plástica meridana para lograr su consolidación dentro de las artes del Sureste, además de ser un verdadero punto de encuentro y conexión entre los artistas con trayectoria y los nóveles creadores. Esta fusión de espacio de intercambio y comunicación es un apoyo activo a la realidad artística de la ciudad, acogiendo proyectos e invitando a la comunidad a que sienta el espacio como suyo, además prioriza el trabajo directo con los autores mediante el patrocinio a la producción y desarrollo crítico a través de su programación.

Asimismo, en algunos países como Cuba, no obstante que en la actualidad existen galerías particulares y estudios privados abiertos al público para la exhibición y venta, el Estado cuenta con una red de espacios orientados a la exposición, promoción y comercialización de las artes visuales cubanas: Galería Habana, Galería la Acacia, Galería Génesis, Galería la Nave, Galería Servando… quienes dependen del Misterio de Cultura. Labor que indudablemente es de gran valía, no solo en el crecimiento y la formación de públicos y consumidores culturales, sino como una ventana de confrontación y promoción de los creadores hacia el exterior.

Estos espacios no deben verse como una competencia desleal a las galerías privadas, ya que muchos de los artistas exhibidos han salido de las mismas para integrarse a la comercialización de las galerías privadas, por lo que deben verse más como una oportunidad de respaldo a los creadores, y analizar la factibilidad de fundarla y abrirlas al público para crear un consumo cultural.

Curador.

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