¡Hasta que llovió en Sayula! Anteanoche, a las ocho y media, la iglesia del Tránsito de Nuestra Señora (barrio de la Mejorada) se engalanó con esbelteces barrocas con el estreno de la Orquesta Juvenil “José Luis Chan Sabido” y la presencia del Coro Viena que jefatura Nidia Góngora Cervera.
Piezas de Heandel y Vivaldi, compositores del siglo XVIII, tejieron las siluetas de ese estilo descriptivo, ornamentado y audaz que busca el asombro y la emoción intensos. Ambos genios poseedores de un estilo henchido de clamores.
Y la orquesta, mecedora del adjetivo “juvenil”, como semillero e incubadora de futuros virtuosos, ya que la mejor escuela para un ejecutante es interpretar ante público e ir lentamente puliendo el oficio.
El maestro Chan Sabido ocupó un atril entre los violines. Desde el podio, el joven Eduardo Manrique Zaldívar esgrimió la batuta, atento para trazar las cifras y espejismos de una época en que el mundo europeo, ante el avance de las ciencias y el enciclopedismo, deseaba perderse en los laberintos efusivos que el barroco traía como germen.
En primer término, se escuchó la obertura del célebre oratorio El Mesías de don George, alemán avecindado en Londres cuando arribaron los reyes de la casa Hannover a gobernar Inglaterra y su vasto imperio.
La obertura, llamada por otros sinfonía, consta de una parte grave, serena, y otra impetuosa, con elementos de fuga, cuyo tejido en contrapunto —afirman los expertos— es admirable. Fragmento como a la espera de los textos proféticos del Antiguo Testamento en que el oratorio se sustenta. Primer asomo al proceso barroco, preparatorio para las siguientes piezas, todas del “cura rojo”, aquel Antonio Vivaldi enfermizo y viajero que fuese orgullo de Venecia.
De inmediato, Emmanuel Alberto Domínguez Concha, en la flauta traversa, fue solista del Concierto en sol menor que ocupa el número 439 del catálogo vivaldeano elaborado por Ryon y es conocido con el sobrenombre de “La Noche” por su afán descriptivo de la incertidumbre en medio de una realidad inhóspita.
En los seis movimientos de “La Noche” emplea Vivaldi el simbolismo sobre los fenómenos naturales al que su época era tan afecta. Los minutos del sueño engañador, el mordisco de la soledad, la sospecha fantasmal y la esperanza del amanecer se suceden en los trinos y nerviosas combinaciones de la flauta con los violines.
Emmanuel satisfizo los imperativos de estructura con efectiva destreza en escalas y armónicos, quizá como aquella paliducha Maddalena, huérfana del Hospital de la Piedad veneciano y favorita del maestro en el dilema de las alientos de máxima agudeza.
El gran cierre
El número final de la velada sería el Gloria en Re mayor 589 que emplea coro mixto en un trabajo polifónico en el que se refugian los más caros sentimientos del cristianismo en derredor a la idea de la redención del ser humano por voluntad de Dios padre y el sacrificio de Jesús en la cruz.
En 12 secciones —desde el Gloria in excelcis Deo hasta el Sancto Spiritu— conforme al canon de la misa, el grupo coral así como un par de sopranos y contralto recorren las diferentes gradaciones del alma humana ante la majestad y misericordia divinas. De gran belleza son el Laudamos te, en la que ambas sopranos entablan diálogo entre sí y con el coro, así como el Agnus dei en el que la contralto agradece a Cristo su condición de víctima propiciatoria.
Singularmente dulces nos llegaron las voces de las hermanas Marta y Oribel Angulo Góngora, sopranos; y la contralto Claudia Leal Flores, en sus solos y ensambles con el coro, manejó con precisión su capacidad expresiva.
Motivo de alegría debe ser el nacimiento de una nueva sinfónica, pues la sociedad las requiere para diversificar y no excluir gustos. Las sinfónicas deben aumentar, nunca desaparecer. Son requisitos para conservar nuestro sitio entre las ciudades civilizadas.
Desde su nicho, Nuestra Señora del Carmen, patrona actual del recinto, recibió indirectamente las preces y los deseos de los asistentes a este interesante recital que demuestra lo oportuno de usar templos para conciertos o cualquier manifestación de la cultura.
Nos regocija que el recital haya sido en la colonial (1640) iglesia de la Mejorada. Entretanto, ahí en la calle 61, frente a Catedral, la antigua capilla de San Juan de Dios, vestigio del siglo XVI, se adormece en medio de la humedad y el abandono. Ni se ofician servicios religiosos, ni se utiliza en pro de la comunidad. Sólo es bodega.— Jorge H. Álvarez Rendón
