Al cumplir 64 años de ordenación sacerdotal, monseñor Manuel Vargas Góngora pidió a Dios mantenerse firme y fiel a Él.

El rector de Santa Lucía, quien mañana cumplirá 89 años de edad, afirmó que es Dios quien le da la fuerza para ejercer su ministerio.

Monseñor Vargas fue ordenado sacerdote por el arzobispo Fernando Ruiz Solórzano en su amada parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe, en San Cristóbal, donde sirvió 35 años.

Aseguró que llegar a los 64 años de ordenación sacerdotal lo hace sentirse muy feliz y realizado. “Se están cumpliendo mis aspiraciones, gracias a Dios me han cambiado a varios lugares, conozco varios ambientes”.

Recordó que fue vicario de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro en Itzimná, párroco de San Francisco de Asís y del santuario de Nuestra Señora de Guadalupe, y desde hace ocho años es rector de Santa Lucía.

En San Francisco de Asís construyó un costurero para ayudar a las mujeres que estaban en la zona de tolerancia y “así muchas salieron de ese ambiente”.

En el santuario guadalupano trabajó para promover un centenar de peregrinaciones, a las que atendía con mucho gusto.

Afirmó que en este momento de su vida está “muy tranquilo sirviendo en la rectoría de Santa Lucía, tiene una dinámica muy diferente ya que ‘no hay’ feligresía, pero sí otros servicios, como las confesiones y adoración nocturna al Santísimo, además de las misas diarias”.

Monseñor Vargas pidió a Dios permanecer fiel a su ministerio sacerdotal. “Si llegué a esta etapa es porque me gusta el trabajo”, manifestó antes de la celebración eucarística que en Santa Lucía presidió ayer el arzobispo de Yucatán, monseñor Gustavo Rodríguez Vega.

En su mensaje, el prelado felicitó a monseñor Vargas por sus 64 años de vida sacerdotal, “le damos gracias a Dios porque una y mil veces el Niño Dios ha nacido en sus manos sacerdotales”.

Explicó que las manos del sacerdote se convierten “en el pesebre donde el Señor nace día a día para estar en medio de nosotros y ser Emmanuel, Dios con nosotros”.

“Hoy le damos gracias al Señor por este gran acontecimiento del sacerdocio del padre Manuel, que ha hecho nacer a Cristo día a día entre nosotros, en las distintas comunidades donde él ha ejercido su ministerio”.

El prelado añadió que “la Navidad es una fiesta de dicha y alegría, pero ya sabemos que el mundo sigue rodando y en Navidad hay gente que muere, gente que se enferma, gente que tiene accidentes y gente que sufre violencia y persecución”.

“En muchos lugares del mundo y en México en la noche de paz no hay paz, por eso tenemos que seguir pidiéndole al Señor por la paz en nuestro México y todo mundo”, dijo.

La misa fue concelebrada por los padres Ángel Vargas Góngora, hermano de monseñor Manuel y rector de San Antonio Kaua, y Enrique Guillermo Herrera, de los Siervos de Jesús; así como el diácono permanente Andrés Novelo Álvarez.

Al finalizar, monseñor Vargas recibió aplausos de la gente que abarrotó el templo, convivió con la comunidad y partió un pastel. También le cantaron las “Mañanitas” con música de mariachi.— CLAUDIA SIERRA MEDINA

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