La fiesta en honor a Nuestra Señora de la Asunción, que en estos días se lleva al cabo en la parroquia de San Sebastián en el barrio del mismo nombre, está llena de tradiciones y una de éstas es donar vestidos a la venerada imagen como parte de las promesas de los devotos.
Es costumbre que cada gremio ofrezca a la Virgen una vestido, una capa y hasta la mantilla. La donación la realiza una persona por una promesa, en agradecimiento o solicitud de algún favor.
Hay casos en los que una persona debe esperar diez años para donar el vestido, ya que está en fila de otra gente que ha hecho la solicitud.
Su resguardo
La mayoría de los vestidos donados a la Madre del Cielo permanecen en el templo porque son un regalo para ella, aunque en algunas ocasiones el gremio prefiere llevarlo, custodiarlo y entregarlo cuando sea solicitado.
Los vestidos y accesorios, incluso pelucas, que donan a la imagen de la Virgen de la Asunción son guardados en un ropero de madera instalado en un cuarto de la sede parroquial. Ahí habría cerca de 300 vestidos, unos 150 colgados y los demás doblados y guardados en bolsas.
El cuidado de los vestidos de la Virgen es un tema que requiere mucha atención: para su manejo existe un grupo de doncellas de la Virgen que no figuran, son servidoras que cuidan estas prendas y visten a la imagen para que esté bien presentada.
Una de las doncellas explicó que el donante no escatima en el costo del vestido. “Se utilizan telas caras, incrustaciones de pedrería, vestidos pintados a mano, encajes especiales”.
La confección de los vestidos está a cargo de modistas que cada gremio contrata y este año acudieron al templo para tomar las medidas de la venerada imagen.
Una de las prendas especiales de la sagrada imagen es el vestido que usó hace 10 años para la conmemoración del 60o. aniversario de su coronación; se trata de una prenda de color marfil y una capa azul de terciopelo.
Los traslados
Desde el año 2000, los vestidos estuvieron resguardados en un predio particular hasta poco antes de que llegara al templo el presbítero Lorenzo Mex Jiménez.
El anterior párroco, Gabriel Gamboa Crespo, logró ver el regreso de los vestidos a la parroquia en sus nuevos roperos de madera.
Algunos vestidos son usados nuevamente, de acuerdo a sus colores y el tiempo litúrgico. La imagen cambia vestido cada tres semanas.
En los tiempos del padre Pedro Petrucci, misionero de Maryknoll, quien fue párroco de San Sebastián, se solicitaba algunos vestidos para llevar a las imágenes marianas de las comunidades y haciendas que atendía el templo que hace años era muy grande su terreno parroquial.
El primer ropero se encontraba en uno de los costados del altar y desapareció hace muchos años.
En los años 90 se hizo una reparación general en la iglesia y el padre Gabriel Gamboa facilitó el espacio para pasar el ropero con los vestidos. Cuando los roperos fueron trasladados, las prendas se revolvieron y se perdió el año al que pertenecían, ya que hay vestidos de más de medio siglo.
Por eso, las doncellas tienen pendiente la labor de acomodarlos por año con evidencia fotográfica.
“Lo más bonito es que todos representan una promesa y el amor que tienen para prepararlo”.
El padre Lorenzo Mex Jiménez, párroco de San Sebastián, recordó que en una Noche Banca algunos vestidos de la Virgen de la Asunción fueron expuestos.
El sacerdote aseguró que hay toda una cultura centenaria junto a los gremios. “Creo que todo ha ido evolucionando pero en el fondo lo que se aprecia es el gran cariño y la ternura que hay en el corazón del pueblo a la santísima Virgen María y esto va ayudando para que el clima y la paz social se mantengan a pesar de todo el entorno nacional con mucha violencia e inseguridad”.
Explicó que una de las tradiciones de esta fiesta es que cada persona de un gremio dona un vestido a la imagen de la Virgen, por cuestiones de salud, trabajo principalmente es lo que la gente pide y lo agradece o pide para recibir.
La solemnidad de Nuestra Señora de la Asunción es el 15 de agosto.— Claudia Ivonne Sierra Medina
