BERLÍN (EFE).— “El Eco” de un remoto pueblo mexicano resuena en la Berlinale de la mano de Tatiana Huezo, quien en el documental de ese nombre retrata a lo largo de un año a “personajes femeninos reales” en los papeles que les toca desempeñar y también en su rebeldía.

En El Eco, un pueblo a más de 3,000 metros de altura en Puebla, no hay trabajo y sus habitantes viven de lo que siembran, de sus animales, “y son las mujeres las que se quedan al frente de la vida en este lugar”, explica Huezo.

En la película “el peso está en las mujeres” porque son ellas las que llevan la crianza de los niños, “el peso y también el gozo de llevar la tierra, de llevar la sobrevivencia, de llevar la casa y llevar las familias adelante”.

Las mujeres “son las que tiran todo el tiempo de la carreta”, mientas los hombres generalmente “están ausentes”, añade.

“Me vuelca el alma retratar a personajes femeninos reales” cuando en el cine “estamos acostumbrados a ver personajes femeninos muy estáticos, llenos de clichés, que cumplen una norma o que son objetos del deseo”, dice la cineasta.

En El Eco los papeles son muy conservadores y a los niños se les prepara para ocuparlos. “El hombre ve la tierra, los animales, nunca levanta un plato, no hace de comer, procrea. Las mujeres tiene hijos muy pronto, porque ésa es su misión en la vida, y después cuidarlos y atender al hombre y no salir nunca de la comunidad”.

Pero hay mujeres rebeldes, como Andrea, quien dice a su compañero: “Ponte aquí en mis zapatos”, y Montse, una adolescente que “de alguna forma se sale de la regla, aunque no es la única”.

“Los campesinos tienen una fortaleza extraordinaria frente a la adversidad y Montse es eso”, resume.

Huezo admite que el documental fue un reto particular, porque, a diferencia de sus filmes anteriores, en éste no había un guión ni una estructura dramática clara antes de rodar. “Fue intentar atrapar momentos muy puros de la vida de estos niños y estas familias, situaciones que pudieran surgir”.

Para la directora, cuyo trabajo se proyecta en la sección “Encounters” y opta al premio a mejor documental, no hay mejor lugar para estrenar una producción de ese tipo que la Berlinale, porque “le ha dado un lugar muy valioso” al género.

Ayer, en Berlín se presentó la película canadiense “Blackberry”, tan trepidante como fue el auge y derrumbe de los primeros teléfonos inteligentes. La cinta alegró la primera jornada a competencia, mientras que el australiano Rolf de Heer aportó una apocalíptica producción sin diálogos.

Matt Johnson, director y protagonista de “Blackberry”, trasladó al festival a los innovadores de la telefonía móvil, confrontados con los tiburones del gremio.

Su personaje es Doug, el más “freak” entre los colegas de Mike Lazaridis —interpretado por Jay Baruchel—, el jefe de una empresa canadiense formada por personas que se comportan como bebés grandes. “Nunca tuve un Blackberry, mi padre sí. Es un producto de otra época”, afirmó Johnson, quien compareció con el mismo “look” que en el filme, mientras Baruchel aseguraba que la marca es “un orgullo para Canadá” frente a la superpotencia de Estados Unidos.

Ambos hicieron alarde de aquello que da fuerza a su película: diálogos rápidos, respuestas incisivas, dinamismo y el mismo aire de camaradería con que nació su prodigio.

Su primer tiburón es Jim Balsillie —el personaje de Glen Howerton—, al que se unirán otros depredadores, además de ingenieros reclutados entre la competencia con contratos fraudulentos. Juntos lanzarán el Blackberry, que durante diez años dominó la telefonía móvil, hasta que el iPhone lo degradó a obsoleto.

El villano no es, sin embargo, ni la competencia hecha en China ni Steve Jobs, sino los tiburones internos, además de la Comisión Nacional del Mercado de Valores que indaga en los fraudes. “Blackberry” es el tercer filme del canadiense, tras “Dirties” y “Operation Avalanche”. Johnson envuelve deliberadamente su cámara en el caos, entre saltos de imagen, órdenes y contraórdenes inapelables y miradas de desconsuelo de los adultos a los que se les rompe el juguete.

 

Noticias de Mérida, Yucatán, México y el Mundo, además de análisis y artículos editoriales, publicados en la edición impresa de Diario de Yucatán