Cuando Enrique Serna entra a la sala y toma asiento, va directo al grano: “No voy a hablar sobre mi nuevo libro”. Al ver las caras de extrañeza, añade, “una de las calamidades de la promoción editorial actual es que obliga al autor a hablar demasiado de su obra y eso implica, quizás, explicar lo que uno quiso sugerir, lo cual estropea en gran medida la experiencia a los lectores”.

El escritor —invitado a la Filey 2023— se refiere a su más reciente libro de cuentos Lealtad al fantasma (Alfaguara, 2022), una obra compuesta por siete narraciones cuyo hilo conductor son sus personajes atormentados por fantasmas y obsesiones que algunos logran vencer, mientras que a otros les queda solamente la resignación. Aun así, todos comparten esa lucha interna que los sobrepasa.

El ganador del Premio Excelencia en las Letras “José Emilio Pacheco” 2020 explica que prefiere hablar en términos más generales de su afición al cuento, de cómo nació y cómo la ha mantenido a lo largo de toda su carrera literaria.

Enrique Serna —comparte— se inició escribiendo cuentos cuando era muy joven, más o menos a los 16 años, y cuando empezó hicieron cortocircuito en él dos maneras de entender la literatura: “Una fue la que me querían inculcar en la escuela, que consistía en memorizar corrientes literarias, biografías condensadas de autores y luego recitar todo eso en los exámenes, cosa que en el mejor de los casos convertía al estudiante en un pequeño esnob”.

Y la otra manera de entender la literatura fue la que le inculcó su madre, que era una lectora omnívora, leía lo mismo los clásicos de la literatura universal que los bestsellers del momento, sin pretensiones culteranas, pero sin miedo a leer textos que pueden parecer difíciles, como “Don Quijote”, por ejemplo.

“Yo la veía pasar tardes enteras embebida leyendo sus libros y le pedí que me prestara algunos. Me prestó los clásicos de la literatura infantil como Huckleberry Finn y Tom Sawyer de Mark Twain, y luego leí a Julio Verne; más adelante leí Los Miserables de Víctor Hugo, un descubrimiento porque Víctor Hugo era un mago del suspenso, además de ser un grandísimo poeta como más tarde descubrí”.

Ya entrado en la adolescencia, Serna empezó a comprar sus propios libros, que sobre todo eran de literatura fantástica, el género que más lo enganchó a esa edad y que considera es uno de los que más pueden atrapar a los adolescentes de hoy en día: “La literatura fantástica es la materia prima de muchas de las películas o series de televisión que los jóvenes están viendo, solo que el libro tiene la ventaja de que los obliga a ejercitar la imaginación para reconstruir los escenarios que les describen, en lugar de recibir todo empaquetado como en el cine: que encandila a los niños, pero también les corta las alas”.

Los primeros cuentos escritos por el autor de Señorita México (1987) eran narraciones inspiradas en sus autores de cabecera, como Edgar Allan Poe, H.P. Lovecraft, H.G. Wells y Dino Buzzati. Sin embargo, enfatiza que no fue un autor temprano, ya que tardó 10 años de aprendizaje para lograr escribir “cuentos legibles”, que fueron los que incluyó en su libro Amores de segunda mano (1991), que publicó a los 31 años.

Para esa edad —en palabras del propio autor— la vida ya lo había “pervertido” y así se fue inclinando hacia los autores satíricos, como Juvenal, un satírico moralizante, ya que su sátira era regaños a la corrupción de la antigua Roma.

Otro autor que conoció en esa época fue Petronio, con su Satiricón, que es todo lo contrario, un satírico cínico, que hizo unos retratos crueles y maravillosos de la gente de su época, en particular de los nuevos ricos, “que piensan que la literatura es un vestido y no un alimento”.

También descubrió a los clásicos de los cuentos crueles como Villiers de L’Isle-Adam, cuyo blanco de ataques eran los burgueses, la bestia negra de casi todos los escritores de esa época. Otra fuente de inspiración fueron los poetas Rimbaud, Verlaine, Baudelaire y Gérard de Nerval: “Ellos veían que la gente disfrutaba conmoverse con los melodramas, pero era un peligroso autoengaño, porque hacía que precisamente la gente no viera la propensión al mal que hay en todos nosotros, ya que la gente que más lo desencadena, es la que se cree incapaz de cometer alguna maldad”.

El humor negro

El humor negro es algo que lo cautivó de todos estos cuentistas y poetas, ya que el humor negro hace que el lector se confronte, se pregunte “¿de qué me estoy riendo?”; además, es muy necesario para sobrellevar los aspectos más dolorosos de la existencia.

“El humor negro es una especie de analgésico que nos permite neutralizar algo que podría destruirnos, ya que al momento de burlarnos de algo que puede hacernos daño, hasta cierto punto quedamos por encima de esa amenaza. Por eso el humor negro en México es prácticamente una manera de ser; nosotros hemos cultivado ese humor como estrategia de sobrevivencia”.

Entonces, cuando Enrique Serna se dio cuenta de que el humor negro provoca esos sentimientos encontrados, buscó tener cierto grado de empatía emocional con sus personajes y al mismo tiempo observarlos irónicamente, lo que causaba un efecto de ambigüedad, porque sentía que los personajes cobraban vida.

“Tomarse en serio los sentimientos y emociones de personajes ridículos hacía que fueran seres vivientes, complejos, que existieran con autonomía de su autor y que al mismo tiempo pudiera reírme de lo que pasaba, es algo que me dejó una huella tan profunda que he seguido volviendo a este género, por lo general después de escribir una novela histórica, como me ocurrió con El seductor de la patria (1999), pues después escribí El orgasmógrafo (2001) y lo mismo me pasó ahora con El vendedor de silencio (2019) y Lealtad al fantasma“.

El cuento cruel es un género en el que Enrique Serna se siente libre, es como su patio de recreo; los cuentos de Lealtad al fantasma los escribió durante el confinamiento por la pandemia, porque es una disciplina en la que puede narrar y reírse de lo narrado. La mayoría de los cuentos ocurren en la época actual, por lo que no tuvo que hacer una investigación detallada, ya que son una sátira sentimental. Sus cuentos son comedias condensadas.

“He tratado de tomar en cuenta los sentimientos de mis personajes, a diferencia de lo que ocurre en la sátira, que no los toma en cuenta; tal vez hay momentos donde me ensañe con ellos, pero al mismo tiempo sufro —al parejo—, porque finalmente logro una identificación bastante fuerte, como notarán los que han leído Lealtad al fantasma y mis otros libros de cuentos”.

Decadencia

Algunos protagonistas de la obra se podrían percibir como decadentes, pero por parte de Serna no hay una condena moral hacia sus personajes: “Me identifico con ellos, por ejemplo en este libro hay una novela corta que se llama ‘Abuela en brama’ y como yo ya estoy en edad de la protagonista, puedo decir que la abuela en brama soy yo. Probablemente a algunos les puedan parecer decadentes, pero yo tengo simpatía por esos personajes”.

De igual forma, Serna no se apiada de sus personajes por un imperativo moral, sino que siente que si no se involucra emocionalmente con ellos el lector no se los va a creer. Para dar esa ilusión de vida (que es lo que persigue cualquier escritor) se debe lograr ese tipo de penetración, si no, el personaje se vuelve un monigote, sin vida.

Antes de finalizar la plática, Enrique Serna aclara que no es un escritor que juzgue a sus criaturas desde una superioridad moral: “Éste es un campo que en la literatura no da buenos resultados, yo me bajé de escuela de Juvenal, ya que por ese camino solo se llega al sermón. Lo que he procurado es entenderlos, mientras me río de ellos, de la misma manera que me río mí mismo”.— Alejandro Casanova

Alejandro Casanova Vázquez es Licenciado en Literatura Latinoamericana por la Uady. Ingresó a Grupo Megamedia en el año 2022. Ha sido editor y promotor de la lectura. Escribe contenidos culturales, especialmente sobre temas literarios.