El Taller de Ópera de Yucatán se ha transformado a lo largo de 20 años. Se fundó en 2003 y desde entonces ha pasado de ser un espacio para la práctica coral operística a un semillero de cantantes que, además, tiene la responsabilidad de acompañar destacados proyectos que le dan más presencia y relevancia al trabajo que realiza.
María Eugenia Guerrero Rada dirige el Taller desde que éste se formó. Es más, la originaria de Caracas vino a Mérida en 2002 específicamente para unirse al grupo. Cuenta que en ese entonces radicaba en Viena, donde llevaba ya seis años, cuando por casualidad conoció a la pianista yucateca Marielí Sosa Cáceres, quien le dijo que necesitaban a alguien como ella en la entidad.
Recuerda que le preguntó: “¿Hay playa?”, y es que ella ya estaba cansada del frío de la capital austríaca.
Decidió venir al Estado para unirse al proyecto del Taller cuando el Instituto de Cultura de Yucatán (ICY) lo dirigía Domingo Rodríguez Semerena. Durante sus primeros años el grupo fue parte del ICY —hoy Sedeculta— y tenía su sede en el Centro de Música “José Jacinto Cuevas”. Después, un tiempo estuvo bajo la administración de la Escuela Superior de Artes de Yucatán (ESAY) y luego volvió a estar bajo el cobijo de la Secretaría de la Cultura y las Artes, como hasta la fecha continúa.
Guerrero Rada recuerda que fue en 2003 cuando hicieron su debut. El Taller, añade, funciona como tal. Al principio cualquier persona podía ingresar sin importar su edad o experiencia en el canto, pero con los años se fue profesionalizando y actualmente para entrar se debe pasar por un filtro.
Considera que el nivel vocal de sus integrantes se ha elevado al punto de que ya no debería ser llamado Taller, sino un grupo artístico. Una decena de fundadores continúa asistiendo, a los que se suma una veintena más para hacer un total de 30.
Algunos llevan más de 15 años en la agrupación, por lo que han recibido amplia formación y se han fogueado en numerosas presentaciones.
“Hay alumnas que se fueron a estudiar a Europa y ahora son maestras”, revela María Eugenia Guerrero.
El Taller se divide actualmente en dos vertientes: la Ópera Lab, que participa en producciones no convencionales y es un espacio que propicia la investigación y la creación, y el taller de ópera coral, cuyos integrantes toman parte en los proyectos musicales a los que les invitan, como los programas de la Orquesta Sinfónica de Yucatán.
Tienen una “espinita clavada”: el Réquiem de Mozart, que en los últimos años se ha suspendido dos veces. La primera fue por la declaración de la pandemia de Covid-19 y la segunda, por el cese del maestro Juan Carlos Lomónaco como director artístico de la OSY a unos días de la función y el posterior cambio de la programación.
No obstante, ya se les contactó para retomar el proyecto, que debe presentarse en octubre próximo.
La primera colaboración que como Taller de Ópera tuvieron con la OSY fue en 2004 y desde entonces han intervenido en sus producciones de ópera y programas especiales, en ocasiones junto con la Orquesta de Cámara y el Coro Polifónico.
Desde la muerte del maestro Luis Luna Guarneros, quien se encargaba de la dirección del grupo coral que se reunía en esos eventos, es el Taller el que encabeza estas participaciones, al menos desde 2015.
Guerrero reitera que, debido al nivel que ya tiene el grupo, se le debería dar más apoyo para que tenga más proyección y presentaciones.
Espera que el Taller de Ópera de Yucatán tenga el reconocimiento que merece y para ello seguirán dando lo mejor de sí a fin de crecer como profesionales y brindar actuaciones de calidad.— IRIS CEBALLOS ALVARADO
