Para festejar el vigésimo aniversario de la constitución del Instituto Superior de Estudios Guadalupanos de la Arquidiócesis Primada de México —con reconocimiento de la Santa Sede—, se celebró un extraordinario Congreso Guadalupano titulado “Historia, fe y ciencia”.

En el evento, realizado del primero al tres de este mes, contó con la participación de reconocidos y prestigiados conferencistas mundiales, tuve el honor de presentar mi conferencia “La Virgen de Guadalupe y la ciencia” ante la presencia de más de 500 asistentes y miles de todo el mundo por internet.

En esta ocasión, por invitación que personalmente hice a Fray Stefano Cecchin OFM, presidente de la Academia Pontificia Mariana internacional del Vaticano, presentó en este congreso dos extraordinarias conferencias sobre la Virgen María que fueron recibidas con gran expectación, júbilo y fe por cardenales, obispos, sacerdotes y laicos presentes.

En el Congreso, Fray Stéfano vino acompañado por el Secretario de la Academia fray Marco Antonio Mendoza Martínez OFM.

La clausura del evento fue el domingo pasado con la celebración de la santa misa por el arzobispo primado de México, cardenal Carlos Aguiar Retes.

La eucaristía fue hermosa porque en el altar principal de la Basílica de Guadalupe, ante la portentosa imagen de Santa María de Guadalupe, se hizo la firma de un convenio de colaboración académica y científica entre la Academia Pontificia Mariana Internacional y el Instituto Superior de Estudios Guadalupanos.

La homilía del arzobispo cardenal Carlos Aguiar Retes se basó en la primera lectura del libro del profeta Jeremías: 20.7-9 que dice: “Me sedujiste, Señor, y me dejé seducir; fuiste más fuerte que yo y me venciste. He sido el hazmerreír de todos; día tras día se burlan de mí. Desde que comencé a hablar, he tenido que anunciar a gritos violencia y destrucción.

“Por anunciar la palabra del Señor, me he convertido en objeto de oprobio y de burla todo el día. He llegado a decirme: ‘Ya no me acordaré del Señor ni hablaré más en su nombre’. Pero había en mí como un fuego ardiente, encerrado en mis huesos; yo me esforzaba por contenerlo y no podía”.

Y del evangelio de San Mateo 15, 21-27: “En aquel tiempo, comenzó Jesús a anunciar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén para padecer allí mucho de parte de los ancianos, de los sumos sacerdotes y de los escribas; que tenía que ser condenado a muerte y resucitar al tercer día.

Pedro se lo llevó aparte y trató de disuadirlo, diciéndole: ‘No lo permita Dios, Señor; eso no te puede suceder a ti’. Pero Jesús se volvió a Pedro y le dijo: ‘¡Apártate de mí, satanás, y no intentes hacerme tropezar en mi camino, porque tu modo de pensar no es el de Dios, ¡sino el de los hombres!’.

“Luego Jesús dijo a sus discípulos: ‘El que quiera venir conmigo, que renuncie a sí mismo, que tome su cruz y me siga. Pues el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí, la encontrará. ¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero, si pierde su vida? ¿Y qué podrá dar uno a cambio para recobrarla?’.

“Porque el Hijo del hombre ha de venir rodeado de la gloria de su Padre, en compañía de sus ángeles, y entonces le dará a cada uno lo que merecen sus obras’”.

Ambas lecturas y la hermosa homilía nos dicen con claridad lo que el mensaje de la Virgen de Guadalupe nos participó a través de San Juan Diego “No tengan miedo, no estoy yo aquí que tengo el honor y la dicha de ser tu Madre”. Todo esto para que nosotros incluyéndote lector, ante esta época turbulenta, no dejemos de hacer llegar las palabras del evangelio de Cristo a toda persona en cualquier ambiente y tendremos la protección de su Santísima Madre.

Representante en Mérida del Instituto Superior de Estudios Guadalupanos. Fernandoojeda.com

 

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