Máscaras y títeres son parte de “El Ramayana (Pasajes desde las sombras)”, con Erika Torres y Nili Yamile, que lo ofrecerán bajo la dirección de Luis Martín Solís
Máscaras y títeres son parte de “El Ramayana (Pasajes desde las sombras)”, con Erika Torres y Nili Yamile, que lo ofrecerán bajo la dirección de Luis Martín Solís

El Ramayana es un “caramelo” para Erika Torres. Es una puesta en escena que reúne teatro, danza, títeres, máscaras y música, y donde junto a Nili Yamile cambia cada tres minutos de personaje.

El Ramayana es épica hindú escrita por el sabio Valmiki en el siglo III antes de Cristo,y esta versión sintetizada, subtitulada “Pasajes desde las sombras”, muestra los pasajes fundamentales de la historia. Esta versión para dos intérpretes parte de una adaptación más amplia realizada por Luis Martín Solís, como parte de su proyecto como miembro del Sistema Nacional de Creadores del Fonca en 2016.

“El Ramayana (Pasajes desde las sombras)” se presentará hoy y pasado mañana en el Centro Cultural Olimpo, a las 8 p.m. La entrada es gratuita y para mayores de 12 años de edad.

El Ramayana cuenta la historia del rey de Ayodia, Dasaratha, que tuvo tres esposas y cuatro hijos: Rama, Laksmana, Bharata y Satruña. Pero la madre de Bharata lo traiciona y le exige desterrar a Rama, el hijo preferido del rey, perdiendo la posibilidad de suceder en el trono a su padre.

Rama, avatar del dios Visnú, tendrá que vivir en el bosque durante 14 años, acompañado de Sita, su fiel y hermosa esposa y de su inseparable hermano Laksmana. El relato versa sobre el rapto de Sita por Ravana, el rey de los raksasas (demonios) y de cómo Rama fue ayudado por el mono semidivino Hanuman, quien la encuentra en la isla de Lanka, donde Ravana la tiene prisionera. Después de varias batallas, Rama rescata a Sita. La pareja se encuentra y regresa a Ayodia para la coronación de Rama, pero sucede un final inesperado.

El texto sintetizado son 27 cuartillas que tuvieron que aprenderse de memoria Nili y Erika en esta especie de “carrera de relevos” en el que dan voz al menos a diez personajes cada una. Erika interpreta a Ravana y Rama, dos personajes totalmente opuestos. Otro de los personajes principales es Hanuman, el mono semidivino, hijo de Vayu, el dios del viento.

“Es un personaje que puede saltar de la tierra a una isla, puede cambiar de forma a voluntad, y de tamaño, puede convertirse en mosco, siempre quise hacer ese personaje”, confiesa Erika, quien también interpreta a Hanuman.

El texto no es nada sencillo, aunque se trata de la mejor traducción al español del Ramayana, asegura Erika Torres.

“Es complejo, yo abro varios personajes y hay información que narran diferentes personajes en diferentes momentos, en diferentes voces y distintas corporalidades”, explica.

“Tenemos una velocidad impresionante para decir las cosas, en una hora pasa mucho, terminamos empapadas de sudor, es impresionante y apasionante, somos muy estudiosas y entrenamos mucho Nili y yo, nos damos tiempo para estudiar la historia, el contexto, saber muy bien lo que estamos diciendo, para un intérprete es un caramelo hacer esto, es una gran oportunidad”, confiesa Erika.

Nili Yamile y Erika Torres tienen diferentes edades, pues la segunda casi le dobla la edad a la primera.

“Queremos transmitir la idea de que podemos estar en escena dos intérpretes de diferentes generaciones; eso es común en teatro, tenemos el gran ejemplo de Ana Ofelia Murguía que hizo del bufón del rey Lear con más de 70 años de edad”.

“Yo quiero hacer teatro toda la vida, te forma como individuo, conoces la naturaleza humana, te vuelve una persona capaz de ver el mundo ampliamente, con muchas opciones, admiro mucho a la gente de teatro, en todo el mundo”.

Títeres sagrados

Además de memorizar textos con toda la complejidad que amerita, Erika y Nili han estudiado por separado cada lenguaje, pues hay títeres de sombra, otros que no son de sombra, planos, bocones, goleg, máscaras, y cada uno implica una forma distinta de moverse y hablar.

“Los títeres de sombra están hechos de estireno, deberían ser de piel de buey, los que son sagrados se hacen de piel de buey calcinado por un rayo o tienen un pedacito del talón del titiritero una vez fallecido, son títeres que tienen alma. Nuestra producción, aunque es contemporánea, es un poco ritual en el manejo de las piezas”.

Erika explica que el manejo de las sombras cambia según la fuente de luz.

“El trabajo de títeres de Ernesto López es impresionante, el calado de las piezas es complejo. Nuestra producción es bellísima y carísima, la gente toma vídeos y fotos desde que comienza, están fascinados”.

Las murmuraciones

En el Ramayana, todos los conflictos surgen por intrigas y murmuraciones de personajes malintencionados, como Surpanaka, que se enamora de Rama, pero como la rechaza hace que el rey Dasharatha lo destierre.

En otro momento, las intrigas hacen que Rama dude de la fidelidad de su esposa, Sita, y la haga caminar sobre el fuego para probar su pureza.

Erika comenta que la era de Rama, de las murmuraciones en todos los niveles, es la que estamos viviendo. “Algo que mata a la humanidad es escuchar y creer una murmuración”.

“Después del Ramayana el libro que sigue es el de Sita, ahí no hay guerras y las murmuraciones no afectarán la seguridad de las personas, pero, aun con todos los siglos que han pasado, no hemos llegado a esa era”.

El equipo de producción

Luis Martín Solís, el director de esta versión del Ramayana, se especializa en títeres del mundo, y la asesora en danzas asiáticas, Jéssika Gámez, vivió en Asia muchos años y habla indonesio; el músico Pablo Mondragón, quien creó el universo sonoro de este montaje, usa instrumentos originales del Gamelán (orquesta) asiático en el que tocó un año en la embajada de Indonesia y es fanático del Ramayana. Todos estaban empapados en la obra de una manera u otra.

En la obra hay danzas de Indonesia, para lo cual Nili Yamile y Erika entrenaron en el arte marcial más antiguo del mundo, el Kalari Payat, de Kerala, que Erika estudió en Bruselas.

“El Ramayana (Pasajes desde las sombras)” ya se han presentado en Irapuato y en el Mérida Fest. La quinta y sexta funciones, gratuitas, son hoy miércoles y pasado mañana viernes en el Olimpo.

De la danza a la ópera

Erika Torres es bailarina y coreógrafa. Fue miembro de la Compañía de Danza Contemporánea de Yucatán, La Fura dels Baus (España) y la compañía Marian del Valle (Bélgica). Realizó estudios con Tim Wendgerd, Christine Dakin, Javier Torres, Tulio de la Rosa, Luis Rivero, Alwin Nikolais, Steve Paxton y Nancy Topf, entre otros. Ha realizado residencias con el Wuppertaler Tanz Theatre de Pina Bausch, en Rosas de Anne Therese de Keersmaeker y en el Odin Theatre de Eugenio Barba. Por sus estudios de investigación de danza y sonoridad corporal ha sido alumna y corista de Ida Kelarová.

“Todo el panorama se fue dando para que yo hiciera teatro y así llegó la ópera, comencé haciendo iluminación, coreografía y vestuario, y últimamente comencé a co-dirigir, ahora lo haré con la Compañía Nacional de Ópera con ‘L’elixir d’amour’, en diciembre próximo”.

“Llegar a la ópera es mi sueño dorado, es música, orquesta, teatro, el arte total que le llaman, estuve como actriz y bailarina pero ahora es otro músculo que entrenar el co-dirigir”.

Acerca de la diferencia entre la coreografía para ópera y la de teatro, explica que no es lo mismo trabajar con el coro y los solistas en la ópera.

“Puedes aprovechar a los más desinhibidos, porque no todos los del coro disfrutan estarse moviendo; con gente joven puedes trabajar con más rigor. Hay coros que desean estar en escena, en Bellas Artes el coro es grandísimo y con muchísima experiencia, de diferentes edades todos, es maravilloso trabajar con ellos. Con los solistas, algunos tienen más posibilidades como actores y como bailarines. En Bruselas, por ejemplo, recuerdo que el Orfeo era excelente bailarín y actor, Trisha Brown era la coreógrafa haciendo una dirección de ópera supercoreográfica, y al verla supe que eso era lo que yo quería hacer”.

“En nuestro equipo estamos buscando todo el tiempo situaciones escénicas, por ejemplo, el coro de ‘La Traviata’ no es ‘todos vamos a la fiesta’, sino quién enamora a quién, buscamos individualidades en las masas corales, si son amigos, si son enemigos, cuando llegamos a trabajar ya tenemos una propuesta de quién va a hacer qué y qué relación tienen en cada una de las escenas; se vuelve muy divertido, el público agradece que todo el tiempo estén sucediendo cosas, que no se pare la escena, mantener la energía para que el fotógrafo tenga buenas imágenes, la búsqueda estética total, es otro punto importante”.

Para Erika Torres es un placer, aparte de trabajar en Bellas Artes todos los días, ver al equipo, ver que todos brillen.

“Me encantan los ensayos, el intérprete entregado a tu dirección, te vuelves el espectador de todos los momentos a altos niveles como director. Sé que van a traer (a la Ópera de Bellas Artes) al bajo Noe Colin, al tenor Diego Silva, dos mexicanos que están triunfando en el extranjero”, revela.

“L’elixir d’amour” que estrenará Erika en diciembre es su tercer trabajo en la Compañía Nacional de Ópera junto al “gran director de escena Luis Martín Solís, trabajar con él como colega y seguir aprendiendo ha sido muy grato”.

Erika Torres se la pasa entre Mérida, su ciudad natal, y Ciudad de México.

“En la Compañía Nacional de Ópera trabajamos con directores de varios países, ahora trabajaremos, para ‘L’elixir’, con el director de la Orquesta Sinfónica de Atlanta (Robert Spano), pero hemos trabajado con Sébastien Rouland, de Francia, y con directores mexicanos como Iván López Reynoso, Rodrigo Cadet, Juan Trigos, Víctor Rasgado, Ramón Shade…”

“Siento que todavía me queda mucho por explorar…”.— Patricia Eugenia Garma Montes de Oca

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