“La perfección es un paradigma destinado a mantenernos luchando, aprendiendo y creciendo”.— Richelle E. Goodrich.

A Emilia Tavares

Dentro del mundo del arte contemporáneo, se podría definir a éste como un proceso en el que intervienen tres elementos: un productor (artista), una obra y un observador (público); y es así como, al observar cualquier manifestación artística se puede comprobar que los cambios de las formas en que cada uno por separado de estos tres elementos pueden ser demostrativos de transformaciones de paradigmas artísticos.

La historia del arte, en particular la primera mitad del siglo XX, nos otorgó con una celeridad insólita a las llamadas vanguardias artísticas, y los claros ejemplos son: 1904-Fovismo, 1905-Expresionismo, 1907-Cubismo, 1909-Futurismo, 1910-Abstracción lírica, 1914-Constructivismo, 1915-Suprematismo, 1916-Dadaísmo, 1917-Neoplasticismo o De Stijl, 1924-surrealismo, etc.

Estas vanguardias fueron experiencias grupales más o menos organizadas, en las cuales los artistas suscribían una misma agenda estética e ideológica, aparejado al progreso científico e industrial, que contrastó radicalmente con la academia artística o la tradición plástica. En efecto, el arte contemporáneo tiene que ver con las transformaciones que se dieron a lo largo del siglo XX y el paradigma artístico iniciado con el Renacimiento cinco siglos antes, y que comenzó expandiéndose hasta nuestros días como una dinámica transformadora en las propuestas de la fotografía, arte conceptual, el “performance”, el arte tecnológico, entre otros.

Sin embargo, la aceptación de una obra de arte o de una forma de trabajo que no comprendemos o no queremos comprender, muchas veces está ligada a creencias contradictorias sobre lo que pensamos, lo cual ha sido en la historia del arte una permanente oposición a nuestras formas de ver y comprender; a ésta se le denomina “disonancia cognitiva” (definida así por el psicólogo León Festinger) y es responsable de muchos de los sentimientos de intranquilidad y tensión que a veces enfrentamos frente a aquello que no se alinea con nuestras creencias, actitudes y valores predeterminados.

En ocasiones, las personas pretenden apaciguar esta molestia de diferentes maneras, ya sea explicando las cosas o rechazando información nueva que contradice sus creencias existentes, esta reducción o intento de la misma es conocido como “principio de la consistencia cognitiva”. Es importante destacar que, no todas las personas experimentan disonancia cognitiva al mismo nivel, ya que algunas tienen una tolerancia más alta a la incertidumbre e inconsistencia, y pueden experimentar menos disonancia cognitiva que aquellos que requieren consistencia; en ocasiones, ésta puede ser resuelta a través de optar por “hacer trampas” para hacer que desaparezca, es decir, manipular nuestras propias ideas y creencias para hacer que encajen entre sí de manera aparente, creando la ficción de que la aparición del malestar de la disonancia cognitiva no tenía razón de ser.

En nuestra sociedad, la falta de una educación artística, particularmente visual, ha impedido que podamos comprender el arte actual, a pesar de que existen muchos creadores que están surgidos de las dos escuelas de arte a nivel superior en nuestra Entidad (la Escuela de Artes Visuales de la Universidad Autónoma de Yucatán y de la Escuela de artes visuales de la Universidad de las Artes del Gobierno del Estado de Yucatán).

Es pertinente decir que, quizás a muchos les parezca contradictorio cuando se juntan los conceptos de “arte tradicional” y “tecnología”, pero lo cierto es que ambos conceptos se han venido complementando mutuamente de extraordinaria manera: el primero para aprovechar las ventajas del segundo y este, de alguna forma se apoya en su estética y creatividad para continuar avanzando e innovando, creando así también un arte basado en el diseño y en los procesos de digitalización.

Por lo tanto, la preservación de los espacios museales que permitan ver otras propuestas actuales a los visitantes, así como un verdadero y un significativo apoyo económico, apuntala en mucho a la educación artística y al cambio de los paradigmas creativos en una sociedad que pretende ser contemporánea.

Curador

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