El 7 de noviembre se celebra el Día del Merlot. Por su color intenso y profundo, con marcadas tonalidades rubíes y ribetes púrpuras, se le llama como al mirlo, que sobrevuela la región bordelesa.
La comparación entre las plumas bien negras y los racimos dieron como resultado el nombre Merlot. Una manera poética de enaltecer las bondades de una uva que conquista los paladares sibaritas más exigentes.
Otro dato interesante de la cepa Merlot es que empezó a tomar protagonismo a mediados del siglo XIX. Ocupa actualmente un 14% del área vitícola francesa. Después de la Cabernet Sauvignon, es la cepa más plantada a nivel internacional, con alrededor de 270,000 hectáreas.
En nuestro país, el Merlot representa el 8% de variedades tintas cultivadas, siendo ése el porcentaje de la superficie total. Hay más de 600 hectáreas plantadas. Su versatilidad al adaptarse a diferentes terruños es, realmente, digna de destacar.
Los vinos elaborados con Merlot son suaves, delicados, de una excelsa fineza aromática y de notable calidad. Su color rojo rubí intenso con tonalidades violáceas es una marca registrada.
Aquellas etiquetas pensadas para una guarda prolongada suelen presentar un color más oscuro que los elaborados para beber jóvenes. Entre los aromas clásicos destacamos los frutos rojos. Frutilla, frambuesa, mora, grosella, guinda, cereza, ciruela y casis son sus notas típicas, en gran sintonía con alguna reminiscencia piracínica (pimiento rojo) o especiada, toques florales (la violeta está delicadamente presente) y, si tiene crianza, el cuero y las notas ahumadas se hacen presentes con prestancia.
¿Por qué afirmamos que el Merlot es una variedad amable, elegante y versátil? Porque no es astringente ni tiene una pronunciada cantidad de taninos. Sus exponentes son redondos, equilibrados, balanceados y, cuando son jóvenes, son un deleite para el paladar por su sedosidad.
A medida que pasa el tiempo, el Merlot pensado para evolucionar se redondea y sus frutos rojos pasan a ser uvas pasas, en armonía con sutiles toques mentolados y pimientos dulces. Su guarda y posterior estiba hace que esta variedad fantástica de uva madure de manera óptima y se haga compleja.
Aquellos aromas frescos y frutados darán paso a la elegancia. En definitiva, el Merlot puede beberse joven o en unos años poscosecha, si es que tuvo paso por barricas. Su suave textura, sus taninos amables y su sabor persistente en boca hacen de este varietal uno de los más buscados y consumidos por los paladares de los amantes del vino de todo el planeta.
Su atrapante seducción lo hace tan misterioso como atractivo.
Y, para cerrar, qué mejor que una copa de Merlot con algo de mucbipollo recalentado de estos días. Hasta la semana que viene.
