“Lo importante es la experiencia del viaje, sentirse otro un ratito, ver las cosas desde afuera un ratito, conocerse a uno mismo en soledad y a la distancia. No todo mundo tiene que ser un migrante, pero todo mundo puede ser un viajero, el migrante es el que sabe que no va a volver”, dice el poeta Manuel Iris, que hace 18 años dejó Yucatán para estudiar un posgrado en Estados Unidos.
Licenciado en Literatura Latinoamericana por la Universidad Autónoma de Yucatán (Uady), Iris es maestro en Literatura Hispanoamericana por la Universidad Estatal de Nuevo México (Estados Unidos), y doctor en Lenguas Romances por la Universidad de Cincinnati, de la que fue nombrado Poeta Laureado en abril de 2018.
“Estudien un doctorado, en Estados Unidos, en Europa, donde sea, no tienen que quedarse, yo me quedé porque conocí a mi esposa”, dice el integrante del Sistema Nacional de Creadores de Arte (SNCA) desde 2021.
Además de su esposa, el nacido en San Francisco Campeche conoció en Estados Unidos la Biblioteca de la Universidad Estatal de Nuevo México, “que tiene todos los libros que puedas imaginar”, y el desierto.
“Uno de los hallazgos de mi vida fue el desierto, ver ese Sol, ese cielo, entender la arena que no era mar, algo dentro de mí cambió. Luego, llegar a Cincinnati, vivir en inglés, con frío y nieve, también fue importante; entender mi literatura como un poeta latinoamericano, porque me sentía mexicano, y más yucateco, pero aquí he sido forzado a pensarme latinoamericano, porque mis amigos son de varios países; ahora que leo en inglés y español ya me pienso un poeta, a secas”, dice.
Iris, quien acaba de cumplir 40 años de edad, recomienda estudiar un posgrado mientras se es joven.
“Irse es difícil pero es peor si eres mayor. Por ejemplo, yo llegué de 22 años a Estados Unidos, era joven y no tenía ningún lazo que me atara, era soltero y sin hijos, podía aventurarme y ver qué pasaba; pasé pobreza, comía papas hervidas y los domingos iba a una iglesia donde almorzabas por un dólar”.
“Llegué sin ahorros, si bien tenía la beca de la Universidad de Nuevo México, en Las Cruces, que cubría estudios y daba un pequeño dinero para el alojamiento, mi familia no me podía ayudar con nada, es más, cometí el error de mandar dinero a México cuando apenas tenía para mí. Cuando eres joven todo eso es una aventura, el cuerpo aguanta eso y más, sólo necesitaba para libros y libretas; ahora pienso en mi vida familiar, en la vida de mi hija”, reconoce.
Iris es maestro de una escuela preparatoria de Cincinnati y da clases como profesor invitado en algunas universidades, pero está dedicado a la creación poética.
“A diferencia de colegas como Fernando de la Cruz y Jorge Manzanilla, que cuando llegaron a Estados Unidos ya eran conocidos, ya tenían premios y libros publicados, yo no, todos mis libros los he publicado desde Estados Unidos, empezando por ‘El cuaderno de los sueños’ (Premio Nacional de Poesía Mérida, 2009), con el que me di a conocer nacionalmente. He publicado casi en puras editoriales con distribución nacional, a pesar de no estar en México”.
Hace cinco años, cuenta, comenzó una nueva etapa para él cuando empezó a publicar en inglés y español y lo nombraron Poeta Laureado en Cincinnati. Además, en 2018 obtuvo los reconocimientos al mejor libro de poemas y mejor traducción en los International Latino Book Awards, en Los Ángeles, California, con su primera antología bilingüe “Traducir el silencio/Translating Silence”.
“Es más difícil publicar en Estados Unidos que en México porque todo es privado, nada lo subvenciona el gobierno, mientras en México hay una hiperinstitucionalización de la cultura, y la prueba es que los premios literarios en Estados Unidos dan muy poco dinero, mientras que en México hay premios de 70 mil pesos, el de Aguascalientes es de 600 mil, el Sistema Nacional de Creadores te da un millón de pesos dividido en tres años; la FIL (de Guadalajara) da 300 mil pesos en su Premio de Literatura en Lenguas Indígenas; la beca para Jóvenes Creadores es un apoyo mensual. Eso no existe fuera de México, no hay en otro país del mundo que tenga todo eso, pero a los artistas mexicanos les encanta quejarse de México”.
Sin embargo, todo eso no es del todo bueno, porque, considera, “hay mucha gente publicando malos libros y hay una competencia muy fuerte por los estímulos y por engordar el currículum; es un espacio viciado, no hay trabajos pero hay becas, no debería ser así, el artista no debería necesitar becas para vivir con dignidad, lo que necesita es un trabajo”, concluye.
Al igual que Manuel Iris, otro yucateco, Fernando de la Cruz Herrera, radica en Estados Unidos, donde estudia un doctorado en Español, específicamente en literatura, en la Universidad de California-Irvine.
Su maestría, también en Español, la cursó en la Ohio University, donde se especializó en Literatura y Lingüística.
Fer de la Cruz eligió Irvine por el maestro Jacobo Sefamí, experto en poesía, además de que esa universidad tiene un programa muy abierto porque combina la literatura con otras disciplinas creativas, es multidisciplinaria.
Por ejemplo, las clases son de literatura y música, o literatura y filosofía. En teoría musical, por ejemplo, “mucho de lo que damos por sentado en poesía, la idea de que está más allá del lenguaje en lo indecible o inefable en el silencio poético, es una idea del siglo XIX que se aplicaba a la música de Wagner, eso no te lo dicen en la licenciatura ni en talleres literarios, nunca lo había visto; gracias a esa materia hice un análisis poético a partir de paisajes sonoros”.
Otra clase es literatura y teoría de la guerra, desde Aristóteles hasta Maquiavelo: literatura y espacios, donde aprendió a hacer un topoanálisis, la importancia del entorno rural, urbano, las sombras, las luces, los rincones, los sonidos, “un rincón puede ser un personaje”.
Fer de la Cruz también ha entendido mejor a Latinoamérica a través de la teoría crítica cultural, cuestiones como cosmopolítica, la concepción de los pueblos originarios en la realidad latinoamericana actual, y se está enfocando en la poética maya contemporánea.
El yucateco ya hizo una traducción poética de “Los cantares de Dzitbalché”, que se puede interpretar, ya que son canciones en versificación de arte menor con un esquema métrico rítmico con muchísimas figuras retóricas universales y propias de Mesoamérica. También usó versos de arte mayor, que no se pueden cantar, son más largos.
Antes de la de Fer, la única traducción que había en español (ya había dos en inglés) era del antropólogo Alfredo Barrera Vásquez, que no es poética. La del poeta se encuentra parcialmente en su libro “Pero el mar no es de fiar” y la completa está por salir en un libro compilado por Galina Gavrílovna Yershova, directora del Centro para la Investigación de Mesoamérica de la Academia Rusa de Ciencias en el Instituto de Arqueología de la Universidad Rusa para las Humanidades.
Para Fer, publicar en Estados Unidos o en México es lo mismo, pues depende de dónde y cómo quieras publicar.
“A mí se me ha facilitado trabajar con colegas que tienen editoriales independientes propias, si gano un concurso que implique la publicación con una editorial, bueno, eso solo con paciencia”.
“Mi experiencia como escritor va de la mano del doctorado, pero además me he ido conectando con diferentes grupos culturales y movimientos independientes”, explica.
La competencia para publicar, dice, es mucho mayor en Estados Unidos porque hay muchas propuestas, “hay infinidad de universidades que tienen un programa de inglés que incluye escritura creativa, salen guionistas, narradores, poetas, aparte de las escuelas de periodismo de las que también sale gente que escribe, entonces si sacan una convocatoria para seis libros de poesía y reciben 150 manuscritos es difícil quedar, muchos trabajos son de buena calidad”.
“No solo basta que un libro esté bien escrito, sino que tenga algo que interese a las comunidades lectoras”.
A Fer le faltan dos años de cinco para terminar su doctorado, y después buscará trabajo en Estados Unidos o cursar un postdoctorado.
“El mercado laboral es complicado, si me quedo será por un tiempo porque mi familia y mi hijo están en Mérida”.
Fer recomienda que los que quieran estudiar un posgrado en Estados Unidos, más que una beca, tienen la garantía de un trabajo enseñando en la misma universidad y vivienda subsidiada. Además, hay programas de alcance para comunidades vulnerables.
Las solicitudes para entrar a cualquier universidad, sugiere Fer de la Cruz, hay que tomarlas muy en serio, pues incluyen declaración de logros, propósitos, objetivos, se requiere el examen Toefel, pues, si bien la mayoría de las clases son en español, hay lecturas en inglés y algunas clases en ese idioma.— Patricia Garma Montes de Oca
Manuel Iris: “En México hay mucha gente publicando malos libros y una competencia muy fuerte por los estímulos oficiales y por engordar el currículum”
