Edward Shawcross con un ejemplar de su libro “El último emperador de México”, sobre Maximiliano
Edward Shawcross con un ejemplar de su libro “El último emperador de México”, sobre Maximiliano

BARCELONA (EFE).— El historiador británico Edward Shawcross, autor de una biografía sobre el emperador Maximiliano de Austria (1832-1867), cree que de haberse consolidado aquella monarquía del siglo XIX “México habría respetado más al mundo indígena de lo que lo hizo el porfiriato, y se habrían estrechado más las relaciones con Europa”.

Shawcross califica aquella aventura imperial mexicana de “tragedia, ópera bufa y drama político”, resultado de “la confluencia de varios factores que convirtieron a México en un campo de batalla que tuvo repercusiones en el futuro de Latinoamérica”.

Unos hechos que sucedieron, además, en medio de un debate general entre republicanismo y monarquía, en un momento en el que Estados Unidos era una potencia ascendente y en México tenía lugar el enfrentamiento entre liberales y conservadores.

Los protagonistas

Además de los hechos y el contexto, el historiador británico subraya la importancia de los protagonistas.

“Maximiliano, archiduque de Austria, que acepta la corona mexicana; Carlota, su esposa, que es una mujer muy decidida; Napoleón III, emperador de los franceses, que impulsa este proyecto de la monarquía mexicana y que es un instigador muy dado a las conspiraciones, y la figura heroica de Benito Juárez, que se opuso a la invasión francesa y el imperio mexicano”.

El programa político de Maximiliano pretendía, según Shawcross, “fusionar los dos partidos mexicanos, que acababan de protagonizar una guerra civil entre 1857 y 1861”, pero su visión del mundo “era bastante opuesta”.

“Los liberales querían modernizar México y para ello pretendían reducir el poder de la Iglesia y nacionalizar la propiedad eclesiástica, mientras que los conservadores consideraban la tradición católica como la esencia del país”, señala el autor, que recuerda que cuando Maximiliano llegó en 1864, por iniciativa de los conservadores, “su capacidad de mediación es limitada por esos antecedentes”.

Según la biografía, publicada por Ático de los Libros, la conspiración que llevó a Maximiliano al otro lado del Atlántico se gestó en México, aunque se incubó en la corte de Napoleón III.

Las tropas de Bonaparte invadieron territorio mexicano en 1862 y plantearon el mayor desafío del siglo a la Doctrina Monroe, la política estadounidense que prohibía la intervención europea en el continente americano luego del colapso y derrota del imperio español.

Un trágico final

Cuando Maximiliano confirmó algunas de las reformas de Juárez, los conservadores, que eran sus valedores, le retiraron su apoyo y lo dejaron “totalmente aislado”.

Sin embargo, agregó, “también fracasó porque llegó apoyado por tropas extranjeras y así la población lo vio como una imposición”.

Asimismo, sufrió “las prácticas brutales de contrainsurgencia que Francia había perfeccionado en Argelia, con torturas y ejecuciones extrajudiciales”.

En una carta, el comandante francés de las contraguerrillas, Charles du Pin, escribió: “Qué guerra tan atroz estamos librando en México, si yo fuera mexicano odiaría a los franceses e intentaría vengarme”.

Incluso fue determinante para que no se consolidara el Segundo Imperio mexicano el hecho de que “la ocupación del territorio por las tropas francesas fue lenta, casi un año y medio desde el desembarco en Veracruz”.

Y seis meses después de la llegada de Maximiliano acabó la Guerra de Secesión de Estados Unidos, país que exigió a partir de entonces al gobierno francés que retirara su apoyo al emperador mexicano, “cosa que hizo para no entrar en guerra con ellos”.

La parte trágica de la historia llega en 1867, cuando Maximiliano es capturado en Querétaro, procesado y finalmente fusilado junto con los generales Miguel Miramón y Tomás Mejía, “a pesar de que las cancillerías extranjeras, incluida la de Estados Unidos, pidieron que fuera indultado”.

Para su próximo ensayo, Shawcross prepara una nueva biografía, en esta ocasión de Napoleón III, sobrino de Napoleón Bonaparte.

De un vistazo

Relaciones con Europa

Edward Shawcross, autor de “El último emperador de México”, considera que nuestro país “habría respetado más al mundo indígena de lo que lo hizo el porfiriato, y se habrían estrechado más las relaciones con Europa”.

Prácticas brutales

Asimismo, afirma que la gestión de Maximiliano de Habsburgo, quien confirmó algunas de las reformas de Benito Juárez, resultó afectado por “las prácticas brutales de la contrainsurgencia que Francia había perfeccionado en Argelia, con torturas y ejecuciones extrajudiciales”, que influyeron en la falta de apoyo popular.

Lentitud

Incluso, añade, fue determinante para que no se consolidara el Segundo Imperio mexicano el hecho de que “la ocupación del territorio por las tropas francesas fue lenta, casi un año y medio desde el desembarco en Veracruz”.

Noticias de Mérida, Yucatán, México y el Mundo, además de análisis y artículos editoriales, publicados en la edición impresa de Diario de Yucatán