Las Misioneras Hijas de la Madre Santísima de la Luz fue la primera congregación yucateca y recientemente celebró 50 años de su aprobación diocesana, aunque la historia de la institución suma en realidad 77 años.

Todo instituto religioso lleva un proceso para su conformación, el primer paso es cuando el fundador solicita el permiso al arzobispo, en este caso fue el sacerdote yucateco Juan Pablo Góngora Alvarado, Siervo de Dios, quien se acercó al prelado Fernando Ruiz Solórzano.

Él solicitó permiso para convocar a señoritas que querían ser religiosas de Motul y el Arzobispo simplemente le dijo: “Hágalo usted”, contó Gloria Mariza López Solís, superiora general de las Misioneras Hijas de la Madre Santísima de la Luz.

La historia de las Madres de la Luz, como se le conoce a la congregación, se inició en 1946 en Motul con cuatro mujeres, de las cuales dos perseveraron.

Al fundador, nacido en Chapab de las Flores, se le conoce como “papá Juan”, quien sintió que Dios le encomendó comenzar una institución para su servicio.

Después de reunir a las jóvenes que sentían el llamado, el 31 de octubre de 1948 el sacerdote Juan Pablo Góngora recibió el primer documento oficial, conocido como Pía Unión.

La Pía Unión es un grupo de mujeres piadosas que están en el proceso de discernimiento, junto con el fundador, para empezar a trazar caminos hacia lo que Dios quiere.

“Pasaron unos años más y el 19 de diciembre de 1973 se les dio la aprobación diocesana”, continuó. “Es cuando ya empieza a tener formalidad; con el derecho de la aprobación diocesana ya lo hicieron públicamente (sus votos perpetuos) 25 religiosas en la Catedral”.

Luego de haber sido reconocidas por la diócesis, se dio otro paso fundamental: la aprobación de derecho pontificio, recibida el 1 de noviembre de 1988.

Para obtenerla es necesario tener las constituciones (donde se plasma el carisma y la espiritualidad de vida), Roma las analiza y solicita la aprobación de los obispos de la diócesis y de los lugares donde misionen.

El día que recibieron la aprobación fue motivo de una gran fiesta y cada año conmemoran el 1 de noviembre junto con la fiesta de Todos los Santos. “La Santa Sede designa esta fecha para pedir la intercesión de los santos para nuestro instituto”.

El carisma del instituto es el “anhelo ardiente de participar en la salvación de la humanidad con la sencillez de María; tratamos de imitar el amor a la Santísima Virgen y sus virtudes: la sencillez, la humildad y la santa alegría”.

La congregación ha sumado 187 religiosas, de las cuales 37 han fallecido, entre ellas la cofundadora.

La congregación tiene 150 religiosas.

La institución está presente en Yucatán, Quintana Roo, Chiapas, Campeche, Jalisco y Tamaulipas, y ha llegado a otros países, entre ellos Belice, Argentina y Estados Unidos, e, incluso, al continente africano, que ha sido la misión más lejana y de mucho significado; pues ahí cumplieron el 19 de diciembre pasado 40 años de presencia.

Las vocaciones

Admitió que la disminución de las vocaciones para la vida consagrada, sacerdotal y laical les ha afectado y uno de sus deseos es tener más vocaciones para seguir misionando en otros lugares lejanos como ya han hecho.

“Las vocaciones surgen de las familias y si las familias infunden valores en los hijos va a haber vocaciones”.

A pesar de esta situación, “la congregación está muy viva, activa, llevando la Palabra de Dios”.

Tener 150 religiosas en la congregación es un número bajo “porque la mies es mucha y los obreros son pocos, yo les pregunto a las familias: ‘¿Oran por las vocaciones?’, y todos me dicen que sí, luego les hago otra pregunta: ‘¿Y cuando usted ora por las vocaciones le dice a Dios: Señor dentro de mis hijos o mis nietos, toma todos los que tú quieras para que te sirvan’ o les dices: ‘Danos vocaciones pero agarra los hijos del vecino, no de los míos porque quiero nietos’? Y yo les digo que es importante orar y ofrendar”.

Aunque este mes celebraron 50 años de la aprobación diocesana, la realidad es que cumplen 77 años de historia con el deseo de seguir expandiéndose frente al reto de contar con más vocaciones. “Estoy convencida de que cada una de las madres hace su mayor esfuerzo por vivir la fidelidad, a lo que libremente se comprometió”.

Vida consagrada

En el marco del 50o. aniversario de la aprobación diocesana de la congregación también celebraron 25 años de vida consagrada Sabina Chimal Itzá, Helena Tumbo, Minerva Virginia Nicholson, Flavia Uc Noh y Fátima Lugo Zozaya. Además, celebraron 40 años de vida consagrada Lourdes de Jesús Hau Caamal, Adela de la Cruz Cupul González y las hermanas Norma Josefa y Teresita de Jesús Ayala Loría.— CLAUDIA SIERRA MEDIINA

Religiosas Testimonios de vocación y fe

Integrantes de las Misioneras Hijas de la Madre Santísima de la Luz dan sus testimonios:

Entrega mayor

Alba Rocío de León Sánchez, de Chiapas, del noviciado de la congregación, decidió entrar a la orden porque Dios tocó su corazón por medio del testimonio de las Madres de la Luz. “Yo siempre estaba sirviendo en mi pueblo, pero sentía que podía dar más, estar cerca de Dios”.

La voluntad de Dios

Martha Elizabeth Díaz de León, también de Chiapas, de 23 años de edad y del noviciado, ha llevado un proceso de dos años de postulante. “Estamos acá para el discernimiento, buscando hacer la voluntad Dios y preguntando: Señor qué quieres de mí”.

Dios, su fuerza

Mirna María Puc Dzib, con 25 años de vida consagrada, dijo estar “muy agradecida con Dios por el llamado, pero también por mi fidelidad; su misericordia y su ternura es lo que ha sostenido”.

Emanan alegría

Flora Estebana Baas, con 25 años de vida consagrada, ingresó a la congregación porque veía a las Madres de la Luz muy felices. “Me llamó mucho la atención, su alegría, su entusiasmo, su entrega completa a Dios; yo dije ‘quiero ser como ellas’.

Sin miedo

Reina Barajas Romero, con 25 años de vida consagrada, animó a las jóvenes con inquietud por la vida consagrada a no tener miedo. “Dios está siempre con nosotros, que cierren los ojos, se avienten a la nada porque realmente Dios es maravilloso, tierno y fiel”.

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