La observación del eclipse anular de Sol, el 14 de octubre en Cancún
La observación del eclipse anular de Sol, el 14 de octubre en Cancún

Para nadie es un secreto que los mayas tenían amplio conocimiento sobre los astros, pero había la duda respecto a si sabían predecir los eclipses o solo los registraban.

Con el fin de resolver esta incógnita, Eddie Salazar Gamboa, investigador y astrónomo, realizó un análisis de los datos que los mayas dejaron consignados para determinar qué tan probable es que su conocimiento sobre el cosmos les permitiera pronosticar los eclipses.

Para ello se basó en un registro que se plasma en el Códice Dresde: un calendario de esos fenómenos.

Esa anotación se inicia en el día 5374 y se termina en el día 11958. En dicho calendario, de la llamada cuenta larga, se puede observar cómo los mayas se basaron en los ciclos de saros para registrar los eclipses.

Los babilonios seguían ese ciclo al igual que los sirios, en ambos casos antes de Cristo. Y también lo conocían los mayas, aunque no le llamaban saros.

Hoy se sabe que los eclipses se repiten cada 18 años, tal como lo marca el ciclo de saros, que se refiere a esa frecuencia de repeticiones.

Para ejemplificar esto, el investigador recuerda que el 7 de marzo de 1970 ocurrió un eclipse de Sol en Oaxaca, el cual pudo ver, ya que acudió junto con un grupo de alumnos y maestros del CUM, el Colegio Americano y la Modelo. Dos autobuses los llevaron directamente a Oaxaca para ver el fenómeno.

Un fenómeno igual se repetirá el 8 de abril de 2024, es decir 54 años después, lo que equivale a tres ciclos de saros (tres veces 18 años).

Un saro abarca 223 lunaciones y 6,585 días. En el Código Dresde, el registro de estos ciclos o repeticiones de eclipses se puede observar de manera clara.

Salazar Gamboa detalla que los mayas se dieron cuenta que los eclipses se pueden presentar cada seis lunaciones (177 días), cada cinco lunaciones (148 días) o una lunación (30 días), pero nunca ocurren después de dos, tres o cuatro lunaciones.

Añade que el promedio de una lunación es de 29.53 días, pero en el caso de los mayas, debido a que no usaban decimales, se contabilizaban las lunaciones cada 30 días.

Indica que el 14 de octubre de este año se registró un eclipse de Sol y el siguiente fenómeno de este tipo será el 8 de abril de 2024, con lo que el intervalo entre uno y otro será de 177 días o seis lunaciones. El 2 de octubre de 2024 habrá un eclipse más, también con una diferencia de 177 días respecto del que tendrá lugar en abril, solamente que éste se verá en la parte sur de la Tierra.

El 29 de marzo de 2025 se registrará otro eclipse, lo que equivale a cinco lunaciones a partir del que se tendrá en octubre de 2024.

Para mostrar cómo ocurren las repeticiones de los eclipses y los ciclos de seis, cinco y una lunación, Salazar Gamboa registró los fenómenos ocurridos entre el 21 de agosto de 2017 y el 8 de abril de 2024 —es decir, un período de ocho años— y comprobó que hubo 18 eclipses, de los cuales 15 se dieron después de seis lunaciones, o 177 días; dos, luego de cinco lunaciones, o 148 días, y uno después de una lunación, o 30 días. Esto muestra cómo predominan los eclipses de seis lunaciones. La tendencia en un período amplio de tiempo como el registrado por los mayas da como resultado un 65% de eclipses tras seis lunaciones, 24% de cinco lunaciones y 11% de una lunación. Salazar Gamboa resalta que, aunque los mayas no lo dijeron verbalmente, está plasmado en el Códice Dresde cómo seguían el ciclo de saros. Puntualiza que el Códice Dresde se hizo en el siglo X a XI, por lo que tiene mil años.

Eddie Salazar considera que hay un 90% de probabilidades de que los mayas sí supieran pronosticar los eclipses y no solo registrarlos.— IRIS CEBALLOS ALVARADO

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