Con gran alegría, decenas de feligreses participaron la tarde y noche de ayer en el arrullo del Divino Niño que se llevó al cabo en la parroquia de San Juan Pablo II, también conocida como la Casa del Niño Jesús.
La actividad, en la que hubo cantos y bailables, estuvo presidida por el padre párroco Álvaro Carrillo Lugo, quien destacó que desde el pesebre de Navidad nació una esperanza.
La ceremonia dio inicio con la llegada de la imagen del Niño Dios en brazos de sus padrinos a la iglesia, seguidos por varias personas, algunas vestidas de ángeles y pastores. La procesión fue recibida con globos y canciones festivas.
“Ésta es la Navidad de nuestro Señor Jesucristo, por eso adoremos al Salvador, él es Emanuel, el Dios con nosotros”, afirmó el sacerdote, tras lo cual los padrinos trasladaron la figura del Niño al centro del altar.
Mensaje
En su mensaje inicial, el padre Carrillo Lugo dijo que, millones de años después de que Dios creó el cielo y la tierra, en la 194a. olimpiada de la Antigua Grecia, en el año 752 de la fundación de Roma, nació en Belén de Judá, en un pesebre, Jesús, hijo del Padre Eterno.
También resaltó que el Niño Dios nació en un pesebre para recordar su presencia entre los pobres.
“Navidad es el signo de un Dios que se hace pobre para llamar al Reino. Alégrense pastores, campesinos, obreros, empleados de todos los tiempos. Cantemos con alegría, unamos voces, manos, espíritu. Vamos a ver al Dios vivo, festejemos su nacimiento”, invitó el sacerdote.
La ceremonia continuó con la lectura del Evangelio y posteriormente se presentaron piñatas, pasteles, dulces y globos como ofrendas al Niño Jesús, mientras los feligreses entonaban la canción: “Hay fiesta esta noche, hay fiesta en Belén”.
Luego de las ofrendas, el padre Carrillo Lugo señaló que la Navidad se celebra en todo el mundo.
“Es una época de alegría y felicidad. Los trabajos entran en pausa, hay celebraciones en familia y con los amigos más cercanos”.
Agregó que hay que entender siempre que la Navidad es la promesa del nacimiento del Salvador en el portal de Belén.
“Esta Navidad, dejemos que el Niño de Belén llegue a nuestro corazón y traiga la paz y la buena voluntad a nuestras vidas”, subrayó el padre párroco.
Arrullo
Tras los mensajes y las canciones, los sacerdotes, los padrinos y los demás fieles pasaron a arrullar al Niño Dios, que luego fue colocado en el altar.— IVÁN CANUL EK
