Cientos de feligreses acudieron a expresar su devoción a la Virgen de Guadalupe, en la tradicional Misa del Yucateco que se celebró ayer en la Basílica de Guadalupe, en Ciudad de México.
El arzobispo de Yucatán, monseñor Gustavo Rodríguez Vega, presidió la misa, que concelebraron el arzobispo emérito Emilio Carlos Berlie Belaunzarán y los obispos auxiliares Pedro Mena Díaz y Mario Medina Balam. También los acompañaron integrantes del presbiterio yucateco.
Monseñor Gustavo Rodríguez asperjó con agua bendita a los peregrinos que acudieron a la Misa del Yucateco mientras éstos iban ingresando a la Basílica.
Se pudo ver a personas con las prendas tradicionales de la región, como el hipil, el terno y la guayabera.
Integrantes de la comunidad religiosa de Basílica se encargaron de dar la bienvenida a los peregrinos y desearles que la gracia de la Virgen María los acompañara en esos momentos y hasta regresar a su tierra.
Como símbolo de cariño al pueblo yucateco entregaron un libro que habla sobre los presentes que le han entregado a la “Reina”.
Al comienzo de la misa, monseñor Gustavo Rodríguez externó que todos llevaban muchas intenciones: familiares, diocesanas y “encomiendas que nos han hecho para traer ante la Virgen”, y a éstas añadió dos al pedir por el eterno descanso del alma del obispo emérito de Cancún, monseñor Jorge Bernal Vargas, quien falleció el martes, y por monseñor Fermín Sosa Rodríguez, sacerdote originario de Izamal, quien es nuncio de Nueva Guinea e Islas Salomón y quien iba a concelebrar con ellos para festejar sus 25 años como sacerdote (justo un día como ayer fue ordenado en la Basílica de Guadalupe).
Sin embargo, no pudo asistir porque su madre enfermó; “hoy no nos acompaña, pero nos unimos a su intención de acción de gracias y pedimos por la salud de su mamá”.
Durante la misa, la primera lectura se realizó en lengua maya y el Arzobispo de Yucatán, también pronunció palabras en maya al comienzo de la homilía.
—Bendito Dios que nos ha permitido llegar una vez más como Arquidiócesis a los pies de la Virgen, la madre del verdadero Dios por quien se vive, tal como le dijo a San Juan Diego, y madre nuestra, como le dijo Cristo en el Calvario.
Recordó que se ha iniciado el novenario hacia los 500 años de las apariciones de Nuestra Señora de Guadalupe y los obispos de México “somos conscientes que no hemos terminado de construir la casita sagrada que solicitó nuestra Madre para mostrar todo el amor a sus hijos, desde la primera ermita construida aquí en el Tepeyac, hasta esta grandiosa Basílica en la que nos encontramos. Hemos querido cumplir con el encargo de Nuestra Señora, pero aún no hemos terminado de construirla porque esta casita debe abarcar desde el Tepeyac hasta todo México, en el sentido que debemos convertir a nuestra nación en un lugar donde habite la paz, la justicia, el amor y la verdad, un lugar donde habitan los que se comportan como hijos de Dios e hijos de la Santísima Virgen de Guadalupe.
—Más aún, podemos cuestionarnos si como Iglesia somos esa casita construida con dinámicas sociales y alternativas económicas humanizadoras, ajenas al sistema liberal de corrupción y explotación de los más empobrecidos.
—Fuera de México muchos se sorprenden y preguntan cómo es posible que en México, con un pueblo tan religioso y teniendo a la Virgen de Guadalupe, exista tanta violencia, inseguridad, corrupción, tanta injusticia. Tenemos una enorme tarea evangelizadora para purificar la piedad popular, de tal forma que los que realizan manifestaciones de piedad se acerquen al mismo tiempo a la vida sacramental y sobre todo que logren unir la fe con la vida.
—Mucho más valioso y auténtico que dirigir un gremio o pertenecer a él, y mucho más que participar como antorchista en las fiestas patronales es acercarse a la confesión y comunión frecuentes, lo mismo que la participación en la misa dominical y aún entre semana, nada se compara con la vida de la gracia, el rezo devoto del santo rosario, lo mismo que todas las oraciones dirigidas a María deben conducirnos a la práctica sacramental y llevar nuestra fe a las acciones de la vida diaria en cualquier lugar donde estemos.
El prelado manifestó que, además de todas las peticiones que quisieron poner en este día en las manos de María, también “queremos poner en sus manos nuestra gratitud al Señor por todas sus bendiciones y como Iglesia agradecemos en particular que desde abril nos haya bendecido con un nuevo sucesor de los apóstoles, en la persona de nuestro hermano Mario Medina”.
—También queremos dejar en el corazón de nuestra madre de Guadalupe nuestra gran necesidad de vocaciones de sacerdotes, de diáconos permanentes de religiosas y religiosos, que María presente esta gran necesidad ante su hijo, pero también que interceda por todos los jóvenes de la Iglesia para que se acerquen más y más a Nuestro Señor.
—Hoy encomendamos a todos nuestros hermanos yucatecos que han emigrado en busca de una mayor seguridad económica y les agradecemos a todos ellos los grandes sacrificios que hacen para enviar la mayor parte de sus salarios a sus familias tan necesitadas de sustento.
Monseñor Rodríguez Vega hizo referencia a la migración al expresar: “En Yucatán nunca nos habíamos preocupado por el fenómeno de la migración, que pasa por tantos lugares de México, pero recientemente se ha descubierto una nueva ruta que atraviesa por nuestro Estado”.
—Debemos pues estar atentos a Cristo que pasa, y un día nos dijo: “fui forastero y me recibieron”. María fue migrante junto con José y su hijo, de Belén a Egipto, en una experiencia que se extendió por cuatro años.
—Nos sentimos orgullosos y felices de la paz que se vive en Yucatán, pero la verdad es que esta realidad está atrayendo a muchos hermanos de otros lugares a vivir entre nosotros, lo cual significa un gran reto en varios sentidos, entre otros el cuidado de nuestra casa común y la conservación de la paz.
—Tenemos que curarnos en salud para fortalecer el tejido social, tal como ya se está haciendo en algunos sectores de la Arquidiócesis; además, tenemos que trabajar para que haya paz al interior de cada la familia, sabemos que existe mucha violencia intrafamiliar, tantas veces provocada por el abuso del alcohol.
Por ello, pidió a “María reina de las familias y de la paz ruega por la paz en las familias y para que se conserve la paz en Yucatán y en todo el territorio mexicano vuelva la paz”.
—La devoción a Santa María de Guadalupe va creciendo cada día en el mundo entero, y son muchos los que desean venir a nuestra Patria para acercarse a este rincón sagrado. La Guadalupana no es propiedad exclusiva de los mexicanos, y ya desde 1910 el papa San Pío X la llamó Patrona de América Latina, y en 1945 el papa Pío XII la declaró Emperatriz de las Américas. Ahora ella es venerada en lugares tan universales como son la Catedral de Notre-Dame en Francia, la Basílica de San Pedro en Roma y la Basílica de la Anunciación en Nazaret. Pero cada hijo de María en este suelo mexicano ha de sentirse responsable de cuidar cada capilla, santuario y basílica de Nuestra Señora y, más aún, se ha de esforzar en su manera de vivir por ser un digno hijo de Santa María de Guadalupe.
Para finalizar la homilía, el Arzobispo pidió vivas a Cristo Rey y la Virgen de Guadalupe, que fueron coreados por los cientos de presentes.— IRIS CEBALLOS ALVARADO
