CIUDAD DE MÉXICO (El Universal).— Poco antes de las 7 p.m., entre un largo y cálido aplauso, el cuerpo de Ignacio Solares arribó anteayer a la capilla de la funeraria Gayosso. Ahí lo esperaban sus seres queridos y amigos y una mesa con algunas de sus obras.

El escritor, editor, dramaturgo y periodista, que falleció el jueves pasado a los 78 años, fue despedido por decenas de amigos que no dejan de lamentar su partida.

Sobre su féretro colocaron el birrete de Doctor Honoris Causa. Desde temprano los arreglos florales no dejaron de llegar, algunos enviados por amigos y otros por instituciones como el Inbal, el Centro Universitario de Teatro y la UNAM.

Al lado del féretro se colocó una mesa con las obras que dieron a Solares su lugar en la historia de la literatura mexicana. Destacaban “La noche de Ángeles”, “Madero, el otro”, “La invasión” y “El juramento”. Varias ediciones de la obra “Delirium tremends”, sobre las secuelas del alcoholismo, también estaban en la mesa.

El ambiente reinante fue de tristeza y melancolía, pero también de recuerdos al autor de una amplia obra que le mereció reconocimientos como el Premio Xavier Villaurrutia y el Nacional de Ciencias y Artes.

 

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