El origen de la palabra huach, que no es peyorativa, y del albo traje regional; por qué hay techos para la nieve en Mérida, y un poema de un autor poco conocido, el sacerdote jesuita Luis Carlos Flores Mateos, fueron parte de la velada titulada “Mérida, historia y poesía”, que incluyó fragmentos de poemas dedicados a Mérida del citado sacerdote, del vate López Méndez y de Mediz Bolio, entre otros.
La periodista e investigadora Teté Mézquita Méndez y los cronistas Jorge Álvarez Rendón y Gonzalo Navarrete Muñoz bordaron una velada de antología en el Centro Cultural Olimpo, y nos sorprendieron con datos poco conocidos de Mérida, en el marco del 482o. aniversario de fundación de la ciudad.
“Durante la Colonia la ciudad se fue dividiendo por castas, el Sagrario y la Catedral fueron para españoles y blancos; el Dulcísimo Nombre de Jesús, que ya desapareció, que estaba frente a Bellas Artes de la calle 59 del Centro, fue para negros y pardos; Santa Lucía también fue un barrio de negros, y ahí estaba el cementerio de la ciudad”…
“Santiago era para indios de barrio o sirvientes de españoles; San Cristóbal fue el primer barrio donde Montejo puso a los indios náhuatl que vinieron con él, ya desde entonces se les decía a los del altiplano ‘hualpach’, que quiere decir ‘espalda alta, esa voz derivó en ‘huaches’, que hoy son de Villahermosa en adelante”, comentó Navarrete Muñoz.
“Nunca ha sido una expresión ofensiva, pero se les hizo creer a los mayas que los hualpach servían al demonio y ahora servían a Dios, lo mismo pasó en San Sebastián, donde se apareció la Virgen, fue una forma de evangelización”.
Mejorada —continuó el cronista— era para los indios que venían al mercado, de los pueblos, ahí se puso la estación central y subsiste un bello mercado, el del Chembech, un resabio.
Otros barrios fueron la ermita de Santa Isabel, San Sebastián, Santa Catarina, “donde cayó una plaga terrible, hasta el templo destruyeron. En 1906 se restituyó esa zona”.
Gonzalo Navarrete dijo que tuvimos una obsesión por destruir la Colonia, pues solo quedan 50 edificios coloniales en contraste con 250 de la Bella Época. Los grandes conjuntos que se hicieron en la Colonia fueron el hospital de San Juan de Dios; la capilla de Nuestra Señora del Rosario, el templo más antiguo de la ciudad; Monjas, que era un fraccionamiento y las monjas vivían en casas, no en un claustro, y San Benito, que “se lo agandallaron” los franciscanos.
El cronista también mencionó que en los años 80 (del siglo XIX) vino un ordenamiento para que los indígenas no usaran dibujos en la ropa, ése fue el origen del albo traje regional.
“La ciudad se transformó, se hicieron construcciones con materiales nuevos, de hierro, cristal, frontones abiertos y cerrados, techumbres como las del Palacio Cantón, hechas para lugares donde cae nieve, para que resbale y caiga”.
“Quiero saber cuándo va a caer nieve en Yucatán, ni con el cambio climático va a caer, ¡por Dios!”.
El antiguo edificio de Correos y El Pinar tienen esos tipos de techos, entre otros.
El Paseo de Montejo y Reforma fueron las dos grandes avenidas de Mérida, una de los conservadores, con Francisco Cantón al frente, y otra de los liberales.
“Tenían sus clubes y ¡se armaba cada pleito!”.
La ciudad —continuó Navarrete Muñoz— tuvo los mismos límites desde los tiempo de la Colonia, y así siguió mucho después.
“Las calles se nombraban por apellidos, menos de Héroes, o por las esquinas (del Pavo, del Chivo). La esquina de (la ex discoteca) Kalia se ha propuesto desde hace mucho, el nombre lo pone el pueblo, pero no se les da la gana ponerle así”.
“En la Bella Época empiezan a nacer las colonias: Chuminópolis, San Cosme, una engendra a la otra, pero hay colonias huérfanas”.
Genealogías
“En la Bella Época se crearon las genealogías de las colonias de la Mérida que son nueve, vinculadas a un barrio colonial. El corazón de la ciudad está entre dos barrios: Mejorada y San Cristóbal”.
Entre los apuntes históricos de Navarrete Muñoz, Teté Mézquita y Álvarez Rendón recitaron poemas como “Paseo de Montejo” de Gonzalo Navarrete, “Siempre” de Fernando Espejo, “Brindis por Mérida” de Roldán Peniche Barrera, y otros del jesuita Luis Carlos Flores, Rosario Sansores Pren y Antonio Mediz Bolio, que deleitaron a la audiencia.— Patricia Garma Montes de Oca
