El transhumanismo ha sido definido como “el movimiento intelectual y cultural que afirma fundamentalmente la posibilidad y la conveniencia de mejorar la condición humana mediante la razón aplicada, especialmente mediante el desarrollo y la puesta a disposición de tecnologías para eliminar el envejecimiento y mejorar en gran medida la capacidad intelectual, física y psicológica”.
De este modo, Nick Bostrom, director del Instituto para el Futuro de la Humanidad de la Universidad de Oxford, y uno de los mayores teóricos de esta corriente, afirma que el transhumanismo, ahora denominado Humanity +, representa una nueva concepción del futuro del hombre, concepción que reúne científicos y expertos procedentes de distintos sectores del saber: inteligencia artificial, neurología, nanotecnología, y otros investigadores en biotecnología aplicada, junto con filósofos y hombres de cultura, todos ellos con el mismo fin: cambiar, mejorar la naturaleza humana y prolongar su existencia hasta, incluso, eliminar su condición mortal.
Puntos de vista
Cuando hablamos de transhumanismo estamos ante autores que comparten, al menos en su gran mayoría o los más relevantes, un materialismo o naturalismo, un reduccionismo biologicista de nuevo cuño y un funcionalismo neurobiológico. Es decir, la reducción de lo humano a su dimensión biofísica. Por otro lado, estamos ante autores que niegan la finitud del ser humano, sus límites corporales y vulnerabilidad, incluso su mortalidad.
Esto, por supuesto que conlleva un dilema ético, pues nuevamente la ciencia quiere sobrepasar sus límites razonables y quiere disponer del ser humano como árbitro de sus propias decisiones.
Para la mayoría de los transhumanistas, es persona aquel sujeto que piensa y decide, es decir, tienen una visión funcionalista de la persona, comprendida en base al ejercicio de sus funciones, no tanto al ser que es independientemente de si piensa o decide.
En la teoría transhumanista se produce una eliminación de la realidad personal en su plenitud e integridad, la persona se reduce exclusivamente a su dimensión biofísica y al ejercicio de sus funciones superiores (razón y capacidad de decidir). De este modo, para el transhumanismo es persona solo quien, aquí y ahora, es capaz de razonar, y no es persona, en cambio, quien no está en condición de razonar, como son: los fetos, los embriones, los discapacitados privados del uso de razón, las personas en estado vegetativo persistente o en coma. Todavía queda mucho por debatir y reflexionar sobre este interesante tema.— , coordinador diocesano de la Pastoral de la Vida
