PARÍS (EFE).— Dior acaparó la atención ayer en la capital del Sena, en la primera jornada de desfiles de Alta Costura primavera-verano 2024, en la que se presentarán, a lo largo de cuatro días, las colecciones de una treintena de firmas de moda.
Dos mujeres, la directora creativa de las líneas femeninas de Dior, Maria Grazia Chiuri, y la artista Isabella Ducrot, con el decorado, unieron sus fuerzas para sumergir al público en un universo de gran aura, o “Big Aura”, como tiene por nombre la colección.
Compuesta de 59 conjuntos, alrededor de la mitad de la colección tuvo como punto de partida el icónico vestido “La Cigale”, creado en 1952 por el propio Christian Dior y continuador del celebrado “New Look”, el estilo que hizo famosa a la firma en todo el mundo.
En esta ocasión, Chiuri puso en pie una colección que pretende plasmar parte del espíritu de “La Cigale”, aunque desde el prisma actual, en lo que significa una auténtica oda al volumen.
Abrió el pase una serie de propuestas en color camel. También se vieron grises (tan adorados por Christian Dior), negros y blancos. El color vivo fue prácticamente inexistente, en una cita en la que no faltaron dos propuestas de lunares.
Además de los vestidos, la “maison” se decanta por abrigos, capas, pantalones y faldas, entre otras prendas, algunas de las cuales se perciben superpuestas.
En el terreno de los accesorios, las perlas son las protagonistas, tanto en los pendientes como en alguna gargantilla. En definitiva, un refinado Dior, muy de hoy y atemporal al mismo tiempo, con creaciones que se hacen realidad gracias a las “petites mains”, o manitas, esos artesanos que elaboran cada pieza de Alta Costura.
Terciopelo y organza se unen a plumas y bordados, entre otros materiales, lo que da un resultado de excepción. El Museo Rodin fue de nuevo el espacio del desfile de Dior. Concretamente, el interior de una gran instalación efímera con paredes “tapizadas” de la obra de la artista Isabella Ducrot, que reproducían gigantescas túnicas de colores, algunas de ellas inspiradas en el universo egipcio.
Schiaparelli fue la encargada de inaugurar la semana de la Alta Costura con una colección para la que su director creativo, el texano Daniel Roseberry, se inspiró en la astrología.
Aparte de homenajear aquella obsesión de la creadora de la marca, Elsa Schiaparelli, la firma “es un estudio de las contradicciones: del legado y de la vanguardia, de lo bello y lo provocativo, de lo terrenal y de lo enviado por el cielo”, en palabras de quien lleva las riendas del diseño.
Bautizada como “Schiaparalien”, contracción de Schiaparelli y de alien, fueron 32 looks los que desfilaron en el Petit Palais, junto a los Campos Elíseos.
Modelos de impacto, no aptos para amantes de la discreción y que son el fruto de combinaciones que en otra firma hubieran resultado imposibles. Como ejemplo más patente, un vestido de microchip con incrustaciones de microfichas, CD y teléfonos celulares creados antes de la era del iPhone.
Roseberry une también en su colección sus propias referencias de su Texas natal: el pañuelo, los lazos de doma y las hebillas del cinturón vaquero. El ojo de la cerradura o la cinta métrica, dos de los códigos en las propuestas históricas de la “Schiap”, también figuran en la colección.
Famosas como Jennifer Lopez y Zendaya destacaron entre las invitadas especiales.
La fundadora de la “maison”, la italiana Elsa Schiaparelli (1890-1973), fue conocida como la surrealista de la moda.
Rival de Gabrielle Chanel, quien la detestaba por su éxito, sería la primera en colaborar con un artista, caso de Salvador Dalí, quien le diseñó en los años 30 del pasado siglo propuestas míticas como el vestido Langosta o el sombrero-zapato, entre otros.
Los desfiles de Alta Costura parisinos se prolongarán hasta pasado mañana jueves.
De un vistazo
Schiaparelli se vuelve astral
Bautizada como “Schiaparalien”, contracción de Schiaparelli y de “alien”, la colección que la firma de moda presentó ayer en el Petit Palais consta de 32 looks.
Lo moderno
Fueron modelos de impacto, como ejemplo más patente un vestido de microchip con incrustaciones de microfichas, CD y teléfonos celulares creados antes de la era del iPhone.










