La mejor forma que se puede conseguir en publicidad, en mi opinión, es credibilidad, y nada es más creíble que el propio producto. Leo Burnett.

Como parte de las llamadas técnicas y estrategias para promover e incrementar visitas a los espacios artísticos y de las empresas culturales, en específico los museos, se encuentra el marketing cultural, herramienta muy útil que fusiona la promoción y la difusión cultural, y que se basa en investigar el mercado o público detectando las necesidades y publicitar los productos culturales y los servicios que ofrece cada espacio. El término en inglés marketing, que significa mercadeo o mercadotecnia, hace referencia a la acción de compra y venta, aunque comprende múltiples procesos, además de las acciones de comprar y vender en sí mismas, como lo es en específico el consumo cultural y artístico, enfocándose en conocer a los posibles consumidores o clientes de atención, o sea, el público al cual le interesa el tema para ofrecerles lo que necesitan y desean ver o que esperan recibir como una contraprestación a su visita o estancia. Por lo cual el marketing cultural podríamos decir que se trata del proceso de gestión o un conjunto de acciones que llevan a cabo las organizaciones culturales con el fin de intercambiar con la sociedad el valor del arte y de la cultura mediante campañas publicitarias. Esta estrategia puede ser también dirigida a la recaudación de fondos, como a la atracción de diferentes públicos, lograr cambiar la imagen de una ciudad no solo para sus propios habitantes, sino dirigida al turismo como un sinónimo de cultura y vanguardia.

El enfoque de esas técnicas debe considerar algunos de los siguientes aspectos: originalidad, creatividad, significado, simbolismo (iconicidad), valor estético, narrativa, diversidad y multiculturalidad, así como emplear el uso de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC) para darle una mayor cobertura o difusión a los proyectos propuestos por las organizaciones o instituciones de carácter propiamente culturales.

Puede ser dirigido a todas aquellas actividades relacionadas con el arte y la cultura, desde la promoción del patrimonio urbano y artístico, la presentación de un libro, una exposición, la organización de una feria de arte o de un festival, o la diversidad e importancia de sus creadores o artistas, en cuyo caso su éxito depende del proceso creativo e intelectual del lugar o evento como referencia, ya que la intención es la de trasmitir determinadas ideas o símbolos al espectador o visitante, posicionándolos como una marca cultural.

Los fines no siempre son económicos por el cobro de una prestación en específico para la rentabilidad de servicios o la búsqueda de patrocinios, sino que pueden estar relacionados con el objeto de generar interés hacia el arte y la cultura en la población, cambiando la percepción y sensibilizando a las organizaciones o las personas ajenas al mundo artístico-cultural, proporcionar bienestar y desconexión (el ocio, del latín otium, actividad del individuo que se dedica al estudio, las letras y las artes), así como invitar a la reflexión y crear una identidad o sentido de pertenencia del individuo hacia la ciudad; para éste último, es importante realizar estudios sobre el patrimonio, su legado y los lugares que se vinculan.

Por otra parte, el marketing cultural busca conservar a los actuales clientes o visitantes mantenerlos satisfechos, además de captar a nuevos y potenciales públicos. Para eso, siempre está buscando ofrecer un valor diferencial. Por lo cual podríamos decir que su objetivo es acercar el arte y la cultura a las personas, rompiendo los obstáculos que pueden existir entre estas manifestaciones culturales y la sociedad, así como mantenerlos informados. A través de esta disciplina, las organizaciones culturales, como lo son los museos, pueden construir una identidad sólida dada su credibilidad, transmitiendo valores y emociones únicas a sus audiencias.

Curador

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