Quejas contra Vasco Núñez de Balboa llegan a la corte, “hasta calar el ánimo real”. El rey ordenó que “al dicho Vasco Núñez enviadle preso a nuestra corte”, dice Ángel Rubio en “La ruta de Balboa”… Y es que Martín Fernández de Enciso, el dirigente de aquella expedición en que Balboa viajó de contrabando, tras su expulsión del Nuevo Mundo y retorno a España, difundió en la corte una mala fama del jerezano.

Pasamonte, antiguo amigo de Balboa, se resolvió en intrigas contra él, y a ello se sumó la extraña desaparición de Nicuesa. El envío, desde España, de una organizada e imponente Armada, además de llevar la orden de enjuiciar a Balboa, buscó instaurar en Tierra Firme, para entonces llamada Castilla del Oro, un sucedáneo de la Casa de Contratación de Sevilla. El gobernador designado para sustituir a Balboa fue Pedrarias Dávila, de prestigiosa carrera militar.

Fueron 22 barcos, con casi dos mil hombres, los que formaron la Armada del Darién que partió a principios de 1514 a Castilla del Oro. Pedrarias le abrió juicio de residencia al descubridor, “incautándole casa y hacienda a cuenta de los agravios a Nicuesa y Enciso”.

No obstante, al enterarse del descubrimiento del Pacífico que llevó al cabo Balboa, el rey Fernando el Católico cambió de parecer, y dio órdenes de que a él y a los suyos se les gratificara. Y aunque en su momento Pedrarias intercedió por Balboa, la nueva orden real parecía beneficiar al jerezano más de lo que Dávila podría tolerar: ambos enviaron cartas al rey en las que se acusaban de crueldad y otros señalamientos.

Las diferencias fueron, aparentemente, zanjadas al contraer matrimonio Balboa con la hija de Pedrarias aunque, “por debajo de cuerda”, Dávila solicitaba a España otro juicio de residencia contra su yerno.

Muerto Fernando el Católico en 1516, Carlos I nombró como gobernador de Castilla del Oro, en sustitución de Pedrarias, a Lope de Sosa, noticia que causó alarma en Dávila, pues temía un juicio de residencia. Balboa, que entonces organizaba la gobernación en Acla, se enteró de la inminente destitución de su suegro. Bajo un ánimo que Rubio consideró de “toda ingenuidad”, Balboa pensó que la destitución de su suegro acabaría con su estable suerte, y quiso enviar un emisario a La Antigua, para cerciorarse si el nuevo gobernador había llegado. Pero un soldado que escuchó el plan lo consideró una conspiración contra Pedrarias, que fue avisado de inmediato.

Pedrarias marchó a Acla y mandó llamar a Balboa quien, con “la conciencia tranquila y la mayor ingenuidad”, regresó y fue puesto preso. Tras los cargos conocidos además de otros varios, Pedrarias le dijo a su yerno: “pues os queréis rebelar contra la Corona de Castilla, no es razón trataros como a hijo sino como a enemigo”. En enero de 1519 se cumplió la sentencia contra Balboa y sus seguidores. Vasco Núñez “rezó, se hincó y su cabeza la segaron varios hachazos del verdugo”.

Dice Germán Arciniegas, en “Biografía del Caribe2, que Pedrarias, luego de ver la cabeza de Balboa rodar “como un coco”, se apresuró a tomar posesión del Océano Pacífico, el mismo que el jerezano había descubierto en 1513. Como si morir fuera suficiente para caer en el olvido de la Historia. El descubrimiento que a Balboa, de final trágico, dio ilustre memoria, abrió el camino a más exploraciones, y fue una ruta eje en el comercio entre Asia y una Europa que gradualmente abandonaba los lugares fantásticos y legendarios de la terra incógnita para dar paso a un conocimiento directo, y ya no imaginado, del mundo físico, de sus tierras y mares.

Poeta y ensayista.

Noticias de Mérida, Yucatán, México y el Mundo, además de análisis y artículos editoriales, publicados en la edición impresa de Diario de Yucatán