“Todos te andan buscando”

Es posible que, una vez en casa, san Pedro se excusara de las deficiencias del servicio haciendo notar a Jesús que su suegra se hallaba enferma.

La curación ocurrió súbitamente y la mujer se puso a servir a los invitados, algo raro en una casa palestina donde el que servía era el varón, el jefe de la familia. La noticia de las dos primeras curaciones de Jesús en Cafarnaum, la primera de ellas en la sinagoga y esta segunda en casa de san Pedro, llegó a todas partes. Acabado el descanso sabático con la puesta del Sol, aquel mismo sábado por la tarde se concentró ante la casa de san Pedro una multitud de enfermos que buscaban el remedio de sus males. Probablemente Jesús los curó a todos, ya que “muchos” significa con frecuencia en el texto original la especificación de “todos”.

Sensacionalismo

Jesús sabía que la gente estaba hambrienta de sensacionalismos y no tanto de la palabra de Dios. Y lo suyo era predicar el Evangelio. No venía al caso seguir haciendo milagros cuando no se suponía la fe y la acogida del Evangelio. Pues todo milagro debe ser el apoyo y la realización visible de la palabra de Dios que anuncia el advenimiento del Reino.

Así pues, en el centro del relato del Evangelio de hoy san Marcos expuso el misterio siempre extraordinario del sufrimiento humano: aquella mujer estaba obligada a guardar cama por la fiebre. Cristo se inclinó sobre aquel lecho, tomó la mano y levantó a la mujer. No pronunció una sola palabra, ni dijo ni siquiera una oración. Jesús curó con su acción directa, con su divinidad todavía no revelada a los ojos de los espectadores.

Y, después, la gran muchedumbre de enfermos que esperaban lo que solo Jesús podía hacer: delante de Jesús quedó el retrato de todo el dolor humano: “Le llevaron todos los enfermos… y los curó a todos”.

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