Llegaron a Mérida a principios de la década de 1960. Eran solo unos cuantos, se les veía en las cercanías del Paseo de Montejo y parques de la ciudad y resultaron una novedad en el paisaje y la gastronomía local. Eran los primeros carritos de hot dogs.

Sin techo, desprovistos de plancha, mantenían calientes los alimentos con un sistema a baño María y agua hirviendo a base de gas.

Uno de los carritos de hot dog que aún se pueden encontrar en calles de Mérida
Uno de los carritos de hot dog que aún se pueden encontrar en calles de Mérida

Eran muy pesados, pues además cargaban con bloques de hielo y rejas de refrescos. Se iluminaban con lámparas Coleman incandescentes a gas para hacerse notar por las noches.

Estaban decorados con coloridos dibujos que representaba el tentador platillo que se servía caliente y rápidamente.

Desaparecen los carritos de hot dogs en Mérida

Los primeros carritos de hot dogs llegaron para quedarse. Para la década de 1980 prácticamente en cada esquina del centro de la capital yucateca había uno.

Sin embargo, en los últimos años han ido desapareciendo, al grado que sólo unos cuantos prevalecen en los puntos donde se iniciaron, la mayoría fuera del primer cuadro y en las cercanías de parques, centros comerciales, hospitales, terminales de autobuses, preparatorias y universidades.

La pandemia de Covid-19 fue un golpe para estos negocios, muchos de los cuales gozaban de especial preferencia entre los consumidores por su sabor y complementos, pues a la mayonesa y a la salsa cátsup se sumaron aderezos como chipotle y queso cheddar.

Uno de los carritos de hot dog que aún se pueden encontrar en calles de Mérida
Otro de los carritos de hot dog que aún se pueden encontrar en calles de Mérida

Contra viento y marea, algunos carritos se han mantenido y ya no sólo venden perros calientes sino hamburguesas y sándwiches se incorporaron a su oferta.

Además, ahora las salchichas vienen en diversos tamaños y sabores (chile, queso, tocino…) e incluso las hay de pavo.

Principales consumidores de perros calientes

Usuarios de las redes sociales que vivieron la llegada y el auge de los primeros carritos de hot dogs en Mérida ubican el año de 1968 como el que marcaría la novedad, siendo los estudiantes de preparatoria y universidad su primeros clientes asiduos.

En el grupo de Facebook: Historia, relatos, cuentos de Yucatán, el usuario Alfonso Alberto González Fernández recuerda a un “perrero” en el parque de la Alemán, en 1967-1968.

“No sé si fue el primero, pero sí al que vi asombradamente. Recuerdo que costaban 1 peso”, escribió.

“Estaba en la esquina de la casa del padre Pech, atrás de la primaria ‘Juan Crisóstomo Cano y Cano’”, indica otro cibernauta.

Ganaba 10 centavos por perro caliente vendido

Otro usuario, José Ku, escribe: “Yo vendí perros calientes en la 60 con 65 en las puertas del Banco del Sureste, luego Banco Atlántico, frente al cine Aladino (hoy la tienda Del Sol), de 6 a 11 p.m. de martes a domingo”.

“Empleado de mi jefe Joaquín Fierro, yo ganaba 10 centavos por cada perro caliente vendido. El costo de $1 incluía pan, una salchicha al vapor, cebolla, tomate, mostaza, mayonesa y cátsup. La Coca Cola chica o Cristal, $0.50. Qué tiempos aquéllos, 1968”.

Julio Amer comenta: “Los dos primeros carritos de hot dogs que recuerdo estaban, uno, en la esquina del remate de Paseo Montejo, frente al restaurante Impala, junto a una gasolinera que ya desapareció y, el otro, en la esquina donde está actualmente la zapatería Tres Hermanos, en la 63 por 60, a finales de los años 60”.

Eran ambulantes los carritos de hot dogs en Mérida

El maestro Jorge H. Álvarez Rendón, cronista de la ciudad, recuerda la llegada de los carritos de hot dogs a principios de los años 60 por el parque de La Mejorada, cerca de donde vive.

En ese entonces los carritos no se paraban en un punto específico, sino que eran ambulantes; si alguien deseaba adquirir uno el “perrero” se orillaba a la banqueta y ahí despachaba.

“Los hot dogs ya eran conocidos en Mérida por aquellos años, de hecho el Impala los tenía en su menú; pero lo que vino a cambiar las cosas fue que podías acceder a uno por un precio más razonable, muy cerca de la casa o la escuela”, explica al Diario.

“Recuerdo con particular agrado a mi padre llegando a casa con una docena de hot dogs para la cena, eran muy sabrosos”.

Jorge H. Álvarez Rendón

Al cabo de un tiempo, los carros se comenzaron a instalar en puntos fijos, cerca de parques y espacios públicos concurridos, para ser ubicados fácilmente.

Para la década de 1980, prácticamente en todas las esquinas del centro de la ciudad había un carrito de hot dogs.

Uno de los carritos de hot dog que aún se pueden encontrar en calles de Mérida
Uno de los carritos de hot dog que aún se pueden encontrar en calles de Mérida

Las formas de preparación propiciaron modificaciones a las unidades a principios de los años 80: ya no solo contaban con compartimientos que se mantenían calientes con agua hirviendo y las salchichas dejaron de ser cocidas al agua y tener un solo tamaño, las había chicas y grandes y eran preparadas a la plancha, envueltas con tocino.

Baratos, buenos, novedosos, rápidos; era un antojo que muchos podían disfrutar”.

¿Por qué desaparecieron del Centro ?

Álvarez Rendón explica que eso se debió, primeramente, a la apertura de más y novedosos establecimientos en el Centro para comer.

“Pronto abrieron en el centro de la ciudad y otros puntos establecimientos que ofrecían pizzas, hamburguesas, pollo frito… Al haber más alternativas, la gente tenía de dónde escoger; pronto había demasiados carritos para la cantidad de personas que consumían hot dogs”, dice.

“Particularmente la llegada de las tiendas de conveniencia Oxxo trajo consigo los famosos Vikingos, hot dogs que las personas podían prepararse a su gusto en la tienda y llevarlos dentro de unas cajitas diseñadas especialmente para eso”.

“Un producto que se vendía prácticamente a cualquier hora del día, de buen sabor y precio razonable, sobre todo cuando se ofrecía en paquete con bebida o promociones”.

Los carritos de hot dogs famosos

Los tiempos cambiaron y los carritos se fueron del primer cuadro de la ciudad, muy pocos lograron aferrarse a su espacio.

Uno de los ejemplos más claros son los ubicados en Paseo de Montejo en la esquina de la calle 37, frente al monumento a Felipe Carrillo Puerto (El Kalimán, en la esquina oriente con alrededor de 50 años de tradición, y El Amigo Poot, en la esquina poniente, con poco más de 35 años de permanencia).

Éstos tienen años de estar ahí y siguen contando con una copiosa clientela, se apegaron a una fórmula de sabor y servicio tal que continúan vigentes.

El Kalimán era originalmente de Edilberto Balam Magaña, conocido como Kalimán por su marcada afición al héroe de la afamada historieta mexicana. Actualmente sus descendientes se hacen cargo del negocio y mantienen una fiel clientela.

Los platillos voladores, sándwiches dorados de jamón y queso con un toque de mantequilla y preparados a punto crujiente en una rústica sandwichera individual, tienen tanta demanda como los hot dogs.

Uno de los carritos de hot dog que aún se pueden encontrar en calles de Mérida
Otro de los carritos de hot dog que aún se pueden encontrar en calles de Mérida

Del otro lado está José “Chepo”, quien, aunque atiende el carrito de El Amigo Poot, no se apellida Poot, pues éste es el apellido del dueño de la unidad.

También ofrece hot dogs y platillos voladores con una alta demanda de clientela cautiva y turistas nacionales y extranjeros que llegan atraídos por la cantidad de personas que ven reunidas en la esquina.

Mención especial se merece Valencia’s, de Carlos Valencia, que desde 1980 ofrece hot dogs en carritos que andan por diversos rumbos de la ciudad.

Con una planeada logística, y echando mano de sistemas de telecomunicación, siempre tiene producto suficiente y de variedad para satisfacer la demanda.

También los carritos de la marca Fast Doggy en los parques de las colonias Itzimná y México siguen vigentes.

Principales ingredientes y tecnología

El pan utilizado es preferentemente de hogaza, elaborado por panificadoras locales. En sus inicios, aunque había pan de hot dog producido por la marca Trevi, no les resultaba a los “perreros” por cuestión de precio.

Los hot dogs y el teatro regional

En 1979, Héctor Herrera “Cholo” grabó para el sello discográfico Cisne, junto con Madeleine Lizama “Candita”, un acetato con el título “Los diálogos de Cholo”.

La producción era un compendio de pistas con los textos de algunas rutinas cómicas de sus diversas puestas en escena en las que abordaba, de manera ágil, aguda y divertida, los acontecimientos sociales, culturales, deportivos y políticos del momento.

Ese disco, que equivaldría en su momento a los populares casetes con los chistes de Polo Polo, tiene la particularidad de que en su lado B, cuarto “track”, hay un divertido diálogo entre “Cholo”, que atiende uno de los carritos de hot dogs recién llegados a Mérida, y “Candita”, quien era la primera vez que veía uno de ellos y no entendía qué era lo que vendía y por qué del nombre.

“Cholo” y “Candita”

Con paciencia, “Cholo” le explica a “Candita” que el hot dog es una comida “internacional” en boga, cuyo nombre en español es “perro caliente” y quienes los venden se llaman “hotdoqueros”. Sin haber entendido bien qué era un hot dog, “Candita” le pide a “Cholo” que le sirva uno para probar.

Hay la creencia de que los perros calientes preparados en los carritos callejeros saben más ricos que los caseros
Hay la creencia de que los perros calientes preparados en los carritos callejeros saben más ricos que los caseros

La sorpresa de la simpática mestiza pasa por la incredulidad, la desilusión y hasta el asco cuando mira el alimento que le acaban de servir.

Cuidadosamente, “Candita”, ante la mirada de “Cholo” —y vaya que la mirada de “Cholo” era expresiva—, va retirando del pan la salchicha, la cual tira a un costado del carrito y le dice: “Perdóname Cholo, dirás que soy muy pesada pero… ¡fo! Esa parte del perro que me diste a mí no me gusta”.

El Choco Pek, derivado “maya” del hot dog

Año 1984. Recién inaugurado el parque Kukulcán, casa de los Leones de Yucatán para los campeonatos de la Liga Mexicana de Béisbol, en tono a la novedad del inmueble se desarrolla un mercados de diversos giros, entre los cuales se cuentan los carritos de hot dogs.

Alcanzan auge al punto de que se llegó a tropicalizar el nombre del producto, pues en lugar de llamarlos “perros calientes” se les conoce como “Choco Pek”, palabras mayas que significan caliente y perro, respectivamente.

¿Por qué cambia el precio de los perros calientes?

El precio de un hot dog depende mucho de la materia prima con la que está hecho, el lugar donde se ofrece y el valor agregado que cada carrito le imprime a su producto, como pueden ser quesos, cremas y salsas.

Hoy día en algunas colonias de la periferia de Mérida se pueden conseguir desde los $12 hasta los $15, en promedio rondan entre los $25 y $30, pero hay algunos que por tamaño llegan a costar $50.

Hay la creencia de que los perros calientes preparados en los carritos callejeros saben más ricos que los caseros
Hay la creencia de que los perros calientes preparados en los carritos callejeros saben más ricos que los caseros

Hot dogs, únicos en sabor y preparación

Varios factores contribuyen a que, a diferencia de lo que ocurría años atrás, ahora se ven menos carritos de hot dogs en Mérida.

Estas unidades siguieron su propia evolución, como cuando las lámparas Coleman incandescentes de gas que solían iluminarlas cayeron en desuso y su lugar lo ocuparon barras fluorescentes (ya se podían conectar a una toma de corriente), que a su vez fueron reemplazadas por lámparas ahorradoras y, finalmente, luces LED.

La música emitida por un dispositivo digital y bocina, generalmente de reguetón, es un valor agregado.

Creencias relacionadas con los hot dogs en Mérida

A continuación, algunas creencias relacionadas con los hot dogs de venta en puestos callejeros:

  1. “Hagas lo que hagas, los hot dogs hechos en casa nunca te van a quedar tan ricos como los de la calle”.
    Cierto: Por alguna incomprensible razón, nunca logran el peculiar sabor callejero.
  1. “La cátsup que complementa el hot dog está rebajada con refresco de naranja”. Parcialmente cierto: A finales de la década de 1970, la famosa Orange Crush obraba el milagro haciendo rendidora, ligera y más rica la salsa de tomate. Con los años, la bebida desapareció del mercado, pero para entonces ya habían surgido marcas de cátsup más claras, ligeras y rendidoras.
  2. “La cátsup y la mayonesa casi nunca son de marcas comercialmente conocidas”. Cierto: En la mayoría de los carritos no se utilizan ingredientes de marcas conocidas, lo cual no demerita ni su calidad ni su sabor.
  3. “Si utilizan pan de hogaza de panificadora deben ser más ricos y suaves que el pan de marca”.
    Parcialmente cierto: La gran mayoría de los carritos que por años se han mantenido en el mercado utilizan pan de hogaza solicitado exprofeso a las panificadoras con especificaciones de tamaño y otras características (algunos llevan ajonjolí).
    El resultado es un pan suave, esponjoso y consistente que no se desfonda al colocar la salchicha y los complementos.

    Sin embargo, el uso de “medias noches” es recurrente en la elaboración de los “Vikingos” de una cadena de tiendas de conveniencia, así como en algunos carritos y puestos en colonias populares que ofrecen hot dogs a precios muy accesibles.
  1. “Es increíble lo bien que quedan a pesar de usar la salchicha más barata”. Inexplicablemente, cierto: En el mercado local existen numerosas marcas de salchichas y diversos proveedores, lo cual permite a los “perreros” seleccionar aquéllas con las que obtienen el sabor que les distingue en una sana proporción de costo-beneficio.

Emanuel Rincón Becerra, reportero de la Agencia Informativa Megamedia (AIM). Es licenciado en Ciencias de la Comunicación con 32 años de trayectoria en periodismo; ingresó a Grupo Megamedia en 1994. Se especializa en turismo, arqueología, vida empresarial, historia, arte, cultura y fotografía.